Día celeste y blanco

Editorial 20/06/2017
Hoy homenajeamos a la bandera y a su creador Belgrano.

Todos los símbolos patrios son igualmente importantes y representativos del sentir nacional, pero la bandera creada por Manuel Belgrano seguramente es la que sobresale al momento de hacer una elección. Este 20 de junio volvemos a homenajear a ese paño celeste y blanco que por primera vez fue enarbolado un 27 de febrero de 1812 en la ciudad de Rosario, a orillas del río Paraná. Justo allí fue levantado el imponente Monumento a la Bandera, donde se realiza el principal acto conmemorativo, tal como acontecerá durante la jornada de hoy, con la asistencia de las principales autoridades encabezadas por el presidente Mauricio Macri.
La fecha fue decretada por ley del 8 de junio de 1938, con aprobación del Congreso, por el entonces presidente de la Nación Argentina, Roberto Ortiz. El Congreso de Tucumán, en 1816, adoptó la bandera celeste, blanca y celeste como símbolo nacional que identificaba a la nueva nación. La presencia del sol en el centro de la bandera la adoptó el Congreso, reunido en Buenos Aires, en 1818. Este sol es el mismo que aparecía en la primera moneda nacional acuñada por la Asamblea del Año XIII y luce 32 rayos flamígeros. Hasta 1985 a bandera con el sol era la «bandera mayor» de la Nación, y solo podían lucirla los edificios públicos y el Ejército. Los particulares solo podían usar la bandera sin el sol en el centro. Luego de 1985 el Parlamento promulgó una ley por el cual todas las banderas tienen que tener el sol de mayo, mediante esta ley cualquier particular o empresa privada puede acceder a una bandera con el sol, dejando de ser así solo de los organismos estatales. Desde 2011, y por decreto, el feriado de esta fecha es inamovible.
Justamente, el creador Belgrano fue uno de los más destacados y preclaros próceres de aquella gesta revolucionaria y libertadora de mayo de 1810. Murió de hidropesía, sumido en la más absoluta pobreza, a pesar de haber pertenecido a una de las familias más ricas del Río de la Plata.
Su personalidad y figura adquieren una muchísimo mayor dimensión en esta época, cuando el enriquecimiento desmedido y la corrupción parecen haberse convertido en cuestiones de uso frecuente, al extremo de casi no llamar demasiado la atención. El creador de la bandera fue exactamente todo lo contrario.
Qué mejor entonces que en este día teñido de celeste y blanco, al menos en nuestros corazones y sentimientos más nobles, homenajear a Manuel Belgrano con su recuerdo, para tenerlo siempre presente como fuente de inspiración y ejemplo. Había nacido en Buenos Aires un 3 de junio de 1770, hijo de Doménico Belgrano y María Josefa González. Estudió en el Colegio San Carlos de Buenos Aires y en la Universidad de Salamanca (España). Al titularse de abogado, en 1794, regresó a Buenos Aires para trabajar como Secretario del Consulado de Comercio. Durante su gestión trató de fomentar la industria impulsando la educación. Cuando los ingleses invadieron Buenos Aires en 1806, Manuel Belgrano participó en la defensa de la ciudad y poco después se incorporó a las conspiraciones patriotas independentistas. Cuando estalló la Revolución de Mayo de 1810, Belgrano participó activamente en el Cabildo Abierto que derrocó al virrey Hidalgo de Cisneros, y fue elegido vocal de la Primera Junta de Gobierno.
Entre 1810 y 1812, encabezó las tropas patriotas que lucharon contra los realistas en Paraguay y la Banda Oriental. Tras crear la bandera en 1812 fue nombrado Jefe del Ejército del Norte para enfrentar a las fuerzas realistas que aún controlaban el Alto Perú, y derrotó a Pío Tristán en las batallas de Tucumán (24-09-1812) y Salta (20-02-1813). Poco después fue derrotado por Joaquín de Pezuela en las batallas de Vilcapuquio (01-10-1813) y Ayohuma (14-11-1813). Entre 1814 y 1815, sirvió a su patria como diplomático, gestionando ayuda en Inglaterra.
En sus últimos años de vida, Belgrano combatió en la guerra civil contra los federales, dirigiendo tropas contra las provincias rebeldes de Santa Fe y Santiago de Estero. Pero a mediados de 1819, pidió licencia por enfermedad y se estableció en Buenos Aires. Murió cuando tenía 52 años, como ya hemos dicho, de hidropesía, lo cual es un edema o retención de líquido, provocando acumulación en los tejidos. No constituye una enfermedad independiente, sino un signo clínico que acompaña a diversas enfermedades del corazón, riñones y aparato digestivo. 






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