El día del cumpleaños

Sociales 13/05/2017
SENSACIONES Y SENTIMIENTOS
Como una luz en medio de las oscuridades en que a veces voluntariamente nos sumimos (debemos reconocer que, un poco más o un poco menos, nos gusta sufrir) aparece esa lucecita que solo nosotros vemos y que va agrandándose muy lentamente hasta que nos estalla en el centro sentimental del almanaque.
¡Llegó el día! Comenzó la posibilidad de experimentar al mismo tiempo la sorpresa y lo esperado, los saludos previsibles y el contacto inesperado de los que hemos conocido recientemente y, lo que siempre ocurre, el mensaje que llega el día posterior al del cumpleaños.
El momento de recibirlos no es siempre el mismo. El ataque a nuestras emociones -tan intransferibles como aquellos plazos fijos- toma a nuestras defensas siempre en distinta situación; la autoestima, abanderada del interior reservado a pocos, sale a recibir el impacto de la noticia y trata de filtrarlo.
Ese casi imperceptible resplandor de uno o dos meses atrás, cuando el insobornable paso del tiempo anunciaba que debíamos prepararnos para el arribo de la precisa fecha, es ahora un visitante luminoso, cómodamente instalado en nuestro sillón favorito desde donde nos mira, amigablemente inexorable.
La revelación se va extendiendo como por toda una alfombra. No deja libre ni un solo rincón de esa casa móvil que verdaderamente somos, y empezamos a caminar, pisando sin quererlo, una cantidad enorme y desordenada de pasado que nos acomete tratando de no ser arrollada por el nuevo tiempo que ya está presente.
El día del cumpleaños genera un indescriptible momento de gracia. En la frágil contextura de un presente que todavía no llega a serlo, no sabemos si hemos ganado o perdido un año, si hemos ganado o se han ido amigos, si las moléculas de nuestro sentir se han hecho fuertes o si están cada vez más vulnerables.
En el día del cumpleaños (¡que palabra tan simpática, distinta de aquella tan fríamente académica como “aniversario”!) el todo y la nada, juntos, luchan para ver cuál logrará invadir nuestra estructura. En esa batalla de solo un período -siempre menor a las veinticuatro horas- reflexionamos acerca de que fuimos y de qué material nos revestiremos desde el día siguiente: sabemos que cuando llegue ya no podremos ser parte de lo indefinido.
Como estamos hechos de tiempo preciso, ese que no dura más que lo establecido, nos gusta desafiar lo concreto y discutir la verdad del invariable transcurrir de horas y minutos ¿Cómo, siendo tan pequeños, pueden más que nosotros, que tenemos el mejor don del mundo, que es el de palpar y determinar la intensidad de los momentos y de las sensaciones?
Entre la nada -absolutamente recargada- y el todo -que ya estamos presintiendo que no lo es tanto, flotamos cómoda y felizmente sobre la dulce incertidumbre.
Mañana, sabemos, tendremos que agregar uno a esa cantidad de la que es imposible restar. Nos habrá ganado lo inexorable, pero nosotros habremos tenido otro, y sensiblemente importante, triunfo.
Habremos concretado -en ese paréntesis afectivo de tiempo- la unificación feliz (que será siempre invariable) entre la lágrima y la sonrisa, el silencio y el canto, la imagen y lo oscuro y entre el límite y la posibilidad.
Habremos sí, intensamente, vivido.
Hugo Borgna - Sandra Cervellini
Especial para “LA OPINION” de Rafaela

Redacción

Redacción de Diario La Opinión de Rafaela
Seguinos en Facebook y Twitter

Te puede interesar