Ceschi

Información General 17/02/2017
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Políticos y sociedad

"Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece". Es un viejo eslogan. Suena duro, durísimo. Para nuestro consue­lo tiene parte de mentira. Para nuestro dolor, tiene parte de verdad. Y es bueno que no nos quedemos sólo con la parte. Que sepamos distinguir lo verdadero de lo falso.
Hoy por hoy, los argentinos ¿hasta qué punto tenemos los gobernantes que nos merecemos? Es más ¿hasta qué punto tenemos la clase política que nos merecemos?
Las encuestas hablan de un generalizado rechazo de la ciudadanía contra los políticos en general, salvando pocas ex­cepciones. Esta es una voz de alarma que los políticos deben escuchar. Pero es también una oportunidad para que la ciudada­nía descubra los valores que están escondidos bajo el manto ne­gro de esa mala imagen.
"La política nunca está disociada o segregada de las demás actividades en la vida de la nación. Enfrentar a 'ciudadanos' contra 'políticos' significaría plantear un falso dilema, pues existen siempre líneas profundas de interrelación social y cultural entre los diferentes sectores que tejen el destino público y privado de una sociedad. Y cuando se instala en las franjas mayoritarias de la población un sentimiento de hosti­lidad contra las dirigencias partidarias se suele generar una fragmentación del cuerpo social altamente dañina para los in­tereses generales del país. Una nación mutilada no puede abrir­se paso con facilidad hacia el pleno y armonioso cumplimiento de sus metas y objetivos trascendentes". Lo decía una nota edi­torial del diario "La Nación", que tiene su tiempo y no pierde actualidad. Agregaba entonces:
"Es imprescindible, por lo tanto, trabajar en favor de una reconciliación genuina y profunda entre la llamada clase polí­tica y el conjunto de la sociedad. Esa reconciliación deberá provenir de un doble esfuerzo. De las dirigencias partidarias corresponde esperar genuinos cambios: en sus comportamientos, procedimientos transparentes y saludables modificaciones en su estructura general de costos. Del resto de la comunidad ca­be reclamar una actitud de autoexamen, un análisis crítico de nuestras propias responsabilidades como miembros de una socie­dad".

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