¿Resiste México?

Editorial 09/03/2017
México es el principal afectado por las políticas de Trump.
Con la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, el mundo entero resultó conmovido por algunas de sus decisiones, pero de todos los países afectados, el más seriamente resultó México, tanto por lo institucional y humano con la persecución de los migrantes como por la construcción del muro, pero además, y muy fuertemente por las advertencias en lo comercial, con la aplicación de aranceles que perjudicarían claramente la entrada de productos mexicanos al territorio estadounidense.
Luego de escarceos que llegaron a una dura confrontación institucional al punto de ser suspendida una entrevista que iban a mantener el citado Trump y su colega mexicano Enrique Peña Neto -aunque luego mantuvieron un contacto telefónico que logró distender en alguna medida el tenso momento-, existe una enorme expectativa en buena parte del mundo por ver cómo logrará resistir México esta embestida, que puede ser determinante para los objetivos de Trump de cerrarse al mundo, según le vaya con México.
¿Podrá resistir México esta ofensiva de Estados Unidos? Una pregunta que sin dudas deja respuestas a media, porque si bien la diferencia entre uno y otro país es enorme, habrá también que tener en cuenta cómo reaccionará el resto del mundo, y esencialmente, como le irá a Trump en el futuro inmediato, ya que en estos comienzos de su gestión ha tenido que retroceder en muchas cuestiones, incluso con demasiados reemplazos en su propio gabinete de gobierno, con funcionarios recién designados, que no llegaron a superar cuatro semanas en sus cargos.
Hoy podría definirse el escenario con Estados Unidos en la acción y México en la disuasión, en este último caso tratando de convencer a Trump que de llevar adelante su plan -por ejemplo desactivar el Tratado de Libre Comercio- también sufrirá las consecuencias. Claro, que hoy hablar de diálogo y persuasión con alguien como el jefe de la Casa Blanca, con todo lo que ha mostrado, puede ser apenas una ilusión bastante lejana.
De todos modos, el presidente Peña Nieto tiene dispuesto considerar con EE.UU. no sólo los temas comerciales, sino absolutamente todos, como ser la migración, todo lo relativo a la seguridad y en especial en la zona de frontera, las amenazas terroristas, junto al tráfico ilegal de drogas y armas. Es que en caso de un distanciamiento agresivo con México, este país podría llegar a convertirse en una estación de paso para el terrorismo internacional, y con fácil acceso a los Estados Unidos, algo que si bien no es utilizado directamente, se deja deslizar en los análisis previos de tan delicada cuestión. Al fin y al cabo no es que México aliente ese tránsito por su territorio, pero si podría no disponer de todos los medios necesarios -que demandarían muchísimos recursos- frente a un escenario de esa naturaleza.
Pero eso no es todo, desde el gobierno mexicano, más precisamente del área de relaciones exteriores, se dice que "México tiene aún muchas fichas por jugar", apuntando por ejemplo a los migrantes centroamericanos que pasan por la frontera sur mexicana para de ahí ingresar ilegalmente a los Estados Unidos, y que de ahora en adelante, dejarían de ser controlados en caso de extremarse la tirantez entre ambos países.
El centro que tiene Trump en su mente es eliminar el superávit comercial que México tiene con Estados Unidos, de nada menos que 60.000 millones de dólares, el cual por su magnitud evidentemente no puede borrarse de la noche a la mañana, menos aún con medidas unilaterales e inconsultas como las que toma Trump, quien sigue manejándose como empresario, tomando decisiones sin límites.
Lo único seguro que aparece en el horizonte es una enorme incertidumbre, avalada por algunos detalles bastante curiosos, como que el dólar cotizaba a 15 pesos mexicanos cuando la campaña de Trump, pasando ahora a más de 20, y existiendo la posibilidad en caso de una confrontación dura con Estados Unidos, de pasar a valer 40 pesos, lo cual significaría un daño enorme para su economía por la falta de inversiones, la posibilidad de ida de compañías norteamericanas y en definitiva, la debilitación del superávit comercial. Como vemos, cada uno tienen sus cartas por jugar, aunque por ahora no pasa de advertencias y posibilidades.

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