Siempre en rojo

Editorial 17/12/2016
Las cuentas públicas no salen del rojo. En 10 meses 430.000 millones de déficit.
Tal cual lo dice el título de esta nota editorial: las cuentas públicas se encuentran en rojo, y no de ahora, sino desde hace varios años. Siendo esa seguramente, junto a muchas otras decisiones equivocadas, la razón fundamental del desequilibrio económico y financiero en que se encuentra nuestro país, sin por ahora, al menos es lo que se visualiza, con posibilidades de poder revertir la situación. Un objetivo que demandará varios años, uno de los pocos aspectos que aparece con claridad.
Es que contrariamente  a lo que se esperaba, al menos por las promesas y anuncios formulados durante la campaña electoral, el gobierno macrista luego de haber cumplido su primer año de gestión, no sólo no ha logrado reducir el rojo fiscal, sino que lo ha incrementado notablemente. De tal modo lo certifican los números del mes de octubre pasado, el décimo del año, cuando el déficit se incrementó un notable 336%, haciendo trizas a todos los cálculos y estimaciones inflacionarias, superadas al menos diez veces. Dejando porcentajes y hablando de dinero, octubre significó dejó un déficit de 77.500 millones de pesos, contra los 17.760 millones de igual mes de 2015, aunque cabe hacer la salvedad, que nunca se sabe con certeza desde qué parámetros se realizan las comparaciones, pues un año atrás los números eran maquillados y dibujados a gusto. Aunque, de todas maneras, tamaña diferencia no tiene justificaciones de ninguna naturaleza.
El gasto público, queda en evidencia, ha ingresado en una perspectiva parecida al desmadre. Un dato es más que elocuente y suficientemente revelador como para entrar en mayores análisis: en octubre los ingresos provenientes de la recaudación de impuestos y aportes y contribuciones crecieron un escuálido 23%, en tanto que el gasto corriente y de capital, sin tener en cuenta los intereses, subió 51%. Ya que mencionamos los intereses de la deuda, digamos que crecieron 154% pasando de 6.800 millones a 17.350 millones. Y por si faltara algo más para terminar de complicar todo este panorama financiero en que está sumida la Argentina, digamos que se duplicó el déficit de las empresas públicas, pasando de 2.280 millones a 4.440 millones, en igual mes.
Con estas pautas estrepitosas, no hubo otra alternativa que una fuerte suba del déficit acumulado en los primeros diez meses del año, llegando a 430.000 millones de pesos, sin contabilizar las transferencias del Banco Central -que aumentaron 81%- y de la ANSES -que subieron 53%-, ya que como en el anterior gobierno, se sigue utilizando el dinero de los jubilados para enfrentar gastos corrientes.
Comparando con el año pasado, el déficit anual creció 67,8%.  Si tenemos en cuenta una inflación anualizada de 40%, la acumulación de déficit excede generosamente ese porcentaje, lo cual parece ser el talón de Aquiles del gobierno de Mauricio Macri, que hasta ahora no le ha encontrado la vuelta al tema de las cuentas públicas. 
Sin dudas la recesión, la reducción y quita de retenciones junto a la mayor carga de los intereses por el aumento de la deuda para cubrir el creciente déficit fiscal, conformaron un cóctel que marcó el ritmo de este año, incluso con instantes de mucho mayor riesgo, que llegaron a comprometer seriamente la paz social, en especial en esta aproximación de las fiestas de fin de año, que tradicionalmente suelen generar un clima de belicosidad cuando las condiciones aparecen tan deterioradas como en el presente.
De acuerdo con cálculos que hacen economistas, este año el déficit fiscal terminará en 4,7% del PBI, contra 4,3% de 2015, esto sin considerar los pagos de intereses por la deuda, pues de ser así se llegaría a 6,3% del PBI, lo cual es realmente alarmante.
Cuando se alude a la disminución de ingresos, tenemos que por menores derechos de exportación, bienes personales, IVA y ganancias significó una merma de 219.000 millones de pesos, que representa el 2,3% del PBI. Por ahora no hay manera de compensarlo, pues se tenía fijado el objetivo de la reducción de los subsidios por medio del aumento de las tarifas, objetivo que resultó frustrado por las circunstancias conocidas, quedando ahora para 2017.

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