El premio limón

Notas de Opinión 31/12/2016 Por
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Bien sobre la hora de este final del año, la Justicia produjo dos hechos singulares, que venían siendo manipulados con los recovecos, maniobras y subterfugios que suelen ser tan habituales -con recordar que las causas de corrupción demandan un promedio de 14 años para resolverse-, como fue el procesamiento de la ex presidenta Cristina Kirchner bajo el cargo de asociación ilícita por lo ocurrido con la obra pública, y además, el rescate del archivo de la causa del fiscal Alberto Nisman para iniciar la investigación  sobre el memorándum con Irán. Aunque le aporten un cierto barniz no alcanzan de todas maneras para aliviar su situación, siendo indiscutida para llevarse el agrio Premio Limón de este 2016 casi a punto de expirar.
Se nos va un año realmente complicado, difícil por donde se lo mire y escarbe. Con la corrupción que nos acorraló por los cuatro costados, con algunos protagonistas que tratan de sostenerse en el candelero político e increíblemente, todavía con cierto respaldo de la gente; la situación social quemante y sostenida por el 32% de pobreza; varios desaciertos de mala praxis por parte del gobierno nacional, que comenzó a mostrar desmembramientos del "mejor equipo de los últimos 50 años", con Prat Gay y Constantini como ejemplos; la economía que sigue en recesión y con inflación cayendo pero en acecho; el caos total en que se convirtió poder moverse por ciertos lugares del país debido a los piquetes -de 52 que hubo la semana pasada, sólo 4 fueron por reclamos de carácter social-; la inseguridad que no afloja un centímetro. En fin, un verdadero festival de cosas negativas, que terminaron por asfixiar las positivas, que también las hubo. La más rescatable, y a la vista de todos, el clima de respeto institucional, la prevalencia del diálogo por sobre la confrontación, y algunas acciones macro del área financiera, pero claro, para que esto se vea y destaque con mayor claridad, falta llenar un poco más los bolsillos de la gente.
Pero cuando llegamos a la Justicia, lo suyo fue tanto y tan negativo, que no se le puede discutir el más alto pedestal del Premio Limón. Lo tiene bien ganado, aunque seguramente, sean mayoría quienes se desempeñan con imparcialidad, ecuanimidad y honestidad, sobre todo esto último, algo que debería ser norma, no excepción. Lamentablemente, quienes se ajustan a esta descripción se notan muchísimo menos que aquellos otros de actitudes veletas, militantes de vaya a saber qué causas, participantes de cuanto negociado se les presente, o siempre predispuestos a engrosar fortunas injustificables, en algunos casos parecidas a las de jeques árabes, con lujos que irritan en un país de tantas miserias, con un tercio de la población pobre e indigente. 
El procesamiento de Cristina Kirchner, su superministro Julio De Vido, del bolsero Lázaro Báez, el ex titular de Vialidad Nelson Peirotti y otros tantos funcionarios durante la década ganada, bajo el contundente cargo de asociación ilícita, es poco para ocultar lo mala que fue la actuación de la justicia este año. Aunque claro, si miramos un poco más atrás, cuando estaban las presiones y apretadas del kirchnerismo, la comparación es casi un lujo. El imperio de los "legítimos", que así y todo siguen ocupando espacios y trabando todo lo que pueden, produjo episodios difíciles de creer, como por ejemplo rechazar admisiones de las propias empresas de haber dado coimas, como el caso Skanska, por suerte ahora reabierto.
Algo patético lo tuvimos estos días con el caso Carrascosa, quien quedó libre por la muerte de su esposa Marta García Belsunce, aquella pobre mujer que terminó con 5 balazos en la cabeza, pero que según la familia había patinado en la bañera y golpeado contra una canilla. Familia que también trató de sobornar a una funeraria para su inmediata cremación. Un tribunal, fallo luego ratificado, lo condenó al marido a cadena perpetua; ahora, otra Cámara lo declaró inocente, yendo de un extremo a otro sin paradas. ¿A quién la creemos?
Y ahora, cuando el almanaque se quedaba sin hojas, llega esta decisión para reabrir la investigación del caso Nisman, cuya muerte se produjo hace casi dos años (18 de enero de 2015), que tal vez ahora se sepa qué circunstancias rodearon ese desenlace fatal por el contenido de la denuncia archivada por el juez Rafecas y los camaristas Freiler y Ballestero, quienes fueron definitivamente apartados. Si no tiene consistencia, que mejor entonces para los acusados el poder probar su inocencia, pero si sucede lo contrario, que afronten la responsabilidad como la cabe a cualquier ciudadano ante la ley.
Por todo lo dicho, que son apenas algunos de los sucesos de mayor repercusión, la justicia tiene bien asegurado el pedestal más alto del podio de lo malo que nos ocurrió este año, aunque es verdad, esta decisión sobre Nisman y el memorándum abrió la puerta de la esperanza para que 2017 sea mejor. ¡Brindemos por eso y por la esperanza!















































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