Otro gran temporal

Editorial 02/01/2017
Todo indica que los rafaelinos tendremos que irnos acostumbrando, y más que eso prevenirnos, por los grandes temporales.
Es muy probable que los efectos del cambio climático que están registrándose en el mundo, debido al recalentamiento de la corteza terrestre por la filtración por la dañada capa de ozono de los rayos ultravioletas del sol, tengan bastante que ver con estas fortísimas tormentas que cada vez más seguido nos afectan en nuestra ciudad, y por supuesto, también en esta zona centro de la provincia de Santa Fe. Es que aún siendo Rafaela, cabecera del departamento Castellanos, un pequeño punto en el planeta, no queda exceptuada de estas consecuencias nefastas que producen estas alteraciones del clima.
Otra vez, en el primer día de este 2017 y cuando apenas se llevaban transcurridas media docena de horas, un temporal de características inéditas -como lamentablemente debemos decir ante cada nueva oportunidad- se abatió sobre la planta urbana con todos los daños e inconvenientes comunes en esta clase de eventos: derrumbe de árboles prácticamente arrancados de cuajo, gajos y ramas cubriendo casi toda la geografía urbana, cables eléctricos y telefónicos cortados colgando sobre calles y veredas, carteles y toldos comerciales destruidos, antenas derribadas, voladuras de techos y tinglados, además del consabido anegamiento de calles y locales comerciales, como así también algunas viviendas. 
El número de estos episodios de destrozos y daños es lo que en realidad suele medir la intensidad del temporal, pero en esta ocasión existió un agregado como jamás anteriormente, al ser derribado el principal mástil de la ciudad ubicado frente al edificio de la Jefatura de Policía. Es cierto que en esta ocasión tenía los colgantes de cables con luces asemejando el árbol navideño del reciente festejo, lo cual seguramente fue un factor determinante para que esta vez cediera ante los embates del viento que llegó a alcanzar los 110 kilómetros por hora, lo cual habla claramente de la magnitud del fenómeno. Aunque también puede haber influido el lógico desgaste del material, considerando las muchas décadas que el mástil se encontraba emplazado en ese céntrico lugar de la ciudad.
De todos modos, más allá de las circunstancias que puedan llegar a verificarse, lo cierto es que este mástil había resistido muchísimos vendavales, pero este fue el que lo derribó, eso queda claro para considerar la posibilidad que esta clase de meteoros que antes eran excepciones -más allá de su intensidad- y ahora se están volviendo comunes.
En la excelente edición que LA OPINION distribuyó el sábado -con 164 páginas- se incluyó el Anuario de acontecimientos locales, y allí pueden volver a repasarlo los lectores, se dejó una amplia constancia de "una de las peores tormentas de la historia de Rafaela", como se calificó entonces a la ocurrida el 19 de febrero de 2016, la cual significó posteriormente una evaluación de pérdidas por 30 millones de pesos por los daños contabilizados. Al parecer, y lamentablemente, esta cita de "la peor de la historia" deba ser utilizada con la misma frecuencia que se produzcan esta clase de fuertes tormentas, como la sucedida en la mañana de la víspera, con abundante lluvia y un viento que anduvo por los 110 kilómetros por hora. 
Precisamente, y para dimensionar con mayor precisión lo que fue el viento de la mañana de ayer, en la definición de las categorías de los huracanes, se ubica al de categoría 1, a partir de los 118 kilómetros, y si bien se trata del huracán de menor intensidad y capacidad de daño, queda más que claro la fortaleza del temporal que nos afectó, y del cual ahora habrá que sobreponerse reconstruyendo lo que resultó dañado. Pero además, lo importante es que debido a esta cada vez mayor frecuencia de esta clase de vendavales, se deberán ir tomando las prevenciones que corresponden en materia de seguridad y equipamiento para asistir la emergencia, cada vez con mayor rapidez y eficiencia, como así también formalizar los anuncios sobre la proximidad de los mismos.
Cerramos con la misma reflexión del comienzo, quedando visto que de una u otra manera, nadie queda al margen de este cambio climático que estamos padeciendo, con consecuencias nefastas. Y lo aún más grave, todavía no vistas en su total dimensión y magnitud.

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