Se va el año

Editorial 31/12/2016
Estamos en los momentos de renovar la esperanza, que buena falta nos hace.

En estos instantes, cuando estamos a punto de dejar atrás otro año y nos disponemos a ingresar al flamante 2017, todos son buenos deseos, renovación de la esperanza, refuerzo del optimismo, y está bien que sea de esa manera, la ocasión es más que oportuna para dejar atrás sinsabores, malos momentos, esas instancias que nos suele deparar la vida cotidiana y que tan perjudiciales resultan, aunque sean inevitables o muy poco menos.
Es momento de balance, no del general aunque resulte válido, pues del mismo participamos pero no demasiado podemos hacer para modificar ese escenario tan complejo, y casi siempre con obstáculos y dificultades que escapan son lejanas a nuestras posibilidades, aunque de todos modos, es importante el aporte que podamos hacer, por modesto o insignificante que parezca. Aquello del granito de arena al desierto, o la gota de agua en el mar, tiene mucho de cierto, en especial cuando de afianzar la esperanza se trata. Sin embargo, y más allá de lo general, la ocasión es propicia para el balance personal, esa imaginaria recorrida por este 2016 que se nos está escurriendo en sus instantes finales, donde la sinceridad es la guía para desarrollar estos trazos que nos marcaron durante los doce meses, marcando todo aquello que nos fue positivo con el sostenimiento de la superación, pero muy especialmente detenernos con mayor espacio en nuestros errores y desaciertos, esos mismos que nos llevaron a equivocarnos, desviando tal vez nuestros verdaderos deseos y cayendo por lo tanto en el arrepentimiento.
Lo expresado puede resultar reiterado, seguramente lo es, pues cada año se reformulan toda esta clase de pensamientos, aspiraciones y deseos, aunque de ninguna manera eso le resta validez y significación.
Y aunque lo general nos alcance a todos, dentro de una diversidad de opiniones y posturas, es inevitable de obviar en estas instancias de balance y despedida, reforzando la perspectiva futura. Sin dudas este año fue muy complicado, mucho más de lo que se pensaba, con un cambio de gobierno nacional que provocó grandes conmociones, y hasta en algunos casos profundizó la grieta, esa que nos viene separando a los argentinos desde hace tanto tiempo. Es que se fue un gobierno que hizo de la corrupción una de sus banderas, en tanto que quien lo sucedió no colmó las expectativas que él mismo contribuyó a generar, dejando la clara sensación de no estar advertido de la dimensión real y profunda de la crisis en la cual se encuentra la Argentina, que demandará mucho más tiempo de algunos semestres para superarla, como es el deseo de todos.
Aunque claro, los deseos son una cosa y la realidad absolutamente diferente, lo vemos a diario con toda esta serie de reclamos sociales que generaron un clima de marcada hostilidad, enturbiando el presente y también el futuro inmediato. Es que en la Argentina recién está poniéndose orden, y al parecer no se lo hace de la mejor manera, quedando muchas asignaturas pendientes.
Pero no sólo de gobiernos se trata, sino también de la justicia, que nos deja un vacío enorme, profundo, cargada de zonas oscuras que enturbian el porvenir, pues lejos se está de esa imagen de la mujer sorda, ciega y muda con la balanza en sus manos. Cuando esto sucede, sin perspectivas de cambios profundos como se necesitan, la esperanza de un verdadero cambio queda seriamente lesionada. Y cuando eso sucede, conviviendo hijos y entenados, la situación se hace muy difícil de sostener.
La tan mentada inclusión, la mayor igualdad, la más equitativa distribución de la riqueza, es más una proclama mal utilizada que un objetivo real y buscado. Estamos muy lejos de eso, para lo cual se requerirá mucho tiempo, el que no disponen los marginados, los que integran esa enorme franja del 32% de pobres e indigentes.
De cualquier manera, sin evitar puntualizaciones necesarias, cerremos este último editorial del año con el color verde de la esperanza, que no es lo último que se pierde, sino que debemos consolidarla entre todos. Es posible. 
¡Que tengamos un feliz año nuevo!

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