Las lluvias vuelven a poner en jaque a nuestra región

Suplemento Rural 05/01/2017
Desde el 23 de diciembre el clima no da tregua para el sector rural del departamento Castellanos. Las precipitaciones de ayer profundizaron los problemas hídricos y dejaron prácticamente a toda la zona bajo agua. Las pérdidas podrían ser millonarias, como en 2016.

Rafaela y su zona de influencia vuelve a ser noticia nacional por las inclemencias del tiempo. Si tenemos en cuenta el agua caída desde los días previos a la Navidad en la región, fundamentalmente al oeste de nuestra ciudad, el total oscila entre los 400 mm y 500 mm, en un lapso no mayor a 12 días. Sin duda una eventualidad imposible de anticipar que llega en el momento más inoportuno, mucho más teniendo en cuenta la necesidad del campo de recuperar el tiempo y el dinero perdido en los últimos años.
Ayer por la tarde recorrimos la zona rural al oeste de Rafaela, escalando por la ruta 70, y encontramos una imagen dantesca. Caminos comunales imposibles de transitar, lagunas conformadas por varias hectáreas, y en el mejor de los casos cultivos que sobreviven entre charcos, animales sin terreno para descansar o con las patas enterradas en el lodo.
Otro golpe duro para la producción primaria, justo en el momento en el que el agro pretendía impulsarse, para darle otra fisonomía y otro volumen a toda la región.

UN RECORRIDO INQUIETANTE

Mientras en los cascos urbanos se cuentan evacuados, zonas afectadas, viviendas inundadas y se proyecta una cuantificación de daños, en el campo es todo pérdida. Partiendo desde nuestra Rafaela encontramos la zona oeste de Susana como un gran lago, con la obra de la Autovía de la Ruta 34 haciendo de contención de esa agua. Los cultivos prácticamente no se veían ayer por la tarde y la imagen genera una pregunta: ¿hay un estudio sobre el impacto de la gran modificación de la Ruta Nacional?
Más allá de esa situación estructural a simple vista la evaluación es sencilla: difícilmente se pueda recuperar los cultivos si el agua no baja inmediatamente.
Yendo hacia el oeste del departamento Castellanos recibimos datos de Saguier, que está a punto de perder su quinta cosecha consecutiva.
En el corredor de la Ruta 70, por otra parte tan perjudicada como siempre, colaborando negativamente con las peripecias a esta altura de las circunstancias, encontramos a Roca y sus ya tradicionales anegamientos. La zona lindera a la ruta se muestra con inundaciones importantes, con maíces de primera con varios centímetros desde la superficie y la latente posibilidad de la pérdida. Los maíces de segunda sufrieron directamente el impacto de las tormentas y al menos un 50% yace en el piso luego de los eventos climáticos.
Obviamente las hectáreas de soja también están seriamente perjudicadas, con el exceso de agua que empieza a socavar sus posibilidades de rendimiento o directamente de supervivencia.
Los pocos tambos que se observan desde la Ruta también se muestran anegados. En Vila tratan de llevar a los animales a zonas altas, haciendo recorrer a los animales por caminos convertidos en ríos, en los casos donde el agua corre. Un poco más al oeste la situación es igual complicada, en el caso de Ramona o Marini con muchas horas de encharcamiento, con la posibilidad concreta que se empiece a producir mortandad de animales por estrés.
En estos últimos la situación es más complicada por las inundaciones en los centros urbanos. Desde Ramona se bombea agua permanentemente desde el sector urbano hacia el sur, derramando el líquido en los campos lindantes.
La misma complejidad abarca el sector sur de la Autovía de la Ruta 19, con sectores que atraviesan un drama. Un corredor complejo se erige entre Zenón Pereyra, Esmerada, María Juana y el cruce de la 19 y la Ruta 13. En el centro, nuevamente como una de las más perjudicadas, Eustolia, que puede perder los pocos tambos que le hicieron frente y sobrevivieron a las últimas crisis del sector, climáticas o económicas.

¿HAY SOLUCION?

Por estas horas los productores miran hacia arriba, esperan que no llueva y que llegue el sol acompañado por un viento que seque. Pero más allá de la situación coyuntural, tan difícil, complicada y devastadora, es importante remarcar lo que sucedió apenas meses atrás.
Este panorama parece un dejá vú de lo que sucedió apenas en abril pasado, contexto que desnudó las incongruencias estructurales, la falta de resolución general, la poca inversión del Estado en forma de mejoras y las internas entre el sector productivo mismo. Todo eso por ahora quedará entre los temas futuros ya que la premura pasa por sacar el agua lo más rápido posible.
Es cierto que es imposible asimilar tanta cantidad de agua en estos pocos días. Pero no se conocieron medidas después de la última emergencia agropecuaria que tengan que ver la canalización o el drenaje de los campos. Aquello del mejoramiento de los caminos rurales quedó obsoleto ante este panorama y no se nombraron más los comités de cuencas hasta este momento.
Entonces, como una repetición, vuelve a hablarse de la necesidad de coordinar las cuencas, de la poca voluntad del Estado y de algunos productores para sacar el agua inteligentemente, aunque ello cueste algunas hectáreas propias, de fomentar políticas productivas que ayuden a bajar el nivel de la napa freática, y varios análisis más.
Hoy, en este enero impiadoso y traicionero, es tarde. Con el 60% del verano por delante, con registros de agua de 3 o 4 días igualando la mitad de las medias anuales, con los animales sin espacio siquiera para echarse, los cultivos a punto de perderse, las pasturas pendiendo de un hilo y la esperanza cada vez más larga, es tarde.

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