Uso del casco

Editorial 19/10/2016
A pesar de la intensificación de controles, siguen altas las infracciones.

En los primeros 8 meses del año se hicieron 4.115 actas de infracción a motociclistas por circular sin llevar puesto el casco, tal como lo indican las normas de tránsito, en tanto que sólo en el mes de agosto esas constataciones alcanzaron a 852, quedando de tal manera plasmado que los controles se hacen, que la campaña de Protección de la Vida sigue adelante, pero así y todo queda la impresión que el uso del casco no puede imponerse masivamente, siendo en extremo difícil imponer esa metodología como cultura, similar como ha ocurrido con el uso del cinturón de seguridad por parte de los conductores de automotores, donde sí la campaña ha dado resultados muy positivos, quedando ya incorporado el sistema como una costumbre.
En cambio los motociclistas, no todos por supuesto pero sí una alta cantidad de ellos, parece estar aferrado a la transgresión de esa disposición del uso del casco, circulando con ese vital elemento de seguridad, pudiéndose puntualizar en primer término que se trata de un elemento decisivo en cuanto a la protección de su propia vida, lo que debe comprenderse como paso inicial para incorporarse a lo que debe convertirse en una costumbre, como parte misma de circular en motocicletas. 
La existencia de las transgresiones se aprecia no sólo en quienes andan sin casco, sino la intensificación que existe los fines de semana cuando se distienden los controles, y además la actitud desafiante que tienen muchos motociclistas movilizándose sin pudor frente a policías municipales ubicados en diversos puntos de la ciudad, sea detenidos controlando el tránsito o desplazándose en sus motocicletas. Prueba fehaciente de ello es la cantidad de motociclistas en infracción, tanto por no llevar casco como por la alta velocidad a que circulan, pasando frente a la misma sede de la Dirección de Tránsito en bulevar Yrigoyen, sin ninguna muestra de prudencia o temor por el personal uniformado que suele movilizarse por el exterior de ese lugar.
El informe sobre lo actuado en los dos primeros cuatrimestres del año, da cuenta además de otras infracciones constatadas: 417 por conducir motos sin licencia, 240 por no abonar el estacionamiento medido, 198 por no portar la tarjeta verde, 141 falta de espejos, 104 estacionar autos en sitios prohibidos, 86 no acatar las órdenes del inspector, y 70 no usar el cinturón de seguridad. Todo lo cual debe sumarse a las ya apuntadas por la falta de casco en motociclistas. Si bien los números son importantes, minimizan su significación cuando consideramos la altísima cantidad de vehículos que circulan en las calles de la ciudad, que ascendían a 81.724 a fines de marzo del presente año, pudiendo discriminarse en 42.643 motos y 29.583 automóviles, además de 6.218 furgones y camionetas, 2.387 camiones y 893 unidades especificadas como "otros", pero además, lo complejo que resulta la movilización del tránsito en las calles de la ciudad, especialmente en la zona céntrica, ya que la capacidad -en todo sentido, tanto para desplazarse como para el estacionamiento- se encuentra desbordada desde hace rato, y con empeoramiento notorio, lo que suele apreciarse en toda su dimensión los días de lluvia, cuando suelen formarse larguísimas colas de vehículos.
Otro de los aspectos que debe ser referido dentro de estas puntualizaciones referidas al tránsito, es la irascibilidad de muchos conductores que reaccionan de manera violenta durante los operativos de control, con actitudes absolutamente injustificables y desproporcionadas, contándose agresiones físicas a los inspectores, que incluso llegaron a ser cometidas mediante el uso de los propios vehículos atropellando a los fiscalizadores. Desde hace tiempo, los operativos se cumplen con la presencia de personal policial en prevención de esta clase de reacciones, producto de la violencia de la época, que se transmite con este tipo de conductas inadmisibles e impropias de una sociedad civilizada.
Lo que comenzó como una nota enfocada en el no uso del casco, inevitablemente avanzó hacia toda la conformación del complejo tránsito, algo que no es excluyente de Rafaela sino una problemática de todas las ciudades de la Argentina, combinándose escenarios no acondicionados, exceso de vehículos y crecientes transgresiones por parte de los conductores. Un cóctel explosivo y sin soluciones a la vista.


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