Déficit fiscal

Editorial 19 de junio Por
El rojo fiscal de este año será el tercero a nivel histórico, detrás del Rodrigazo y de Alfonsín.
Se trata sin dudas de un tema muy preocupante, pues el ordenamiento que se ha venido implementando dentro de la estructura general de la economía sin la aplicación de los recortes indispensables, ha llevado a la generación de un déficit excesivamente elevado. A tal extremo que se estima será el tercero en la escala histórica, superado sólo por el conocido como "Rodrigazo" y el máximo registrado durante la presidencia de Raúl Alfonsín, lo cual da una cabal dimensión de lo que estamos hablando.
Existen coincidencias en que este desmesurado déficit fiscal es uno de los mayores inconvenientes para la reactivación de la economía y poder salir así del estancamiento en que se encuentra el país no de ahora, sino desde hace al menos cuatro años, que es el período en el cual no crece la Argentina.
No existen, al menos por ahora y en las condiciones en que nos encontramos, posibilidades ciertas para ir equilibrando las cuentas públicas, pues la existencia del 32% de la población en condiciones de pobreza hizo que se destinara por sobre el 40% del presupuesto para asistencia de esos sectores más necesitados, con lo cual también existe gasto social récord, el que no puede ser recortado, menos en estos momentos cuando aún así el gobierno lleva colgado el sambenito de "ser un gobierno para los ricos".
Se recuerda que en el presupuesto -cuyas metas y objetivos suelen convertirse más en ilusiones que en cosas reales- se había fijado 3,5 puntos de crecimiento para el presente año, pero consecuencia del déficit crónico que no logra reducirse, organismos internacionales como el FMI y la CEPAL han revisado hacia la baja las pautas más optimistas que habían establecido para nuestro país.
Es cierto que el déficit recién se conocerá de manera precisa cuando concluya el ejercicio, o bien estemos más avanzados en el año para hacer proyecciones más ajustadas, pero hoy todos los análisis de organismos como FIEL y J.P. Morgan, junto a consultores privados, oscilan el pronóstico del déficit entre 5 y 7 puntos del PBI. Eso en cuanto a los números, mientras que en la visión analítica existe cierto nivel de coincidencia en sostener que nos encontramos inmersos en estanflación, y que el origen de ello es fiscal, anticipándose simultáneamente que no de haber una corrección de fondo, realmente importante, las posibilidades de revertir la situación son reducidas. Siendo en cambio más probable que se continúe profundizando el estancamiento de los últimos años, con un PBI sin expansión. 
El déficit fiscal resulta entonces, junto a la inflación, el mal a desterrar, si es que se pretende estabilizar como corresponde de una vez por todas la situación financiera, para de tal modo aspirar a un despegue de la Argentina, tantas veces prometido y nunca cumplido. La gran oportunidad la tuvo el ciclo kirchnerista, con ingresos excepcionales como nunca antes los hubo, pero desaprovechó esas facilidades al orientar su accionar hacia objetivos absolutamente diferentes, entre ellos, dejar diluir esa masa de recursos en corrupción.
No se ha observado hasta ahora una férrea disposición para combatir el déficit, al punto que este año se cerrará el ejercicio con el rojo más abultado a niveles históricos, sólo detrás de aquel "Rodrigazo" -cuando el tiempo del ministro Celestino Rodrigo- y el pico más alto de la hiperinflación de Alfonsín. Comparaciones que dejan totalmente claro  la urgente e inevitable necesidad de contener el rojo de las cuentas fiscales, pues de lo contrario, se va camino hacia otra de las situaciones realmente complicadas que ha vivido el país a lo largo de su historia reciente.
Hubo, y así debe admitirse, cumplimiento de la meta fiscal de déficit primario de 0,6% en el primer trimestre del año, pero fue merced a los recursos ingresados por el blanqueo fiscal, pero tales recursos se agotan y muchas de las cuentas públicas siguen creciendo por sobre el nivel de la inflación, lo que llevará a concluir el año de manera muy comprometida. Jubilaciones y programas sociales crecen al ritmo del 40% anual y la obra pública al 33%, muy superiores a las metas inflacionarias del gobierno, inicialmente del 17% y ahora, tras los escarceos, ampliada al 21% anual, aunque todavía está por verse esta última posibilidad, por ahora afianzada con el 1,3% de mayo.

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