El óvalo infernal

Deportes 19 de junio Por
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Aunque hace varios años que pasó a ser un recuerdo, el óvalo infernal “Leonelo Bellezze” en el Club 9 de Julio, sigue brindando historias. Creíbles, inverosímiles, heroicas, dudosas y de las otras.
Un grupo de jóvenes que vive en un complejo de la calle Bolívar sostiene que no son pocas las ocasiones, especialmente en verano, que escuchan el ruido quejumbroso de una moto de carreras, el griterío de la gente y hasta un relato del mismísimo Maestro Leonelo.
Intrigados, le han preguntado al "Coco" Orlandini, ilustre habitante de la zona y vecino del lugar, pero el hombre no dice nada, mira casi como al descuido, hacia la esquina de Cervantes y musita con poca convicción: “Debe ser el taller de Miniotti…”.
Los pibes se dan por conformes, pero el "Coco" sabe; no ignora que el peculiar Fidel hace rato que prepara motos en otro plano y que lo del ruido es cierto, que sucede en verano, que hay olor a mezcla de nafta y aceite, sudor de buzos de cuero negro, antiparras empañados y punteras de hierro en la bota izquierda de esos guerreros; que hay apellidos inmortales, como Gatti, Zaffrea, Gavatorta… Heidegger y que Bellezze, ahora desde el más allá, relata cada día con más polenta.
Pero mejor no difundir estos lujos; privilegios de creyentes de leyendas vivas que no creen en almanaques y que, como en todo enero, llegan a buscar emociones desde el vetusto cemento de la tribuna con la mirada puesta en la tierra indómita, hasta el René y sus colegas la dominan cuando el celoso "Beto" baja la bandera, no sin antes pegarle con el cabo a la mano pícara de un embrague que quiere ser ventajero.

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