Estar en Argentina pero no nacer aquí…*

La Palabra 27/05/2017
por Violeta González - titiribióloga (Monterrey, México)
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1 / 2 - archivo Migrantes - Síntesis: Fronteras atravesadas por el arte

Nací en México, en el norte, en una ciudad que se llama Monterrey. Es una ciudad  muy agreste, donde hace mucho, mucho calor, y está rodeada de unas montañas muy bonitas.

Cómo fue mi infancia para llegar a protagonizar movimientos culturales 

Vivía en un barrio muy normal, un barrio de obreros, que era una cuestión muy particular porque son casas que son instaladas por los dueños de las fábricas a los obreros. Un barrio obrero, yo vivía allí, y tienen centros deportivos, escuelas… Vivía con mis abuelos en el barrio, ahí crecí con ellos porque mi papá siempre migró para los Estados Unidos. Entonces yo siempre estaba con mi mamá, mis abuelos, mis tías, y a dos cuadras vivían los padres de mi papá. Entonces siempre estaba entre los abuelos. Mi infancia fue así como entre estar en la calle todo el tiempo jugando, y esperar a mi papá que volviera los sábados de Estados Unidos para estar un día con él y luego se regresaba, por trabajo. Tengo un hermano y allá jugaba con él y primas y primos.

Empezar a desarrollar la actuación                                               

No sé desde cuándo… Mi familia era una familia de obreras y obreros, tenía mis tías que estaban estudiando en la universidad y por ahí me acercaban algún libro de teatro, o algún cuento y los leía. Creo que un acercamiento también lo tuve con mi papá que si bien era un obrero en Estados Unidos, contaba muchas historias todo el tiempo. Se la pasaba contando cosas muy fantasiosas, la verdad. Muy mentiroso de alguna forma, pero muy fantasiosas, y a mí me daba mundos que yo no los podía creer. Me contaba cosas pero era tan gráfica su manera de narrarlo que a mí me impresionaba mucho, y me quedaban muy grabadas todas las historias de mi papá. El acercamiento al teatro lo tuve, pero creo que lo tuve en la facultad porque estaba estudiando biología, pero me gustaban mucho las cuestiones artísticas, pero las sentía lejanas, como nunca había tenido un acercamiento muy profundo. No había un incentivo.

Mis estudios de biología

Yo estudiaba biología en Monterrey, una vez que entro a un bar un chico me dijo “me gustaría que actuaras en una obra de teatro” y empecé a actuar con él, y empecé a estudiar talleres de teatro allá, y empecé a estudiar un poquito más, y un día vi una obra de títeres, y dije ¡¡guau!!!, yo quiero ser “titiribióloga” y allá empecé a estudiar cosas de teatro, y después me fui al Distrito Federal, a la capital. Egresé como bióloga, me fui a titular a la ciudad de México. Allá hice mi tesis, me becaron y todo. Allá empecé a estudiar teatro más formalmente. Y a meterme más con los títeres, que era lo que más me gustaba. Yo era “titiribióloga”, ése era mi mote, siempre.

Lo que desarrollé con esa ciencia

Con la biología trabajaba -y lo sigo haciendo- cuestiones ambientales, en comunidades campesinas, con campesinos y campesinas, trabajaba problemáticas ambientales. Siempre le metía algún elemento artístico a los talleres cuando estaba ahí, y por esta facilidad que te da el teatro de acercarte con las personas se me facilitaba un poco más el acercamiento y podíamos hacer un poco más jueguitos y todo eso para resolver algunas situaciones ambientales que venían desde el Estado. Trabajaba como consultora pero en realidad el Estado era quien nos llevaba y por ahí incentivar un poco a la crítica. Un día me harté, dije no quiero más esto así, y decidí venirme para Argentina.

Llegué a vuestro país

Hace cuatro años. Pero a la vez yo trabajaba teatro también, en la Secretaría de Educación y en Derechos Humanos en la ciudad de México. Trabajaba esas cuestiones vinculadas con lo artístico, con grupos terapéuticos, contaba cuentos, en Derechos Humanos hacía obras de teatro, en la secretaria de Educación nos íbamos de gira, eran como dos trabajos paralelos.  Egresé en dos mil cuatro en mi país. Y hasta febrero de dos mil catorce antes de venir para acá estuve trabajando cuestiones ambientales y vinculándolas un poco al arte. Y desde el dos mil siete hasta que vine estuve trabajando con teatro, con títeres.

Por qué elegí Argentina

Había venido acá a un congreso de psicodrama porque estudiaba psicodrama en México. Me gustó mucho y quería estudiar una cuestión que me vinculara más a lo social pero para poder entender mejor desde mí. Porque en México me daba cuenta que cuando trabajaba las cuestiones ambientales, que cuando trabajaba en teatro, con Derechos Humanos, -siempre trabajé mucho con psicólogas y psicólogos- pensaba que me faltaban herramientas y un día en una intervención que estábamos haciendo en un ejido en México me di cuenta que se empezaron a pelear todas la mujeres y yo no sabía qué hacer. Me di cuenta que necesitaba herramientas para acercarme mejor a lo artístico y para acercarme mejor a lo ambiental. Y dije: bueno, en Argentina hay una Maestría en Psicología social comunitaria que me gustaría aplicar para ver qué. Y vine a la Facultad de Filosofía y estudiar la Maestría.

Cómo me recibió este país

Bien. Vengo desde una posición de privilegio porque obtuve una beca, entonces aunque la beca era poca o lo que fuera, pero vienes respaldada y vienes como estudiante de posgrado que es distinto. A mí, la verdad, desde que llegué, la gente me ha recibido muy bien. La beca duró un año y medio, incluso el sistema de salud que por ley se supone está abierto a todas las personas sin necesidad de poner límites, tuve un problema de salud fuerte apenas llegué y fui atendida de lo mejor, la gente que estaba a mi alrededor me apoyó mucho.

Cómo resolví lo laboral

Cuando terminé la beca, ahí vinieron todos los problemas, porque si bien seguía siendo estudiante de maestría -o tenía ese respaldo- encontrar trabajo es un tema muy difícil, o sea, no solo creo para las personas migrantes, sino para toda la población en general. Milito, participo en una organización de mujeres migrantes que se llama AMUNRA y por ahí de pronto metemos proyectos, tratamos de hacer algo y ahí lo puedo trabajar, y trabajo con personas migrantes y también me doy cuenta por la situación tan difícil por la que se está atravesando fuerte que viene desde siempre. Y el tema laboral ha sido y sigue siendo un tema difícil. Acá he trabajado de todo, he limpiado casas, he trabajado de niñera, he trabajado como investigadora con una beca, en el arte de pronto participé en varietés que todo eso es muy alegre acá y eso me encanta. He trabajado de mesera, de moza, o de lo que caiga. Actualmente es complicado pero creo que se están asomando cosas más interesantes. Creo que no quitas el dedo en el renglón como decimos en México, que estás intentando, tratar de ver por dónde irte, vincularte, hacer redes sobre todo. Veo que en Argentina hay un sentido solidario, y eso tratar de tomarlo. En el presente lo que me ha servido mucho es de apoyarme en las redes de personas con las que cuento. Tengo la fortuna y he tenido la oportunidad de tener herramientas para poderlas formar y eso es lo que a mí me está ayudando. Pero es muy difícil. Estuve trabajando en Morón en el profesorado de formación especial para sordos e hipoacúsicos con temas teatrales para acercarse más a la expresividad del lenguaje de señas. Fue muy interesante, muy lindo investigar y trabajar por ahí.

Qué es un títere para mí

No puedo describirlo con palabras. Desde que los vi la primera vez y vi el mundo que te pueden hacer y cómo tú te neutralizas atrás y cuidar todo, cada detalle, cuidar cómo se mueve, que no se le vaya el hombro, cuidar la manipulación como le llaman. Eso para mí es increíble. Un títere para mí es cuidarme del mundo, es arriesgarme también, es comunicar, es contar una historia a través de un objeto, de algo que quizás no tiene vida, pero a la vez es como la terquedad de decir “sí la tiene”. Es mirar adentro y no a mí. Y sí pueden pasar miles de mundos en una mesita o en otro lugar. Son todas esas historias que me contaba mi papá y las traslado a objetos, a cosas, a tela, a lo que exista. Tengo tres títeres que me traje de México. Otro que es muy bonito que me hizo Oscar, presidente de La Huella, una cooperativa que está en el Hospital Borda. Y hago títeres todo el tiempo que ando jugado con cositas que me encuentro.

*El texto pertenece a la entrevista realizada por Raúl Vigini a Violeta González

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