Macron, la filosofía y la política

Notas de Opinión 17/05/2017
Por: Rodolfo Terragno
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MACRON. Master en filosofía. FOTO ARCHIVO

Por Rodolfo Terragno (*) Cuando Mario Vargas Llosa decidió disputar la presidencia del Perú, Carlos Fuentes trató de disuadirlo. “Los escritores debemos escribir; buscar votos es para otra gente”, sentenció. El mexicano era un “hombre político”, que apoyaba a unos líderes y enfrentaba a otros, pero nunca se sometió al veredicto de las urnas.Vargas Llosa desoyó el consejo de Fuentes y terminó perdiendo 60 a 40 con un ingeniero agrónomo, el peruano-japonés Alberto Fujimori. Sin embargo, las urnas no siempre espantan a los intelectuales.

El dramaturgo Vaclav Havel ganó las elecciones checoslovacas de 1989 y gobernó su país durante trece años. Desmintió, además, al croata Predrag Matvejevic, para quien “es difícil introducir la política en la literatura y que ésta quede a salvo”. Mientras gobernaba a los checos, Havel escribió catorce libros. La que acaso haya sido su mayor obra, La Retirada, la escribió poco antes de dejar la presidencia.

El mayor de los poetas africanos, Leopold Senghor, ganó las elecciones senegalesas de 1960 y se mantuvo 20 años al frente de Senegal. En ese período escribió varios libros, incluido uno que se ocupa de la intelectualidad y la política: La poesía de la acción.

Los éxitos de Havel y Senghor deben alentar a Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia, que tiene un master en filosofía y se ha dedicado al estudio de Friedrich Hegel, el filósofo para quien la dialéctica permite entender cómo algo puede cambiar y, sin embargo, mantener su identidad. Macron dejó ser socialista el año pasado y empezó a sostener que hoy “ya no hay ni izquierdas ni derechas”, pero sostiene que él ha sido siempre el mismo.
Apasionado por la música, es un pianista formado en el Conservatorio de Amiens. Obsesionado por la política, también se graduó en Sciences Po, como llaman los franceses a su célebre Instituto de Estudios Políticos. Interesado en la economía, se recibió en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración. Deseoso de unir política y economía, fue ministro del Presidente que se va, François Hollande.

El eclecticismo que lo lleva a negar la diferencia entre izquierda y derecha le permite explicar, sin convencer a todos, sus contradicciones. En la Universidad de Nanterre, donde se graduó en filosofía, fue ayudante del filósofo y literato existencialista Paul Ricoeur, quien había sido en 1968 uno de los inspiradores del “Mayo francés”: un estallido contestatario que paralizó el país. Macron incluso cooperó con Ricoeur en la elaboración del libro La memoria, la historia, el olvido. La devoción por Hegel -cuya influencia en Karl Marx y Engels es innegable- también hacía pensar en un joven vanguardista. De hecho, la tesis de Hegel con la cual se graduó, fue dirigida por el marxista Etienne Balibar.

Como economista, trabajó junto con Jacques Attali, el intelectual de izquierda, fundador de Acción contra el Hambre.

Y no hace mucho, disgustó a la derecha francesa al declarar en Argelia: “Creo que es inadmisible glorificar el período de la colonización. En Francia algunos han querido hacerlo. Yo siempre he condenado la colonización como un acto de barbarie y un crimen contra la humanidad”.

No obstante. Macron no es un revolucionario. Ex ejecutivo de la banca Rothschild, dirigió negociaciones entre grandes multinacionales, se hizo rico y, antes de entrar en el barro de la política, ha vivido entre millonarios. Es probable que algunos de ellos, como el dueño del fondo de inversiones Weinberg Capital o el presidente de Nestlé, hayan contribuido a financiar su campaña.

Jean Baudrillard, el filósofo post-modernista, que enseñaba en la misma Universidad de Nanterre, decía que “ninguna teoría es capaz de explicar lo que pasa hoy”, y se alarmaba ante medios de comunicación que daban origen a una “élite electrónica”, formada en los medios de comunicación. Tal vez algunas facetas de Macron podrían servirle a Baudrillard como ejemplo.

El Presidente electo ganó las elecciones merced al voto anti-Marine Le Pen (la líder de la extrema derecha francesa), hostigada por la prensa francesa. Él sabe que no ha sido electo por una mayoría real. No obstante, espera que su presidencia no termine en un fiasco, como la de otro intelectual político: uno de los más trascendentes escritores latinoamericanos, Rómulo Gallegos, el autor de Doña Bárbara. Gallegos ganó las elecciones venezolanas de 1948 con más de 80 por ciento de los votos, pero a los nueve meses su presidencia abortó. No por culpa de la literatura. Ni de la política. Fue derrocado por un golpe militar.

Un golpe en Francia es ciencia-ficción. Lo que puede hacer trastabillar a Macron es la economía. Aunque su grado en la ENA, su experiencia como banquero y su relación con el mundo de las finanzas lo ayudan a tenerse confianza. Los medios, por ahora, lo alientan.

Falta saber si su gobierno podrá desautorizar a Baudrillard, según el cual en el mundo posmoderno no hay realidad sino simulacros creados por los medios. Macron deberá demostrar que sus promesas son realidad y que, aunque los medios sigan apoyándolo, lo suyo no es un simulacro. (Publicado en Clarín).

(*) Político, escritor y diplomático. Embajador argentino ante la UNESCO.

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
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