Vivir en emergencia

Notas de Opinión 19/03/2017 Por
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La semana pasada, en nuestra dominical entrega titulábamos "No falta nada", mezclando una serie de acontecimientos que casi, parecían imposibles de superar. Error total, en ese sentido la Argentina es un muestrario de nunca acabar, donde la realidad supera a la imaginación más desarrollada. Ni Julio Verne aquí estaría en buenas condiciones de anticiparse al futuro, casi seguro fallaría. Es que ese mismo domingo, a escasas horas, se iba tomando conocimiento de lo ocurrido en Olavarría con el recital del Indio Solari, una exhibición cabal y plena de lo que sucede cuando se juntan la imprevisión, la codicia, la falta de controles y por sobre todo la improvisación. Eso si, siempre con alguien pontificando como si se tratara del salvador tan esperado. En definitiva, la vulneración más flagrante de las leyes y regulaciones. Es que en esta materia, siempre podemos ir un poco más adelante, lo que se irá demostrando a medida que nos vayamos acercando a las elecciones, al menos este es el escenario que va adecuándose según sean las circunstancias. Y aquí, ya lo sabemos de sobra, son tan cambiantes que suelen transformarse en extremas.
Es que el problema argentino es tan grande, tan desde los cimientos, que las soluciones recién pueden llegar a venir en el mediano y largo plazo -aquello del semestre debe por lo tanto archivarse en la colección de disparates de la época-, mientras que las exigencias sociales son en el más inmediato corto plazo, ni siquiera para mañana, sino para ayer. ¿Cómo conciliar entonces objetivos tan dispares? Es la tarea que corresponde al gobierno, que vino para cambiar algunas cosas como los piquetes -el 75% de los votantes de Macri lo querían de esa manera-, pero hasta ahora se sigue tirando hacia adelante, sin recordar siquiera en qué cesto habrá sido arrojado el protocolo de Patricia Bullrich; o bien para sostener la situación social, disponiendo 30.000 millones a distribuir hasta 2019, pero a escasas semanas tener como respuesta esta sucesión de piquetes y ollas populares. Está claro que vivimos en una permanente emergencia, gobernar -que aquí no es otra cosa que sobrevivir- para hoy y tal vez para mañana, cuando en realidad la magnitud del deterioro impone fijar la mirada en la distancia, con tiempos que deben ser generosos en extensión para aspirar la obtención de algún resultado favorable. El verdadero problema es transitar el mientras tanto, nada sencillo cuando además de la realidad tenemos los que aprovechan para fogonear el "cuando peor mejor", única puerta que se les puede abrir para el regreso. La gente está siendo empujada a salir a la calle, con cortes y piquetes que tanto pueden ser porque bogas o porque no bogas; los sindicatos están siendo superados por sus propias bases, copadas por ultras, como quedó claro en la movilización cegetista, compelida su dirigencia a la fijación del paro del 6 de abril, casi superpuesto al del 30 de marzo de la CTA, quedando en relieve la puja por quien endurece más la confrontación, más allá de lo delicada de la situación social, admitida por todos. El paro de los maestros está siendo una contundente muestra de la emergencia, anteponiendo la acción sobre la negociación. Ese es el fondo, las formas indican la legitimidad de los reclamos, pero deben ser superados de otra manera. Mucha de la legitimidad se desvanece, o queda expuesta al desnudo, cuando el kirchnerismo, algunas organizaciones obreras, la izquierda y ciertos movimientos sociales radicalizados, salen a repetir a coro que Macri es una dictadura. Nada más apropiado para alejarlos de la realidad. Los meses por delante serán cruciales para la paz social. ¿Existirá la necesaria inteligencia y serenidad para afrontarlo? Confiamos que sí, por el bien de todos.
Mientras tanto, los resquebrajamientos que vienen dándose en el gobierno -la ida de Regazzoni del PAMI fue el más reciente crujido-, puede ser una señal con muy distintas interpretaciones. Por un lado, sólo producto de las desaveniencias lógicas dentro del gigantesco problema de ordenar y poner en marcha el país, o también la necesidad de ordenar en serio, sin tantas idas y vueltas. Inicialmente se actuó para ir a fondo y pagar el costo, aunque doloroso, de una sola vez; luego se fue girando hacia las concesiones y retrocesos, que está visto, no redujeron la magnitud de las críticas y rechazos. Quizás mucho de esto sea lo que está en juego.

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