Infraestructura escolar

Editorial 16/03/2017
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Un tema reincidente en la agenda educativa es el estado de los edificios escolares donde los maestros se encuentran con sus alumnos. Se trata de las "condiciones laborales" en las que los docentes desarrollan las clases ante el curso. En la provincia de Santa Fe se destacó una inversión superior a los 1.200 millones de pesos para refaccionar escuelas o construir aulas en aquellas donde se amplió la matrícula. 
En este contexto, un estudio dado a conocer la semana pasada por la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago), analizó de manera comparativa la relación entre el estado de la infraestructura escolar de la región y los aprendizajes de niños y niñas de 15 países.
La investigación comparó los resultados de las pruebas académicas del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE, aplicado por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación que coordina la UNESCO) y las características de la infraestructura escolar de la región a partir de los conceptos de suficiencia, equidad y efectividad.
El estudio concluye, en términos de suficiencia de los espacios, que sólo uno de cada cuatro estudiantes de educación básica de América Latina y el Caribe asiste a centros escolares con infraestructura escolar suficiente en todas las categorías estudiadas. La suficiencia está relacionada con el acceso a seis categorías básicas: agua y saneamiento; conexión a servicios; espacios pedagógicos o académicos; áreas de oficinas; espacios de uso múltiple y equipamiento de las aulas. En contraste, casi un tercio del estudiantado de educación básica va a escuelas donde dos o menos de dos categorías de infraestructura escolar tienen características suficientes.
Asimismo, el análisis revela grandes inequidades en el acceso a los diferentes componentes de infraestructura escolar en la región, tanto en el nivel socioeconómico de los alumnos como en la zona geográfica de las escuelas. En líneas generales, los estudiantes de menores recursos en los países participantes en el TERCE tienden a asistir a escuelas que también tienen menor dotación de infraestructura escolar.
El trabajo también confirma que la gran mayoría de las categorías de infraestructura estudiadas está asociada positiva y significativamente con los aprendizajes de los estudiantes. Aunque la situación varía de país a país, los espacios pedagógicos (distintos al aula de clase), seguidos por la conexión a servicios y la presencia de espacios de usos múltiples son los factores que están asociados positivamente y con mayor frecuencia con los aprendizajes.
La investigación, elaborada en forma conjunta del BID y la UNESCO, subraya que los desafíos de los países de la región no solo están en la dotación de infraestructuras escolares, sino en garantizar que éstas se conviertan en verdaderos espacios y ambientes que promuevan aprendizajes para generar una educación de calidad.
Por otra parte, la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe destacó una experiencia que Chile puso en marcha por estos días: bajo el nombre "Bases del Futuro", alumnos, docentes, estudiantes de Pedagogía y público en general podrán opinar sobre la propuesta del Ministerio de Educación de dicho país sobre el currículum para los dos últimos años de la secundaria el que regirá a partir de 2019.
El proceso de consulta se lleva a cabo en alianza con la OREALC/UNESCO Santiago, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación Chile y consta de tres etapas. La primera es una Jornada de reflexión en establecimientos educacionales en la que se promueve la participación de estudiantes, docentes, directivos y sostenedores a través de diálogos al interior de todos los establecimientos del país que cuenten con enseñanza media. La segunda es una Consulta digital y la tercera, un trabajo con expertos.
El jefe de la Sección de Planificación, Gestión, Monitoreo y Evaluación de la OREALC/UNESCO Santiago, Atilio Pizarro, cree que este nuevo planteamiento de diseño curricular participativo abre oportunidades para formar en habilidades de pensamiento crítico y de mayor creatividad, al igual que la existencia de espacios mucho más colaborativos y participativos, acordes con un mundo mucho más dinámico y global. “Nos complace el camino que ha emprendido el Ministerio de Educación de Chile, puesto que se encuentra en línea con la visión humanista de la UNESCO y su Agenda de Educación 2030, en donde se busca dar a los ciudadanos una formación más holística que los prepare para la vida, y también ofrecer la oportunidad que sean ellos mismos quienes la construyen y perfeccionan”, sostuvo.






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