Prestar al Estado es más rentable que producir

Notas de Opinión 01 de julio Por
De cada 5 dólares que entran solo uno va al sector productivo.
DOLARES. Vienen para la bicicleta financiera. FOTO ARCHIVO
DOLARES. Vienen para la bicicleta financiera. FOTO ARCHIVO

Al asumir la presidencia, Mauricio Macri derribó los muros cambiarios -y algunos de los económicos- levantados durante el kirchnerismo alrededor de Argentina y pagó la deuda con los fondos buitre, el precio exigido por los mercados internacionales para volver a conectar el país al grifo del crédito externo. Desde entonces, por las cañerías no han cesado de llegar millones de dólares, hasta inundar el país. Pero pocos de los billetes verdes traídos por los extranjeros van a la economía productiva, esencial para generar nuevos puestos de trabajo y crecimiento, sino que se desvían hacia el gran negocio de prestar dinero al Estado y obtener a cambio rendimientos fabulosos.
La Argentina ofreció un interés anual del 7,9% en dólares en su bono a cien años  -frente a tasas de entre el 3% y el 5% en otros países de la región y del 1% en Estados Unidos-, pero la estrella de la era macrista han sido las Letras del Banco Central (Lebac) en pesos, a una tasa anual del 26,25%. Combinadas con un dólar estable, que en algunos momentos del año pasado incluso se depreció frente al peso, permitieron obtener picos de rentabilidad de hasta el 50% en 2016. ¿Cómo? Con lo que los argentinos llaman "bicicleta financiera" y fuera, carry trade: se cambian dólares a pesos para comprar Lebac a 35 días y luego se vuelven a comprar dólares y se reinicia la rueda. Tormentas externas como el Brexit, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, el último escándalo político de Michel Temer en Brasil y la decisión de Morgan Stanley de mantener a la Argentina como un mercado de frontera en vez de ascenderlo a emergente han provocado ligeras turbulencias en la moneda local que han hecho que algunos ciclistas de Wall Street abandonen recientemente la pista, pero otros aún se mantienen en carrera.
De cada cinco billetes verdes que ingresaron los extranjeros a Argentina este año, cuatro fueron a parar al sector financiero y uno al productivo, según los balances cambiarios del Banco Central: 4.000 millones de dólares frente a 1.071 millones de dólares en los primeros cinco meses de 2017. Las altas tasas de interés que paga Argentina para bajar la inflación explican el festín especulativo; la desconfianza de los inversores extranjeros en la estabilidad argentina a largo plazo, justifican la sequía de inversiones productivas. La mezcla hace que muy pocos tomen el riesgo de invertir en la economía real cuando es más fácil y rápido ganar con la burbuja financiera. "Aquellos que ingresan al mercado financiero tienen alta liquidez y si las condiciones cambian, pueden salir rápidamente. El mercado real requiere apostar a largo plazo y para muchos inversores internacionales el panorama se mantiene incierto y más con la incertidumbre electoral", dice Federico Semeniuk, gerente de estrategias financieras de la consultora Ecolatina, en referencia a los comicios legislativos del 22 de octubre.
"Los países que pagan tasas similares ofrecen un contexto mucho más riesgoso", agrega. Léase Ucrania, Uzbekistán, Mongolia, Uganda e Irán, entre otros. Argentina cerró 2016 con una recesión del 2,3% (moderada ligeramente en el segundo semestre), pero este 2017 empieza a crecer con timidez: el PIB aumentó un 1,1% en el primer trimestre, el mejor dato desde la llegada de Macri. Es una cifra alentadora pero insuficiente, según Semeniuk, para vencer el recelo empresarial. "Hay muchos anuncios de inversiones, pero muy pocas en ejecución. Cuando uno habla con gerentes de empresas ya instaladas en Argentina pero de capital extranjero, ve que muchos están a la espera de lo que sucede con las elecciones", señala. Los empresarios parecen tener más miedo a un posible triunfo de la oposición que el propio macrismo, que festejó al enterarse de que el peronismo se presentaría dividido en al menos tres frentes.

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