Cuando lo normal llama la atención

Deportes 20/03/2017 Por
LO VISTO EN ATLETICO MADRID-SEVILLA
FOTO FA MULTITUD. Aún así, ninguna incidencia en el estadio "Vicente Calderón".
FOTO FA MULTITUD. Aún así, ninguna incidencia en el estadio "Vicente Calderón".
Por Fernanda Actis (Desde Madrid). - Las circunstancias, y a veces las oportunidades, suelen presentarse de esta manera. Estar en España, más precisamente en Madrid -en esta última parte del recorrido por la península Ibérica-, tener una relación muy cercana al técnico Sampaoli, y poder acceder de tal forma a este partido de fútbol que jugaron el Atlético del "Cholo" Simeone y el Sevilla. Que ganó aquél por 3 a 1, aunque esto sea sólo parte de lo anecdótico, al menos para mí personalmente, aún sabiendo de lo trascendente que era el resultado para ambos, definiendo su futuro inmediato en una de las muchas copas y recopas que se juegan en Europa.
Como verán, no es mi intención, muy alejada estoy de eso, el hablarles de fútbol, lo ocurrido en el campo propiamente dicho, los merecimientos, las estrategias o las jugadas vistas. En cambio sí de algunas otras cuestiones, alejadas total y absolutamente de lo que sucede en el fútbol argentino, donde siquiera pueden mezclarse hinchas locales y visitantes en un partido, sin que se termine en una batahola, y muchas veces también, igualmente con tan triste y lamentable final aún con solo los fanáticos de un solo equipo.
Lo visto fue mucho más que un partido, tranquilo, disfrutado, en un clima de absoluta seguridad, aún con lo mucho que había en juego. Respeto aquí, allá y por donde uno mire, se tata de algo predominante en la gente, sin dudas una cultura muy diferente a la nuestra, aun cuando descendamos de ellos y los italianos, mayoritariamente. 
Desde la llegada al estadio, en el ingreso y luego en la ubicación en las butacas las palabras más escuchadas fueron permiso, disculpe, gracias, por favor. Y eso sí, siempre pronunciadas con una sonrisa.
Los policías, que no había tantos por otra parte, estuvieron antes, durante y después sin mucho que hacer, casi siempre respondiendo alguna consulta de la gente, y nada más que eso, hasta con tiempo para observar lo que estaba pasando en el propio campo de juego.
El fútbol es lo que es, en su medida justa. A mi criterio, algo vivido con pasión, generador de una enorme euforia, de alegrías y tristezas, pero al fin y al cabo no deja de ser un juego. De tal manera parecen comprenderlo los españoles, expresando alegría o tristeza pero no más que eso. Todo el mundo se siente en su lugar, vive y disfruta, pudiendo convivir con el resto. Es así que pude ver hinchas sevillanos sentados a centímetros de distancias de los del Atlético, sin vigilancia ni policías cercanos, sin nada que haya alterado la normalidad. Unos pedían y reclamaban por su equipo, los otros por el suyo en igual medida, y todo seguía adelante.
Resulta casi trágico cuando asombra y hay que destacar lo que es normal, pero esta es la realidad.
En España, sin llegar a generalizar porque se trata de una muy limitada experiencia como queda visto y admitido, el fútbol es un espectáculo familiar, dicho con todas las letras y en su más absoluta medida. Padres junto a sus niños, cada uno portando los colores de su pasión, celebrando o lamentando según vaya siendo el resultado, pero nada más que eso. Una fiesta vivida de esa manera.
Y todo continúa igual de simple cuando la desconcentración al terminar el juego. Miles y miles de personas que enfilan hacia el metro, otros tantos hacia los estacionamientos de automóviles, pero todo en orden y armonía. Como debería ser siempre y en todos lados, especialmente en la Argentina, donde el fútbol está tan estrechamente ligado a una historia de violencia.

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