¿Apertura o protección?

Notas de Opinión 29/11/2016 Por
No es cierto que una mayor apertura comercial favorecerá automáticamente al factor trabajo y generará un mayor bienestar de los trabajadores.
Por Vicente N. Donato (*)

El debate al cual estamos asistiendo en estos días sobre “apertura comercial o protección” está confundiendo a la sociedad argentina y contraponiendo de manera equivocada el interés de los consumidores con el interés de los industriales locales. El tema de debate es de gran importancia para el futuro del desarrollo económico de Argentina y merece un mayor análisis basado en datos reales, y no en teoremas ni en concepciones ideológicas.
Uno de los puntos centrales de la cuestión se basa en la presunta extraordinaria rentabilidad del sector industrial protegido y los resultantes altos precios de los bienes producidos localmente. El remedio para ello sería un mayor grado de apertura comercial de la economía argentina, mecanismo por el cual se lograría incrementar la eficiencia y el nivel de capacidad adquisitiva de los consumidores. Se argumenta que dado que Argentina es una economía que tiene mayor abundancia de trabajo que de capital, incrementar el grado de apertura económica traerá aparejado una mayor demanda internacional de los bienes argentinos intensivos en trabajo y, por lo tanto, un mayor salario real de los trabajadores. En síntesis, mayor apertura comercial, mayor eficiencia económica, más ocupación y mejores salarios.
Es importante analizar este argumento por partes.
El primer punto es la supuesta rentabilidad extraordinaria del sector industrial, especialmente de aquellos sectores productores de bienes transables intensivos en trabajo -poblados de PyME-, supuestamente protegidos de la competencia externa, tanto por el gobierno actual como por el anterior.
Este punto se contradice con la realidad que viven dichos sectores productivos en cuanto a tasa de natalidad empresarial. En efecto, si hubiera una real rentabilidad extraordinaria en algún sector, en ese mismo sector se debería observar un vigoroso proceso de natalidad empresarial. La misma rentabilidad extraordinaria -en un mundo de bajas barreras a la entrada como es el mundo PyME- debería estar atrayendo nuevas empresas e inversiones. Si hay oro libremente disponible, todos queremos correr a buscarlo. Muchas empresas deberían estar naciendo en los sectores industriales con rentabilidad extraordinaria.
Sin embargo, en las últimas décadas no hemos asistido a un proceso de trasvasamiento de inversiones de los sectores agrícolas, comerciales y de servicios al sector industrial. Todo lo contrario. Tampoco presenciamos un proceso de localización de empresas extranjeras ávidas por aprovechar la supuesta rentabilidad extraordinaria del sector industrial argentino.
No hay natalidad empresarial en Argentina, especialmente en los sectores PyME intensivos en trabajo. Al contrario, desde hace varios años experimentamos un proceso de destrucción de empresas, al tiempo que no se evidencia un vigoroso proceso de creación de las mismas. El resultado final es un completo estancamiento de la cantidad de empresas. Todo esto mientras la población crece. Resultado final: Argentina tiene menos de la mitad de empresas per capita que Chile. Hemos sido históricamente el país con la mayor cantidad de empresas industriales per cápita en América Latina, pero actualmente revistamos entre los últimos de la tabla de posiciones.
En síntesis, el punto de partida en el que se basa el debate no es real, no tiene comprobación empírica. Los precios son altos, pero evidentemente no por la rentabilidad extraordinaria del sector industrial. Es un tema que amerita mayor y mejor análisis. 
El segundo punto se refiere a la afirmación, basada en un elemental teorema del comercio internacional que sostiene que dado que Argentina es un país abundante en trabajo y escaso en capital, un mayor nivel de apertura comercial favorecería al trabajo aumentando su remuneración.
En este punto, y siguiendo este teorema elemental, es importante destacar que nuestro país no es abundante en trabajo, sino en tierra. Argentina es relativamente escasa en trabajo y capital, y abundante en tierra. La mayor apertura económica externa siempre ha favorecido la remuneración del factor tierra y no la remuneración de los factores trabajo y capital. Esta es la razón de base por la cual el sector agrícola siempre fue más proclive que el sector industrial (empresarios y trabajadores) a sostener políticas públicas de liberalización comercial externa. En esto Argentina se parece mucho a EE.UU. de principios del siglo pasado y bastante al EE.UU. actual (véase, por ejemplo, el triunfo de Donald Trump y de la posición proteccionista contra China y México en los territorios desindustrializados del llamado rust belt).
El último punto a destacar es que las teorías del crecimiento no prevén una relación simple entre políticas comerciales (aperturista o proteccionista) y crecimiento económico. Hay que ser muy cuidadosos con las afirmaciones que pueden llevar a tomar decisiones de políticas públicas en base a teoremas y que no tienen un fundamento empírico bien calibrado. El mismo Paul Samuelson, autor del célebre teorema Stolper-Samuelson sobre el comercio internacional, ha puesto en duda sus propias conclusiones cuando los países que intercambian bienes son demasiado diferentes en cuanto a dotación de factores productivos, tales como podrían ser, por ejemplo, China y Argentina.
¿Tenemos disponible en Argentina un respaldo suficiente de investigación seria realizada sobre este tema? Me temo que no. Las políticas comerciales no son completamente exógenas y casi siempre están acompañadas por otras políticas relacionadas, de manera que es muy difícil separar, aislar y medir sus efectos a través de indicadores simples que tratan de relacionar las restricciones al comercio con el crecimiento económico. 
En síntesis, no existe rentabilidad extraordinaria en aquellos sectores que más dificultades tienen para competir con las importaciones. No es cierto que una mayor apertura comercial favorecerá automáticamente al factor trabajo y generará un mayor bienestar de los trabajadores. Por último, no está demostrado que las políticas comerciales de mayor apertura unilateral traen como consecuencia más desarrollo económico. 

¿QUE HACER?
No diseñar la política comercial que afecta a millones de argentinos de hoy, pero sobre todo a las generaciones futuras, en base a teoremas. Nuestro país necesita más investigación empírica para la toma de decisiones.

 (*) Director Ejecutivo de la Fundación Observatorio PyME

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