Ceschi

Información General 01/12/2016
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SIDA: ¿castigo de Dios?

Cuando apareció el fenómeno SIDA entre los homo­sexuales, muchas fueron las voces que se levantaron para de­cir que Dios castigaba con esa pena los pecados de sodomía. No faltaron predicadores que recordaron el bíblico castigo a las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Con el tiempo fueron cayendo víctimas del SIDA otras per­sonas que nada tenían que ver con prácticas sexuales; in­cluso inocentes criaturas que, ya en su tiempo de gestación, se contagiaban del mal. En este caso hay quienes siguen pensando en el SIDA como un castigo divino, y dicen que las víctimas inocentes son las consecuencias de los pecados ajenos.
Pero volvamos a la pregunta inicial: ¿es un castigo de Dios? Para mí, como sacerdote, sería fácil cargar las tintas en esta dirección. A fin y al cabo, el ministerio de uno es­tá, entre otras cosas, para anunciar el Reino de Dios (es decir, todo lo bueno) y denunciar lo que se opone a él (es decir, todo lo malo).
Creo que la respuesta no es ni necesariamente afirmativa, ni necesariamente negativa. En el primer caso, porque nadie puede saber con exactitud si es un castigo infligido, en ca­da caso, directamente por Dios, o simple consecuencia de con­ductas, sean personales o ajenas. En el segundo caso, porque, mal que nos pese, Dios también castiga; aunque no siempre se­pamos cuándo ni a qué personas en concreto.
Lo que sí sabemos es que el SIDA es una enfermedad que se va multiplicando sin cesar. Hace un tiempo el país más desa­rrollado y con más fuerza económica -los EE.UU.- pasó a ocupar el primer puesto entre los enfermos de ese mal. En la Argen­tina, las cifras de portadores -asintomáticos y declarados- se expanden.
Dejemos de lado, provisoriamente, la idea de que el SIDA sea un castigo divino. Aún así, sigue siendo muchas veces cierto el viejo pensamiento que tal vez usted conoce: "Dios perdona siempre, los hombres cada tanto, la naturaleza nunca"...

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