Compañía Nacional de Autómatas “La Musaranga”*

La Palabra 24/06/2017 Por
por Alejandro Cantarella - cofundador y miembro actual de “La Musaranga” (Buenos Aires)
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1 / 3 - archivo La Musaranga

Por qué Compañía Nacional de Autómatas

Lo tomamos de unos viejos titiriteros de hace más de un siglo en México. Autómatas como todo muñeco construido, desde las marionetas hasta los que se manejan con las moneditas.

Qué significa el término “musaranga”

Es un término lunfardo que encontramos en un diccionario uruguayo y significa un gesto mudo y sobreentendido, como la seña del truco.

Las motivaciones para encontrarnos

A Pedro Hasperué lo conozco en un taller de pintura donde pintábamos cuadros, hacíamos escultura, enseguida hicimos amistad. Te tendría que hablar de un poquito más atrás, tanto de él como de otros. Entre centro de estudiantes, unidades básicas, iglesia evangélica, hubo un mismo sentir ya, con más de veinte años nosotros, entre la mayoría de los compañeros que comenzamos el primer grupo de La Musaranga. El trabajo en los barrios porteños, como en el Mitre, que está atrás del monstruo ese Dot que construyeron y que inunda el barrio actualmente, y el barrio San Roque que sería lo más central donde trabajaba Pedro y allí me acoplé con él en un taller de pintura, dibujo, un teatrito de armar muñecos con cosas, cartones, objetos. De ahí sale un poco la estética de la compañía también, porque conformado el grupo que fue por intereses que se juntaban y donde ninguno venía de una cosa artística pura, mezclado lo de teatro con la pintura, el grabado, la escultura, la radio donde pasábamos tango o Feliciano Brunelli.

Integrantes del grupo con formación académica o autodidactas

Las dos cosas juntas. Estudiantes de comunicación, sociología, bibliotecología, fotografía. Y mucho laburo manual: herrero, plomero, albañil. Esos oficios junto con lo artístico, nunca lo separamos eso, un poco como una idea común, que la sintetizamos en el peronismo que vivieron nuestros viejos y nuestros abuelos, digamos como para tener una mirada, una referencia histórica sería eso. También la música de la época. Pero fue volver, es una mezcla de ir a los orígenes, y si vamos más atrás hasta los tatarabuelos nuestros. El tío abuelo de Pedro estuvo en Forja. En algún momento nos decía Michi Aparicio, un viejo pintor jujeño: “Pero ustedes me hacen acordar a cosas de Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche…” y si no lo nombrábamos… aunque algunos compañeros habían leído un poco. ¿Por qué esa cosa, esa identidad? Con el tiempo fuimos ajustando un poco nuestro interés, nuestra curiosidad, y sobre todo una especie de deuda con nuestro pasado y nuestra identidad en el trabajo que hacemos actualmente. Ese eje creo que no lo perdimos, un poco por intuición, un poco por leer.

Dónde estábamos geográficamente en ese momento

Nace en el barrio San Roque con el trabajo de ahí, y el patio de la casa de los padres de Pedro en Beccar, zona de San Isidro. En el patio se arma la construcción de los muñecos y de los juegos de kermés, y en una imprenta de otro amigo, los libros.

Lo que pensábamos cuando empezamos a hacer

Bueno, en ese momento en el que veníamos haciendo cosas -recuerdo esta escena- pensamos en hacer títeres, entonces todo se fusiona en el grupo Musaranga original con adultos. Y paralelamente empezamos a hacer juego de kermés, y un elenco de titiriteros con los chicos del barrio San Roque. Ese fue el comienzo. Con el tiempo fuimos haciendo todo junto, desde hace diez años lo hacemos en una carpa de siete metros por catorce, donde hacemos las funciones adentro. Afuera y alrededor de la carpa, los juegos de kermés.

Cuántos integrantes hay

Siempre decimos entre dos y veinte porque no hay un grupo fijo. Hay gente -sobre todo la mayor- como doña Mabel, la mamá de Pedro que hizo todo lo que es la costura de la carpa con Porota y Teresita, y los vestidos de los muñecos. Los libritos a partir del trabajo de un encuadernador -don Roberto- que nos lo enseñó a hacer, don Mario el maestro electrónico y Jorgito el boletero.

Qué nos planteamos cuando habían crecido las actividades

Nunca fue estable del todo. Con el trabajo y las familias era medio complicado. Se sostuvo en el lugar de origen sobre todo. Después se fueron acoplando otros compañeros con sus oficios y se fueron sumando cosas. Desde el origen es el mismo espíritu y no se modificó. Los integrantes se van y vienen otros. Y la síntesis se hace en el interés personal junto con el interés colectivo, nunca se pierde eso. Una retroalimentación en eso. No perder lo que a uno le interesa pero volcado a un trabajo colectivo.

El aporte al grupo es vocacional

Lo sostenemos con el trabajo. Hasta ahora lo venimos manteniendo con las funciones. En la semana hay dos o tres compañeros que están fijos en el taller de juguetes que después se venden, como los libros. La mayoría de los adultos tiene un trabajo paralelo. Los fines de semana se concentra mucho lo que se ve, funciones, los parques con los juegos de kermés, la carpa, alguna exposición. Pero en la semana está el laburo invisible y que no es solo de armado material o manual, es un trabajo más difícil, cuando se arriman pibes a trabajar en el taller está el tiempo dedicado a que el pibe sepa utilizar una herramienta bien. Y eso creo que es más importante, que es poder transmitir eso. O la música que compartimos.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Alejandro Cantarella

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