Desde el fin del mundo

Editorial 14/03/2017
Editorial
Cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido jefe de la Iglesia Católica el 13 de marzo de 2013 fue una sorpresa, tanto para los argentinos como para el mundo entero, ya que no era uno de los favoritos para convertirse en el Papa número 266 y ocupar así el sillón del apóstol Pedro, más allá de que algunos pocos vaticanistas habían deslizado que tenía chances. Esa decisión de los cardenales fue histórica porque por primera vez un hombre nacido en el continente americano era seleccionado para ser la más alta autoridad del Vaticano. 
Ahora, al cumplirse cuatro años de su nombramiento como Papa, los distintos analistas de su pontificado destacan que se caracteriza por diálogo interreligioso, la crítica de la sociedad del descarte y la reforma de la Curia romana, un desafío difícil en el que avanza contra enemigos invisibles que también son poderosos. 
Hace cuatro años cuando pronunció sus primeras palabras, y ante la emoción de miles de personas que aguardaban la definición en la misma Plaza San Pedro, se permitió bromear en torno a su origen argentino al señalar que llegaba desde el fin del mundo. El inicio de su gestión marcó cambios con la austeridad como bandera: resolvió no vivir en los aposentos del palacio apostólico sino en una de las modestas habitaciones de la casa Santa Marta. 
Romper el protocolo y acercarse a la gente fue otra de las postales de su gestión de la fe católica, en un intento de humanizar a un Papa que otras ocasiones parece distante tan protegido por las fuerzas de seguridad que se transforman en un obstáculo entre el representante de los católicos ante Dios y los fieles, estimados en 1.300 millones en la actualidad.  
La elección de Francisco significó el inicio de un pontificado que muchos consideran revolucionario en una Iglesia en crisis, salpicada por diversos escándalos. 
Así, mientras la Iglesia de Benedicto XVI se edificaba fundamentalmente sobre la teología, la de Francisco mira al cielo desde una perspectiva pastoral y más cercana a la tierra con un nuevo universo de gestos y con un lenguaje de proximidad, más familiar y menos académico. El abrazo a un grave enfermo de neurofibromatosis dio origen a una imagen que dio la vuelta al mundo, en un gesto casi tan importante como una encíclica.
Con su estilo reformador abordó los temas más sensibles de la agenda vaticana, con avances dispares según el caso. En este sentido, las finanzas del Vaticano mejoraron al punto que el déficit operativo se redujo a la mitad aunque continúa siendo extraño que una institución que se presenta como la reserva moral de la sociedad tiene sus cuentas demasiado opacas.
Además, Francisco abrió la Iglesia a los homosexuales cuando, durante el vuelo desde Río de Janeiro a Roma declaró ante los periodistas: "Si una persona es gay y busca al Señor y está dispuesto a ello, ¿quién soy yo para juzgarla?". Y recientemente abrió un nuevo foco innovador en una institución conservadora al deslizar, en una entrevista con Die Zeit, la posibilidad de que hombres casados puedan ser ordenados para prestar algún servicio en lugares donde hay crisis de vocaciones. Anteriormente, el texto de Amoris Laetitia que contiene la famosa exhortación apostólica en la cual abrió la Iglesia a hombres divorciados que vuelvan a casarse desató una silenciosa pero indisimulable campaña crítica por parte de la curia antireformista del Vaticano. 
El propio Francisco confesó ante un grupo de niños de una parroquia romana que más que a las brujas, teme a las habladurías malintencionadas de la gente y "también las de la Curia". Andrea Riccardi, profesor de historia del cristianismo y fundador de la prestigiosa comunidad humanitaria Sant Egidio cree que es un gran reformador. "El Papa tiene como centro la conversión pastoral de su Iglesia. Yo creo que las resistencias aparecen porque él quiere cambiar muchas cosas. Pero se ha aplicado también a la reforma de la Curia, y aquí las cosas van muy lentamente. Sobre todo porque el Papa ha entendido que la verdadera reforma es la del nuevo personal y de su conversión espiritual. Es el discurso de la enfermedad la curia, quiere cambiar la mentalidad del servicio romano", afirma Riccardi.
Y a tono con los tiempos modernos y ese espíritu innovador, Francisco aprovecha las nuevas tecnologías para abrir nuevos canales de comunicación con la feligresía. Un canal en Youtube y una cuenta en la red social Twitter con más de 31 millones de seguidores reflejan esa firme intención de llevar el mensaje lo más lejos posible y a una mayor cantidad de personas. 
Además, el Papa del fin del mundo jerarquizó el poder diplomático del Vaticano y se involucró en los conflictos actuales, como el de los inmigrantes, lo que considera una catástrofe humanitaria. En su primer encuentro con periodistas marcó con claridad cuáles eran sus expectativas para la Iglesia católica que tiene al Vaticano lleno de riquezas: "Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres". Por ahora el Papa mantiene su decisión reformista con un balance muy favorable al menos en términos de popularidad a juzgar por el cariño y afecto que despierta en la gente. 

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