En busca de... María Zunilda Brazeiro, testimonio

La Palabra 14/01/2017 Por
De allá ité Su infancia transcurrió en un paisaje rural donde la familia estaba radicada para dedicarse a la producción frutihortícola. Casi adolescente emprendió viaje a la capital del país para resolver lo laboral. Pero nunca olvidó los días en el campo, la escuela cercana, los juegos entre hermanos y el desafío de entrar a un mundo nuevo donde una población infinita compartía con ella las calles y los espacios cotidianos. Con su gesto amable y generoso, y decidida y emprendedora a la vez, como es habitual en ella, nos relata momentos de su rica historia personal como la de tantas mujeres provincianas que forjaron su destino con esfuerzo propio.
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archivo La Palabra - Vivencias: Aquellas del campo y las de la gran ciudad compartidas por Zuni a LA PALABRA

LP - ¿Dónde naciste?

Z.B. - Nací en Paso Ledesma, departamento Paso de los Libres, provincia de Corrientes. Un paraje rural. Mi padre se ocupaba de la chacra para plantar maíz, zapallo, que después vendía. Y mi mamá se dedicaba a la parte de la verdura.

LP - ¿Cómo era el lugar?

Z.B. - El lugar donde nací era una especie de pueblito donde había muchos vecinos, hasta que los hijos se empezaron a ir y después se llevaron también a los padres. Había terreno fiscal que lo compró un estanciero y desalojó a los que vivían ahí que eran como ocho casas. Nuestras casas se demolieron porque en un momento al estar desocupadas fueron a vivir delincuentes.

LP - ¿Y la asistencia a la escuela?

Z.B. - Había una escuela rural en la zona inaugurada por los años sesenta -porque antes no había ninguna- y había maestros que llevaban los estancieros para los hijos y esos mismos maestros le enseñaban a otros chicos. Mi bisabuelo donó un terreno para que hagan la escuela, pero como no se podía hacer en ese momento, mi abuela materna y un hermano dieron la casa paterna para que funcione ahí. Hasta mis trece años terminé en esa escuela, después hicieron la del terreno donado.

LP - ¿Quiénes iban a esa escuela?

Z.B. - Ahí íbamos todos los hijos de los empleados de las estancias de la zona. Hijos de los capataces, de los peones, porque tenían sus casas en los campos. La escuela estaba en el campo de mi abuela -era la casa de mi bisabuelo- en los años cincuenta cuando mi abuela y el hermano cedieron la casa para escuela. Porque el padre de ellos había donado a unos doscientos metros de ahí, una hectárea de campo para que hagan una escuela, que después se hizo. El edificio nuevo lo hizo el gobierno. En mi caso fui al edificio viejo porque el nuevo faltaba inaugurar cuando terminé sexto grado como era entonces. Seguí estudiando un par de años más ahí -porque yo quería seguir estudiando- pero en esa época supuestamente los padres no querían que las hijas mujeres estudien. Al pueblo no pude ir a estudiar, pero igual trabajábamos antes de ir a la escuela y cuando no teníamos clases lo hacíamos en la chacra con mis padres. Había dos aulas, después fue un salón grande con los pupitres, y en los cincuenta Eva Perón mandó todos los muebles que después se llevaron al edificio nuevo. Después de mucho tiempo la escuela se cerró porque se fue la gente de esa zona. Como también lo hicimos nosotros. Había gente que no tenía nada de nada, y en las fiestas patrias de la escuela se donaban cosas para repartirles.

LP - ¿Qué actividad realizaban tus padres?

Z.B. - Mi mamá por lo general se dedicaba a la verdura -lechuga, acelga, repollo, porotos, etcétera- y nosotros le ayudábamos tanto a ella como a mi papá. Se araba, se daba vuelta la tierra con el arado tirado por caballos, después se plantaba. Mi papá sembraba papa, batata, zapallo, sandía, melón, maíz en una hectárea y media más o menos. En esa época nuestros padres decían “hay que ir a trabajar” teníamos que hacerlo.  

LP - ¿Cómo comercializaban los productos?

Z.B. - La producción se vendía. Mi papá tenía gente que le compraba por ejemplo desde Curuzú Cuatiá. Ellos venían a ver y a tratar con él antes de la cosecha. Cuando se cosechaba mi papá les avisaba y lo buscaban. Teníamos algunos animales. De las ovejas y de las vacas nos ocupábamos con mi hermana y mi mamá. Llegamos a tener cuarenta vacas que ordeñábamos a mano cualquiera de nosotros porque de chicos nos enseñaron a trabajar.

LP - ¿Con qué se entretenían de chicos?

Z.B. - Jugábamos con todo lo de la naturaleza. Y como tenía hermanos varones, jugaba con el trompo, a la bolita, a la pelota, y mi mamá me corría. A las cartas no podíamos jugar porque mis padres -sobre todo mi papá- no querían porque decían que era cosa de vagos. Mis hermanos aprendieron a jugar a las cartas después de que salieron de al lado de mis padres.

LP - ¿La música estaba presente en el lugar?

Z.B. - Ninguno se dedicó a la música, la escuchábamos por la radio.

LP - ¿Qué reflexión hacés de aquellos años vividos en el campo?

Z.B. - Para mí fue todo bueno, porque era una vida muy sana. Lamentablemente me tuve que ir a Buenos Aires donde estaban mis hermanos porque en Corrientes no tenía trabajo. Me acostumbré de un día para otro, no me resultó difícil adaptarme, al contrario, cuando volvía a mi pueblo no veía la hora de volver a Buenos Aires.

LP - ¿Cómo iniciaste tu nueva vida en la gran ciudad?

Z.B. - Cuando llegué a Buenos Aires era el año sesenta y seis, trabajé de mucama, en una farmacia en Barracas, familia que también tenían otra en Mar del Plata con una fábrica de pulóveres de bremer. Hacía horario corrido y tenía libre la tarde. Pensaba en estudiar algo porque no quería seguir trabajando en eso. Empecé peluquería y me gustó desde el principio, dejé aquel trabajo, trabaje en la academia, después uno de los profesores me ofreció trabajar con él, donde conocí a Estela Raval que vivía a la vuelta y era clienta del lugar. Con el tiempo logré un trabajo de peluquera en el centro a partir de que puse un aviso. Después pasé a otra de la que terminé siendo la dueña. Le enseñé a mi hermana el oficio, ella me ayudó durante un tiempo. Siempre seguí con esa profesión en otros lugares. Lo conocí a Amadeo Monges, arpista descendiente de familia paraguaya, en el setenta y seis, fuimos novios desde el setenta y siete y nos casamos en ochenta y nueve.

María Zunilda Brazeiro -Zuni para los conocidos- nació el 25 de Septiembre de 1946 en la localidad de Paso Ledesma, Departamento de Paso de los Libres, provincia de Corrientes. Se radicó en Buenos Aires el 10 de Octubre de 1966.

por Raúl Vigini

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