Sensaciones y sentimientos

Información General 17/12/2016
La venganza del olvidado Winco
Podríamos decir que fue cruelmente discriminado y que se lo condenó al ostracismo (palabra “dura” y antigua, lo que la hace más efectiva), sólo porque la tecnología desarrolló mejores aparatos para reproducir música: el tan utilitario Winco, obligado musicalizador de tantas fiestas, quedó en un rincón de cualquier depósito de algún anónimo técnico reparador de tocadiscos.
Sólo porque la tecnología se decidió por algo mejor. ¿No le revuelve eso las entrañas al lector sensible que quizás encontró su pareja ideal en una fiesta grupal improvisada, donde el sacrificado tocadiscos soportó, y mucho, la caída de cinco o seis discos de 78 rpm, uno sobre otro, mientras los concurrentes bailaban contentos y abrazados a las asistentes?
Sólo porque la tecnología encontró algo mejor. Un tango de los cincuenta (Antiguo reloj de cobre) dice en un verso “venganza del tiempo taimado y traidor”. El Winco se grabó a flor de surco esas palabras, como esas otras que dijeron aquéllos nostálgicos muchos años después, recordándolo con cariño junto a la púa y el vinilo.
La tecnología siguió haciendo lo suyo (no sabe hacer otra cosa y, además, para eso está y la utilizamos); la reproducción de la música fue pasando por distintos aparatos y calidades, mientras la sonoridad del valiente guerrero del sonido era cada vez más mirada con creciente desdén. Como quitaron de catálogo los hombres a la primera rueda, cuando la fabricación de automóviles fue cosa de todos los días.
Se llegó a la reproducción digital, una meta no esperada ni en los mejores sueños de futuro. El vinilo quedó sólo como ayudante de albañil en el sonido, que pasó a llamarse “analógico” para diferenciarlo del otro, el más sonoro y bello, nacido con la digitalización y el material que estaba en long play pasó al formato de 12,5 centímetros de diámetro. Una despedida final y sin fiesta para el vinilo.
De pronto, los Winco empezaron a mencionar otra vez la frase del tango “venganza del tiempo taimado y traidor”, cuando notaron que el pasaje de un sistema a otro provocaba un desnivel al acentuar demasiado los agudos con respecto a los graves, cosa que no pasó con las nuevas grabaciones originalmente digitales, entonces los Winco se sintieron nuevamente muy desplazados.
Un día (un dulce día, diría Pedroni) en las vidrieras de disquerías aparecieron envases de long play, con discos de vinilo adentro y también bandejas de ¡tocadiscos!
Estos nuevos equipos vuelven a aquellas fuentes. Mejoran el sonido, ya digital mientras utilizan el mismo material de los larga duración de los ‘50 agregando una excelente reproducción de sonido con actualísimos parlantes de equilibrado y fino nivel. Las púas y el vinilo surgieron nuevamente en una convivencia armoniosa y no competitiva con la producción en serie de formato CD.
Si pudiéramos entrar de noche a los lúgubres depósitos de material fuera de tiempo, veríamos a los Winco sonreír triunfantes: los vinilos de hoy tienen la mejor música de todos los tiempos, buscada por exigentes y coleccionistas que pagan sumas importantes por las bandejas reproductoras que, eso sí se aguanta el Winco, lucen más con el sonido digital.
También queda claro que eso no impide que el heroico y pionero reproductor saboree su venganza al ver que las bandejas actuales no tienen lo que él sí tenía ¡cambiador automático! y susurra satisfecho la frase tanguera, triunfante: ¡venganza del tiempo taimado y traidor!

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