Editorial

La Palabra 29/04/2017
Diario familiar

Aunque empiece a hablar de sí mismo, siempre termina incluyendo a la familia en la conversación. Es inevitable porque sus días transcurrieron con la contención de sus padres cuando vio la luz en un circo, hasta sus juegos con los amiguitos en pisos de aserrín y saltando en la cama elástica como después lo hicieron sus hijos y observan con ganas de hacerlo sus nietos Aaron y Luan como lo hará seguramente Mía que tal vez sea rafaelina. Evitó, en cuanto pudo, alejarse de ese ámbito de vecindad permanente, porque lo itinerante lo refuerza con cada viaje a un nuevo destino pueblerino y le renueva la esperanza de poder continuar una tradición ancestral para que una nueva generación prolongue esta posibilidad de hacer realidad lo que una vez idealizó como trabajador dependiente en trapecios y alambres ajenos. Hoy disfruta a pleno viendo su emprendimiento que tiene como prioridad el de reunir afectos desde la responsabilidad. Y hace posible que la consabida frase cambie radicalmente de significado convirtiéndose en un objetivo digno: hacer circo.

Raúl Alberto Vigini

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