La tormenta perfecta de la oposición y la CGT

Notas de Opinión 05/03/2017
Como en un videojuego de acción, al Gobierno de Macri siempre le aparecen adversarios. En medio de escasas buenas noticias en materia económica, la paz con la CGT terminó, justo cuando asoma el horizonte electoral.
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FOTO ARCHIVO NA TRIUNVIRATO. La CGT sale a la cancha esta semana.
El Gobierno insiste una y otra vez que la inflación cede, aunque a esta altura nadie puede afirmar en forma categórica que sea cierto. Quizás apenas es una ingenua expresión de deseos o bien pura estrategia política para limitar las negociaciones paritarias, que por cierto están muy lejos de los consensos mientras se instaló un clima de exasperación en el que confrontan funcionarios y gremialistas. 
El escenario económico no ayuda, pues el consumo continúa con indicadores negativos y por tanto la industria nacional y el comercio sufren por esa caída de ventas agravada por el impacto de las importaciones de bienes de consumo que siguen en alza. Y si la actividad económica no se recupera cruje el empleo mientras crece la sensación de que el poder adquisitivo pierde la carrera contra la inflación. Estas son las razones que explican la mayor combatividad de los sindicatos, aunque falta una: las elecciones de medio término de este año. 
En este contexto, Macri deberá soportar una demostración de fuerza este martes 7 de marzo del sindicalismo. Se trata de una protesta en la que, incluso, podría anunciarse un paro general. Los dirigentes gremiales se plantan ante un Gobierno dubitativo que no logra resultados en la economía real ni tampoco contagia entusiasmo como pide el presidente, Mauricio Macri, quien ahora pide no aflojar aceptando que su gestión tiene una nota inferior a la que alguna vez se había autoimpuesto. 
Sin embargo, lo que no admiten en la superficie los sindicalistas es la fuerte vinculación que tienen con el Frente Renovador de Sergio Massa. Si bien Macri procura polarizar con el kirchnerismo de cara a las elecciones legislativas, ese espacio multicolor del massismo no quiere resignarse a ser un espectador.
Dos de los tres integrantes del triunvirato que conduce la CGT son legisladores del Frente Renovador. El diputado nacional Héctor Daer -del gremio de la Sanidad y el legislador bonaerense Carlos Acuña -de estaciones de servicio- mientras que el tercero es el moyanista Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento). Y no hay que olvidar que Facundo Moyano, uno de los hijos de Hugo Moyano, también ocupa una banca por el Frente Renovador en la Cámara de Diputados. 
La realidad les da razones a la conducción cegetista para defender el trabajo. Y las elecciones le dan fundamentos para esmerilar el poder del Gobierno. En esta corriente de opinión se inscriben las declaraciones del ministro de Economía bonaerense, Hernán Lacunza, quien sostuvo que "no se puede analizar el conflicto docente de manera aislada, se está pretendiendo generar una tormenta perfecta, sería ingenuo no hilvanar todos estos acontecimientos con algún tipo de hilo conductor opositor al Gobierno".
Así, la creciente disputa entre el Presidente y los gremios tiene un trasfondo electoral evidente. En esta dirección avanzó el ex ministro y actual diputado nacional, Axel Kicillof, al sostener que "en las próximas elecciones se plebiscita la gestión de Macri". El también integrante de la Cámara baja, Felipe Solá, aportó lo suyo cuando expresó que "Si Macri y Cristina siguen jugando a la brecha, el Frente Renovador va pasarlos como alambre caído".
La CGT, entonces, es una pieza consistente del ajedrez político con fuertes vínculos al massismo, al igual que la diputada y líder del GEN, Margarita Stolbizer, quien consideró la necesidad de "salir de una perversa polarización que obliga a elegir entre corrupción y ajuste". Está claro que vincula a Cristina con el primer flagelo y a Macri con el ajuste mientras busca reposicionar a su, al menos hasta ahora, aliado Massa. 
Si la economía no reacciona entonces los problemas del Gobierno tenderán a incrementarse marcando una decepción para el electorado que hace dos años le dio la espalda al kirchnerismo por los elevados niveles de corrupción. 
En tanto, Cristina Kirchner continúa enredada en los tribunales federales, pero no lo suficiente. En este punto vale la pena rescatar una apreciación de Stolbizer cuando sostuvo que la ex Presidenta "tiene capacidad para obstruir el funcionamiento de la justicia". Y encima el martes deberá volver a declarar en el marco de la causa Los Sauces, justo cuando se moviliza la CGT.
La tormenta de la que habló Lacunza se está armando, pero aún es temprano para saber si será perfecta para arrastrar en las urnas al Gobierno de Macri, quien gestiona sobre un terreno que no deja de temblar. Las expectativas de los argentinos están licuadas, mezcla de la frustración con el actual gobierno y de la bronca que aún perdura con la gestión kirchnerista. Habrá que esperar qué sucede con el tiempo político.
 


Pedro Ulman

Secretario Redacción. Diario La Opinión

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