Sensaciones y sentimientos

Información General 14 de enero Por
Una mujer muy golpeada
A muy pocos se les habrá ocurrido relacionarla con una mujer. Porque es incorpórea.
A ninguno se le habrá nunca ocurrido hablar con ella, a pesar de que su vocabulario y conocimiento del idioma son superiores a los de cualquiera de nosotros.
Está allí, como una madre invisible, diciéndonos discretamente al oído y a la razón cómo debemos hablar para poder entendernos sin dificultades.
Se llama Gramática. Gramática castellana, para más datos. No tiene esposo porque es imposible imaginarla “casada” con alguien y ese es un valor conseguido con muchos años de atención y respeto hacia los hablantes del idioma común.
Sabe lo que dice y comprende -aunque no aprueba- a los que le dan un giro distinto (¡a veces tan ilógico!) a sus leyes, dictadas por sabios y prudentes académicos, esos que antes escucharon atentamente a cada hablante.
En Argentina se están generalizando muchos de esos usos indebidos: cuando se dice “niños” se hace referencia a personas de pocos años de edad, sin que haga diferencia el sexo de cada uno ellos; si se pretende dar idea de totalización, es innecesario expresar “niños y niñas”. Por otra parte, no hace falta dar el toque femenino a las funciones: si una mujer ejerce una presidencia, debe llamársela “la presidente”, ya que “presidente” (deriva del latín “praesidis ente”) no admite femenino ni masculino, al igual que “intendente”, “dependiente” y “adolescente”, entre otras.
Quien acuñó la expresión “violencia de género” debería haberla registrado y así cobrar suculentos derechos de autor, por la rápida aceptación que tuvo en los hablantes. Suena expresiva y sonora, pero no define nada; si la víctima del acto violento es una mujer, lo preciso es decir “violencia hacia la mujer” y si ocurre dentro del hogar común, “violencia doméstica”. Si resultara que muere por ese acto, no se ha cometido “femicidio” sino “homicidio”. Más aún, “femicidio” no existe como palabra.
En otro orden, en cambio, están aceptados los vocablos “concejala” y “jueza”.
Ni las clases en las escuelas, ni las semanas de festejo, ni los campeonatos de fútbol pueden “arrancar” porque no tienen motor. Sí se debe decir que inician, comienzan o empiezan.
Una cosa es la “intención” y otra la “intencionalidad”, no son sinónimos aunque lo parezcan.
El caso más notable es el de “todos y todas”. Si alguien se dirige a un público con hombres y mujeres, solo debe decir “todos”, porque esa palabra incluye el conjunto. Hay un error conceptual que viene de la idea (equivocada) de que no mencionar explícitamente a las mujeres es discriminarlas o restarles derechos. La gramática es clara: todos es todos, sin distinción de sexo y con expresa inclusión del conjunto de asistentes o presentes.
El problema de hilar tan fino en cuestiones como estas es que, en lugar de hacer claro el lenguaje, estamos creando una confusión. En el uso de los medios de comunicación masiva (menos en los gráficos, donde hay una atenta corrección de textos), periodistas, personajes y funcionarios públicos incurren con frecuencia en la “creación” de vocablos al tratar de lucir un brillante uso del idioma.
Pero, a pesar de todo, la generalización de un mal uso no les da validez de correctos y aceptables.

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