Sensaciones y sentimientos

La verdad acerca de Dalila
Ninguna de las dos Dalilas históricamente más nombradas se salva de la crítica.
La más antigua no tiene excusa: sabía perfectamente que un corte de cabello hecho con malicia puede provocar muchísimos daños en la salud y en la vida de las personas y, poco previsora, no tuvo en cuenta la persistencia del cabello, que siempre vuelve a crecer, hecho este que se le puede justificar porque en esa época no había salones de belleza ni expertas asesoras en lo que luego se llamaría -en buen castellano- lock. Pero que quiso hacer daño, es cierto. Lo quiso hacer y lo hizo.
La más reciente y con no tanta fama, ya era adulta por los años sesenta y también, como la otra, maltrató a un hombre, lo hirió en su honor y amor propio. Todo por falta de verdadero amor. Gracias a Tom Jones, su historia es bien conocida y ha sido muy bien cantada, ya que no le permiten que deje de hacerlo en sus presentaciones.
Pero, investigando su letra, se pudo encontrar una sorpresa: los traductores que hicieron la versión castellana la han edulcorado, aunque el agrio sabor de la historia siguió vigente: la engañadora Dalila siguió teniendo mala imagen. No mala prensa, eso es otra cosa.
La letra cantada en castellano dice: “Vi que brillaba una luz en la noche encantada/ era la luz de mi amada en aquél ventanal/ yo la quería/ y ella de mí se burló sin tener compasión./ Dónde estás, Dalila?/ Dónde estás, Dalila?/ Paso las noches así pensando en tu amor./ Sé que otro hombre tal vez la estará ya besando/ siento en mi pecho el dolor y la quiero olvidar/ más yo no puedo/ sé que con otra mujer no será nunca igual./ Fue mi amor Dalila/ me dejó Dalila./ Yo me iré y así seré más feliz/ quiero empezar otra vida muy lejos de aquí”.
¿Sabe, lector, que la letra original en inglés que canta? Tom Jones cuenta un historia muy distinta?
Traducida literalmente dice: “Vi la luz de la noche cuando pasé por su pieza/ vi las sombras de amor que oscilaban en su persiana./ Era mi mujer, pues ella me engañó/ mire y perdí la cabeza./ Mi Dalila, por qué mi Dalila?/ No podía ver que esa chica no era buena para mí/pero estaba perdido como un esclavo que ningún hombre podía liberar./ Al final del día cuando ese hombre se alejó manejando, yo estaba esperando/ crucé la calle hacia su casa y ella abrió la puerta./ Estaba ahí parada riendo/ Sentí el cuchillo en mi mano y ella no rió más./ Mi Dalila por qué mi Dalila?/ ellos, (los policías) vinieron a echar la puerta abajo/ Perdóname, Dalila, simplemente no podía soportar más".
¿Qué dice, lector? ¿Todavía está sorprendido? Son muchas diferencias ¿no le parece?
Se supone que las letras de las canciones deben popularizarse, es decir ser cantadas por mucha gente y por eso, si cuentan una tragedia, como en el caso de “Dalila”, tendrían menos éxito, por más que la música sea pegadiza y el canto sea excelente. Los autores son Les Reed, Barry Mason y Whittingam Sylvan; Tom Jones no tiene ninguna culpa de que la historia relatada sea tan cruda.
Respiramos hondo y seguimos adelante con las reflexiones. Es común que en muchas letras de canciones europeas y estadounidenses se cuenten historias
-aunque pocas tan trágicas como la de Dalila- y al realizarse las versiones castellanas se las convierta en demasiado “fáciles” llegando al punto, muchas veces, de limitarse a describir sentimientos eliminando los hechos muy dolorosos.
La densidad en el contenido le da valor a la letra cantada. Debería respetarse su profundidad original.

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