El día después de mañana

Deportes 18/06/2017
La "Crema" jugó descendido, luego de luchar en desventaja muchos meses. Un resultado deportivo imaginado tras los sucesivos errores en la gestión hasta mediados de 2016.
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FOTO J. BARRERA COMUNION. El equipo saluda a la gente, gratificada. El público les dice gracias, por intentarlo. Es la semilla del retorno.
The Day After Tomorrow es un film que presentaron en 2004, justo en los días que Atlético de Rafaela volvía al Nacional “B” por culpa de las ya erradicadas Promociones. “El día después de mañana” según la traducción, una historia dramática que mostró cómo el ser humano es capaz de ignorar hasta los estudios más precisos y terminar siendo víctima de su propia tozudez. Y de su ego.
Cualquier semejanza con la historia de la “Crema” desde 2013 hasta aquí es pura coincidencia.
En aquella película el climatólogo Jack Hall indicó que el calentamiento global podía desencadenar un repentino y catastrófico cambio climático de la Tierra. Hall, personificado por Dennis Quaid, advirtió a los dirigentes políticos de la necesidad de adoptar inmediatamente medidas para evitarlo. Por supuesto, no fue escuchado.
Entonces los fenómenos empezaron a producirse en distintas partes del globo: bolas de granizo del tamaño de un pomelo, vientos huracanados arrasando el territorio, océanos metidos en el continente. Es decir, el descenso mismo.
Como si fuera una obvia película de Hollywood, aquí en Rafaela también ocurrió la tragedia, por más que unos pocos nos encargamos de avisarlo. A pesar de las presiones, a costa de algunos perjuicios, persecuciones, al margen de ser señalados en barrio Alberdi, catalogados de agoreros, anti Atlético u oportunistas. Una realidad que se vio venir o que al menos el analista responsable o el hincha genuino la pudo anticipar mucho antes de esta realidad.
La erradicación de los valores propios y la construcción de planteles sin identificación alguna con la idiosincrasia del club fueron la base de la decadencia. La contratación de entrenadores deplorables, con magras experiencias y solamente con nombre como futbolistas, sin responsabilidad ni visión para aportarle un salto de calidad a la institución, el detonante perfecto.
La sumatoria deportiva fue la consecuencia de una división profunda del club, inexplicable, evitable y egoísta. Las políticas futbolísticas hicieron el resto. El descenso, una cuestión de tiempo.
Atlético no bajó a la “B” Nacional hasta el viernes sólo por los cambios de estructura en los torneos argentinos. A partir de aquella final con Colón en Rosario la debacle quedó a la vuelta de la esquina. La mayoría festejó aquella victoria exigua. Otros preferimos alertar que el club ya transitaba sobre una cornisa y sobre el futuro vacío si no se cambiaban los lineamientos. Siguieron tratándonos de “opositores” y terminaron por destruirlo todo. Tanto que ayer la “Crema” ya jugó descendido frente a Quilmes.
Los últimos campeonatos fueron indignos. Atlético fue anteúltimo y último en los torneos 2015 y 2016, respectivamente. Sin plantel, sin puntos, sin público en la cancha, el apocalipsis se hizo realidad. La aparente re-unión dirigencial llegó tarde, como los estudios de Hall en la película. El descenso ya estaba demasiado encima y por más que Llop intentó convertirse en Dennis Quaid para salir al rescate, el destino estaba marcado.
Nosotros, sólo un puñado, cumplimos con avisar, cuando correspondía, con valentía y responsabilidad. Algunos prefirieron no escuchar (o leer); otros acusaron, ofendieron y agredieron; el resto simplemente no entendió. Los últimos quedan perdonados.
La gran diferencia con “El día después de mañana” reside en la reconstrucción, que arrancó mucho antes que el hielo de este domingo lo tape todo. Desde mediados del año pasado se decidió volver a las fuentes y apostar a la mística “celeste”, esa que llevó a Rafaela a lo más alto del deporte nacional. No alcanzó para evitar esta tremenda caída, ayer Atlético jugó uno de sus últimos 3 partidos en Primera División, con la hidalguía y los errores ofensivos de todo el campeonato. Ojalá se haya plantado la semilla del retorno.

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