Hogar Símeón: un lugar para aprender

Información General 17/12/2016
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Un día, mi hija Soledad, periodista de profesión y de alma, me dijo al pasar, lo conmovida que estaba por una nota que había hecho en un hogar de hombres mayores en situación de calle. Me comentó que necesitaban voluntarios para colaborar en distintas funciones…la escuché y me prendió la inquietud, le dije que les comentara que estaba dispuesta…pasaron los días, me llamaron, no me encontraron y con algunos problemas al no lograr comunicarnos, quedó todo inconcluso, hasta que un domingo en misa, más precisamente al final de la misa, el sacerdote solicitó voluntarios para colaborar con el Hogar Simeón y al salir de la misa me dijo, ese anuncio podría encuadrarse en lo que a vos te gusta. Me quedé pensando y lo puse en oración… Sentí como Dios cuando quiere algo de nosotros, nos interpela de distintas maneras, para que escuchemos el mensaje…a veces nos hacemos los distraídos y otras veces no, depende de muchos factores, por lo que no se puede juzgar a nadie, algunos aprenden antes, otros después, otros nunca…
Ahora bien, un día como tantos, salí a pagar cuentas, a hacer mandados y no me pregunten cómo terminé parada en la puerta del Hogar Simeón, entré, saludé tímidamente y pregunté por el encargado y llamaron a un tal Sebastián, gran personaje Sebastián, un joven que descubrió que la vida es aprendizaje y aprendió de cada situación, de cada golpe, de cada alegría, de cada decepción y no dejó que nada lo detuviera…avanzó en la vida y descubrió a Dios en el servicio, unió su vida a una mujer emprendedora, generosa y juntos enfrentan, con la colaboración de distintas personas y sacerdotes, el desafío del día a día.
Ustedes se preguntarán adonde quiero llegar y yo les respondo a ningún lado, sólo a contarles que encontré una familia hermosa, en donde me siento plena, útil y parte de algo que Dios generó a través de hombres y mujeres, dispuestos a darle sentido a sus vidas sirviendo. Cada uno de estos hombres que llegaron al hogar, tienen una historia que los marcó, que cometieron errores, seguramente, aciertos también, pero sus vidas fueron conducidas al Hogar Simeón, que como lo dice la palabra “hogar” es un lugar cálido, en donde cada uno cumple una misión y todos son importantes por igual y que se alegran, discuten, se abrazan, se ríen, conversan y rezan como en muchos hogares. Están contenidos y queridos y eso los hace sentirse personas valiosas, llamadas por Dios, por su nombre, para guiarlos en un rumbo diferente y que logre hacerlos sentir mejores personas y para que en lo posible encuentren en Dios un amigo que consuela y que no castiga. Dios no nos prometió que nuestra vida sería sólo un camino de rosas, sino que habría muchas espinas, que deberíamos poder sortear sin lastimarnos, pero si eso sucede, allí esta El para apoyarnos y sostenernos. La vida vulgarmente, asiduamente, se dice que es una oportunidad, pero es real, es nuestra oportunidad para conformar un proyecto de vida propio y libremente… a veces acertamos, a veces erramos, pero lo intentamos siempre.
Que representa para mí el Hogar Simeón…un lugar al que concurro con alegría, con ganas, con necesidad de encontrarme con toda esa gente que me trasmite aprendizajes de toda clase. Desde que voy al Hogar, siento que le di un sentido más profundo a mi vida, cuento con el apoyo de toda mi familia que me ve feliz. Gracias Hogar Simeón, por hacer de mí una mejor persona!

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