La contaminación

Editorial 11/03/2017 Por
Debe incluirse en otra de las disparatadas posiciones de Trump, ahora en contra del cuidado del medio ambiente.

El presidente estadounidense Donald Trump no se cansa de sumar acciones y actitudes polémicas en su derrotero al frente de la Casa Blanca, pues además de todo lo conocido, que por cierto no es poco y prácticamente no es necesario puntualizar por el conocimiento público que se tiene de todo lo hecho y prometido en estos casi dos meses de gestión, ahora se conoció su posición adversa al cuidado del medio ambiente.
La síntesis podría ser la decisión de remover todas las normas que impedían volcar desechos industriales y de otro tipo en los ríos y arroyos de los Estados Unidos -con lo cual, según dice el polémico presidente, se facilitará la reactivación de un sector de la industria-, pero además impulsará también la reactivación de la minería del carbón, la cual está siendo desechada en todo el mundo por el altísimo nivel de contaminación que produce el uso de esta fuente de energía. Y finalmente, por si faltara algo parta completar este cuadro tan negativo, Trump ordenó una prolija revisación de todos los acuerdos internacionales firmados por su país, en especial durante la gestión de Barack Obama, relacionados con el cambio climático.
Tal vez no sería siquiera necesario recordar que Estados Unidos, junto a China, comparte el nada agradable posicionamiento de ser el mayor emisión de contaminación de la atmósfera debido al envío de gases con efecto invernadero, que son los que provocan los enormes agujeros en la capa de ozono, la que protege a la tierra de los rayos ultravioletas. Esos dos países emiten la mitad de gases que todo el resto en conjunto, y además existían acuerdos firmados por todos para ir reduciendo esos niveles de emisión, justamente lo que ahora Trump puso bajo la lupa, seguramente para incumplir lo convenido y darles de esa manera amplia libertad a sus plantas industriales.
Sin dudas una perspectiva altamente preocupante para el mundo entero, pues si la primera potencia mundial militar y económica se comporta de esta manera, qué cabe esperar del resto. Seguramente el mundo entero deberá afrontar las consecuencias de este clase de decisiones, como así también los propios estadounidenses, que verán como sus cursos de agua que atraviesa a los Estados Unidos comenzarán a contaminarse, constituyendo un verdadero despropósito y pudiendo confirmar una vez más que este presidente no cejará de ninguna manera, cualquiera sean los costos, en poder alcanzar su objetivo de revitalizar la industria de su país y volver a generar puestos de trabajo.
Una de estas medidas ya fue dispuesta, confirmando que no se trata de bravuconadas sino de hechos concretos y precisos, cuando instruyó a la Agencia de Protección Ambiental revisar una norma de 2025 dispuesta por Obama que otorga autoridad al gobierno federal para limitar la contaminación de las distintas masas de agua del país, como el río Mississippi, pero también con otras más pequeñas como arroyos no navegables y pantanos. De esta manera las mineras y las industrias podrán volver a arrojar sus desechos a estos cursos de agua.
Mientras tanto, el cambio climático se manifiesta en tormentas con mayor violencia, inundaciones que arrasan todo a su paso e incluso sequías que derivan en incendios en ocasiones trágicos. Los expertos coinciden en la necesidad de adoptar medidas sin perder tiempo para moderar el impacto de ese clima que cambia para peor. No obstante, Trump resuelve marchar a contramano -de manera unilateral- en un tema tan sensible en torno al cual es necesario consensuar políticas globales en defensa de la vida. 
Pero no termina en eso, pues según The New York Times, el presidente se apresta a firmar un decreto para iniciar un proceso de revisión sobre todos los acuerdos firmados por Estados Unidos sobre el cambio climático, lo que constituirá un verdadero tembladeral en el mundo, por el contundente cambio de posición, que seguramente llevará a muchos otros a seguir sus pasos. Y finalmente, por si faltara algo, el presupuesto tendrá un recorte del 17% en la asignación de recursos al medio ambiente, para direccionarlos hacia la compra de armamentos. ¿Hace falta añadir algo más?

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