Una guitarra ilustre, “Marquitos” Alcaraz

Sociales 20/11/2016
AQUELLA RAFAELA
Es un domingo de julio por la noche. Escucho las notas del tango “Recuerdos”, de Osvaldo Pugliese. Como si fuera evocando un verdadero recuerdo, la voz del locutor, anunciaba la presentación del “Quinteto Tango”, y allí, sobre el escenario, que es un poco parte de su vida, junto a los otros músicos, agachado sobre su “viola”, “garufera” y “vibradora”, como dice el tango... estaba Marquitos o el “Negro” Alcaraz...
Inconfundible, morocho, delgado, ojos saltones y una enorme sonrisa, un poco más viejo tal vez, pero erguido y siempre vigente. Me acomodé en mi butaca y cerré los ojos, como para escuchar mejor, pero también para recordarlo, como hace 45 años, allá en las viejas “milongas” de mi juventud. Y ahí lo tenía, ante mí, otra vez, como tantas veces, a este virtuoso guitarrista de la ciudad. Porque Alcaraz es también parte de la historia viviente de Rafaela, como muchos de nuestros músicos, que trasponen fronteras y se hacen grandes en el firmamento musical.
Volvieron a mi memoria, por un momento, como si estuvieran escondidos, olvidados, los recuerdos de aquellas orquestas donde él actuó, en los lugares más recónditos del país. Yo creo, pero no estoy muy seguro, que en el único lugar donde no tocó con su guitarra fue en la iglesia, pero después en todos lados y en diferentes géneros: melódico, característico, jazz, tango y folclore.
Donde escuchabas el “puntero” de una “bordona” casi seguro que estaba Marquitos. Todos los clubes de Rafaela lo vieron desfilar, con distintas orquestas, animando tradicionales bailes.
Pero Marcos no solamente es un músico excepcional; fue también un buen ordenanza del Banco Provincial. De allí tengo una anécdota, algo risueña. Cierto día, entraba apurado a realizar unas diligencias y lo vi, estaba pasando el piso; se dio vuelta y me gritó: “Pará Petiso, no te apurés, que esto está más ‘refaloso’ que teléfono de carnicero. Era el rey de los dichos, como se decía.
Pero, además, fue artesano... Pero, ¿qué fabricaba? Guitarras. En su “pequeño” taller, pacientemente, por la tarde, realizaba unos trabajos realmente estupendos. pero quién mejor que él para construirlas, si siempre las llevó en el alma...
Todavía lo veo por las calles, con su bicicleta cromada y el estuche con la “viola”, camino para alguna actuación. Todo un personaje, un “cacho” de historia de la ciudad. Amable, sencillo, siempre con un chiste o un cuento, para amenizar la reunión con los amigos. Un poeta de nuestras cosas, un poco el folclore de Rafaela. El también está siempre presente en la galería, en “mi” galería, la de los grandes. Esos “tipos” que todos los días nos hacen quedar bien a los rafaelinos. Con su hombría, su personalidad, pero sobre todo, puro corazón.
Cómo recuerdo aquella noche. Era un viernes del ´79, cuando mi amigo y compañero, el recordado cantor de tangos Alberto Reyes, tocó timbre en mi casa, mientras me decía: “Che Petiso, si no te importa, te venimos a tocar una serenata con los muchachos, una serenata como las de antes...”. Le contesté: “Sí viejo”; y ahí estaba, con sus guitarristas, el “Marquitos” Alcaraz... Yo les agradecí a todos, pero tenerlo al “Negro” en mi casa, fue algo que no puedo explicar, fue como un sueño hecho realidad. Y esa noche, entre tangos, valses y milongas, chistes y buenos tintos, la “tiramos” hasta las 4 de la mañana. Para mí, eso fue inolvidable...
Esta es la evocación a un artista, un poeta de la música, un amigo de todos, un hombre bueno.
Ya se escuchaban las notas del último tango, termina el espectáculo. Un grupo de compañeros de la orquesta le entrega al “Negro” un presente, algo que Rafaela le está debiendo, un homenaje mayor. Pero los muchachos estuvieron bien, muy emotivo. Quiso hablar pero solamente pudo agradecer, se emocionó mucho, como todos los que lo conocemos de toda la vida... Y casi llorando, sobre el escenario, miraba esa plaqueta, que era un poco el resumen de su vida.
Yo lo recordé, como en aquellos viejos bailes de Carnaval, todo un paisaje de nuestras costumbres ciudadanas. A lo lejos y en el tiempo, lo vi parado al Turco Cura en la puerta, aquel que no te dejaba entrar sin corbata; y sobre el escenario, el legendario Leonello Bellezze, con su voz inconfundible, presentaba el espectáculo: “Y ahora, el Club Argentino Quilmes, tiene el agrado de presentar al popular Sexteto Rojo, que dirige el maestro Tito Domenella, con la voz de Flores...”.
Cuántos recuerdos. Aquellas noches de verano, con un lleno total, todo era alegría, música, colorido, mientras “trenzado” en un “mambo”, con aquella “mascarita”, que me “cargaba”... lo alcancé a ver al Negro, allá muy lejos, con su traje multicolor, mientras la orquesta comenzaba aquella famosa marcha brasileña: “Davi, maravillosa, corazón de neu Brasil”..., con su amplia sonrisa, como aquel carnaval del ‘57, cuando, guiñándome un ojo, me gritaste desde el escenario: “No aflojes, Petiso, no le aflojes...”. Pero, perdoname hermano, hoy casi aflojé...

Este pequeño, pero sincero homenaje,
te lo dedico a vos, Marcos Alcaraz,
el guitarrista de la ciudad...

Escrito en agosto de 1998

Te puede interesar