Ajustar la arboleda

Editorial 07/01/2017
Se deben tomar los recaudos para ir reemplazando todos los árboles de gran volumen.
Después de estas muy duras y lamentables experiencias que debimos afrontar todos los rafaelinos, tanto con los dos recientes temporales como aquél de febrero de 2016, y además frente a la posibilidad que esta clase de meteoros puedan irse repitiendo cada vez con mayor asiduidad, como directa consecuencia del calentamiento global que afecta las condiciones climáticas con muy variadas manifestaciones, es oportuno ir tomando toda clase de previsiones posibles. Una de ellas, es la referida al arbolado de la ciudad, que en cada oportunidad de esta clase de fuertes tormentas, con vientos huracanados que llegaron esta vez a los 110 kilómetros por hora y por lo tanto con un enorme poder de destrucción, resulta seriamente afectado, y por lo tanto, causando daños colaterales en el tendido de cables, en viviendas, en automotores, además de la tarea que demanda reducir y acarrear esos grandes ejemplares, como así también todas las ramas y gajos esparcidos por casi todo el ejido urbano. Considerando también, tal vez como tema de mayor significación, el riesgo que constituye para la integridad física de las personas al ocurrir el derrumbe de estos grandes árboles, tal como pudo verse en muchos sitios de la ciudad, y que por ahora, afortunadamente, sólo causaron daños materiales.
Dentro del plan de forestación del municipio, además de la implantación de nuevos ejemplares en el marco del plan "Rafaela te quiero verde", se incluye también el reemplazo de estos árboles de exageradas dimensiones que se encuentran dentro del paisaje ciudadano, lo cual frente a estas nuevas características climáticas deberá ser producto de estudio para su aceleración, haciendo desaparecer un riesgo que se presenta latente ante cada uno de estos temporales.
Pero además existen también algunas otras causas que incrementan el riesgo, las que son puntualizadas por los vecinos a través de diversas maneras de manifestarse, sin recurrir a fundamentaciones técnicas ni mucho menos, sino haciendo uso del sentido común. Un punto de partida es la poda que se realiza todos los años, alcanzando sólo al ramaje inferior, incentivando de tal forma el crecimiento hacia arriba del follaje, y por lo tanto quedando más expuestos a los vendavales. Y si a eso agregamos que en la mayoría de los casos, lo cual pudo comprobarse estos días con ver esos grandes árboles recostados en las calles o las veredas, les fueron recortadas las raíces para evitar daños en las veredas e incluso en el pavimento o adoquinado, quedando prácticamente sin sustento y siendo por lo tanto fáciles víctimas del viento. En síntesis, gran follaje hacia arriba y casi sin raíces que los sostengan, forman una combinación poco menos que perfecta para estos tan frecuentes derrumbes, más aun cuando muchos de ellos están afectados por plagas o enfermedades que los debilitaron, en algunos casos causando ahuecamientos o simplemente el debilitamiento de la especie.
Esas especies enormes bien pueden ser conservadas en plazas y espacios públicos, o en determinados lugares que no constituyan un riesgo al desatarse grandes temporales, todo lo cual debe ser objeto de estudio, pero en cambio no tiene demasiado sentido continuar conservando esta clase de árboles gigantescos en las calles, avenidas o bulevares, donde pueden ser reemplazados con especies más acordes a las circunstancias, y por sobre todas las cosas menos peligrosos. 
En diversas ocasiones, y frente a planteos relacionados con los árboles de la ciudad, tanto para la extracción como la poda de los mismos, se expusieron limitaciones impuestas desde el área correspondiente del Ministerio de la Producción de la provincia, que cuenta con reglamentaciones muy específicas en cuanto a la conservación forestal. Habrá entonces que acordar un convenio, como en tantos otros rubros y poder llevar adelante una renovación mucho más amplia.
Queremos, y de esa manera lo hemos estado alentando desde siempre, una ciudad verde, con la mayor cantidad de árboles que sea posible. Nos conectan con la naturaleza, dan vida a través del oxígeno, embellecen la ciudad y nos ofrecen la posibilidad de un paisaje para disfrutar, pero indudablemente algunas cosas están cambiando en el planeta tierra, obligando a un proceso de adaptación, con ciertos parámetros que quizás poco tiempo atrás podían calificarse de desproporcionados.
 





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