La película en la que se hace una radiografía de la ambición

El sitio Iprofesional resumió la vida del agente de bolsa Jordan Belfort, apodado como lobo de Wall Street. Se hizo rico en base al engaño, subió a los cielos y descendió al infierno. Su autobiografía inspiró a Di Caprio para llevar la historia al cine en compañía de Scorsese. Una película que revela la crueldad de los mercados financieros, aunque con tono de comedia.
Martin Scorsese ofrece una aguda radiografía de la ambición desenfrenada en "El lobo de Wall Street", una comedia alocada que protagoniza el actor y que describe el ascenso y caída de un agente de bolsa de Nueva York, que amasa una fortuna incalculable en base a la estafa.
Basada en la novela homónima del financista Jordan Belfort, "El lobo de Wall Street" llegó el jueves a los cines de Argentina con una poderosa reflexión sobre la engañosa fantasía del famoso "sueño americano", que parece no ser tal, ya que sólo es accesible -tal como queda claro en este film- para algunos pocos ambiciosos tramposos y desvergonzados.
La película es una nueva confirmación de la fructífera colaboración entre Martín Scorsese y Leonardo Di Caprio, su nuevo actor fetiche que -tal como pasó con Robert De Niro en filmes como "Taxi Driver", "Toro salvaje" o "Casino"- posee una relación fluida y casi simbiótica con el director que le otorga fuerza y verosimilitud dramática a cada historia.

JORDAN BELFORT,
VERDADERO LOBO
Jordan Belfort llegó al mundo de las finanzas en 1987 y en sólo un año consiguió hacerse con el control de Stratton Oakmont, una de las agencias de corredores más importantes del mundo, que operaba como "boiler room". En otras palabras, vendían bonos basura utilizando todo tipo de técnicas injustas, deshonestas y fraudulentas.
Se hizo famoso por montar fiestas descomunales en la misma oficina de la empresa, ser un confeso adicto a las mujeres de compañía y a las drogas. Además, también entró en la historia por comprarse uno de los yates más lujosos del mundo que originalmente iba a ser para Coco Chanel. Después, consiguió que naufragase en la costa de Cerdeña. En sus mejores momentos, cuando era el amo del corral de Wall Street, Belfort presumía de ganar más de 50 millones de dólares al año. En un sólo día, conseguía embolsarse algo mas de 12 millones de dólares.
Ganaba tanto dinero, que la mafia le colocó observadores para que aprendieran como era posible alcanzar semejante fortuna en tan poco tiempo. Pero sus excéntricos gastos llamaron la atención de los agentes del FBI, esos a los que una vez despachó tirándoles billetes en la cara.
Su declive fue tan estrepitoso como su ascenso. Fue imputado en 1998 por estafa y lavado de dinero. Belfort reconoció los cargos y se mostró dispuesto a colaborar con la Justicia norteamericana. Sólo pasó 22 meses en prisión, pero fue condenado a devolver 100 millones de dólares a los accionistas a los que había estafado. Todavía está pagando parte de la deuda.
Tras este episodio, Belfort dejó las drogas, pidió perdón y se volcó en la redacción de dos libros donde cuenta su auge, "El lobo de Wall Street'' y su caída, "Atrapando al lobo de Wall Street". Los beneficios que obtuvo gracias a las publicaciones le permitieron librarse de buena parte de su deuda.
En una entrevista con The Telegraph, Belfort reconoció que era emocionalmente inmaduro, inseguro y que tenía una predisposición a buscar la gratificación instantánea. "Quería siempre lo mejor, la suite presidencial, el Ferrari, una casa en la playa, la rubia más despanpanate, el vino más caro, un yate...Quería ser el rico de Wall Street definitivo", confesó.
Belfort vive ahora en un hogar modesto, un piso de tres habitaciones en un área relativamente barata de Los Angeles, y de los viejos tiempos sólo conserva un reloj Bulgari de 9.000 libras y el cuadro que tenía en el dormitorio de su antiguo yate. "Las personas tienen derecho a redimirse. He cometido algunos errores terribles. Pero un leopardo puede cambiar sus manchas" afirmó.

LA PELICULA
En tono de comedia desenfrenada, narrada en primera persona por el personaje interpretado por Di Caprio, la película sigue los pasos de Belfort desde su llegada a Nueva York, cuando aún era un joven provinciano ilusionado por insertarse en Wall Street, hasta que se convierte en un magnate de las finanzas, tan exitoso como corrupto y codicioso.
En base a una historia de tinte autobiográfica, Scorsese construye con destreza una comedia dinámica, de estructura clásica y humor delirante, cuya efectividad se basa en los excesos a los que Belfort y sus secuaces -una banda de charlatanes y buscavidas que lo siguen como a un profeta- se entregan gracias a las cuantiosas cantidades de dólares que ganan en sus operaciones.
Al principio, Belfort es entrenado en el negocio de la mentira y el engaño por otros "brokers" (intermediarios que cobran una comisión de la operación financiera que ayudan a concretar entre empresas y accionistas), pero a causa de una grave crisis internacional queda en la calle y, sin trabajo, se propone construir su propia agencia, "Stratton Oakmont".
Ese es el comienzo de una vertiginosa carrera como corredor de bolsa que lo convertirá en multimillonario y le dará la fama de "lobo" del mercado financiero estadounidense, gracias a un sencillo método de trabajo: vender a sus clientes la ilusión de una ganancia fácil que nunca llega y quedarse con enormes dividendos.
Belfort y su séquito de sinvergüenzas fomentan la fantasía de los incautos, a los que venden telefónicamente acciones de empresas de dudoso presente y escaso futuro, manipulando sus precios en el mercado para que sus clientes inviertan indefinidamente y se "enriquezcan" en los papeles, mientras los únicos beneficiados son ellos, que cobran en efectivo comisiones millonarias.

LA TRAMA
Iniciativa de Di Caprio, que consiguió la financiación y le llevó el proyecto a Scorsese, con quien ya había filmado "Pandillas de Nueva York", "El aviador", "La isla siniestra" y "Los infiltrados", la película aporta una mirada lúcida sobre el mercado financiero, la falta de regulación de las operaciones y la consecuente especulación que enriquece a unos pocos a costa de la pobreza de millones en todo el mundo.
Líder carismático, mentiroso y embaucador, Belfort logra que sus empleados lo sigan ciegamente, como fanáticos religiosos a un pastor, y así crea un verdadero imperio especulativo, que si bien lo lleva a vivir en la cresta de la ola, en un paraíso de impunidad y placeres ilimitados, también será, de manera paradójica, el motivo de su fracaso.
Y es que la obscena ostentación de sus excesos con el dinero, las drogas, las mujeres y las fiestas, la compra desmedida de bienes suntuosos, el despilfarro y la búsqueda permanente del placer, llaman inevitablemente la atención de un detective del FBI, que lo tiene entre ceja y ceja y hace todo lo posible para bajarlo de un hondazo.
Pero más allá del tono de comedia, la autobiografía de Belfort llevada al cine por Scorsese revela un estilo de vida propio del neoliberalismo que reina en la sociedad estadounidense, cuyos principales objetivos son el hedonismo, la autosatisfacción personal, el consumismo, la codicia, la especulación, el éxito y la fortuna desmedidos. (De Iprofesional con información de Télam)

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