Apasionado por Dios y por su pueblo...

Información General 17/10/2016
Escribir algunas líneas sobre el Cura Brochero es un verdadero desafío. Uno tiene la sensación de estar ante un misterio de vida y de gracia frente al cual las palabras quedan chicas y más que iluminar terminan ensombreciendo. Leer mas ...

ROMA (Por Alejandro Sola). - Escribir algunas líneas sobre el Cura Brochero es un verdadero desafío. Uno tiene la sensación de estar ante un misterio de vida y de gracia frente al cual las palabras quedan chicas y más que iluminar terminan ensombreciendo. Es la sensación de vértigo que se tiene cuando se está de cara a un gigante. Este gigante que no fue José Gabriel del Rosario; el gigante que es Dios en él. El Cura Brochero se dejó “tomar” por Dios y por eso su vida y su obra quedan transfiguradas por la potencia, la hondura, la perdurabilidad y la trascendencia de la vida y de la obra de Dios.
Un hombre enamorado del Señor y de su pueblo, apasionado por vivir a fondo su vocación sacerdotal. Su devoción profunda, su caridad pastoral, su escucha atenta a Dios y a las necesidades espirituales y materiales de aquellos a quienes se le confiaba, su compromiso social, la “chispa” de su ingenio pastoral; la capacidad de “ver más allá”, de un modo grande y profético que no abandonó nunca la situación inmediata y concreta del hermano que tenía adelante; la capacidad de transformar desafíos y adversidades en nuevas oportunidades pastorales. Este es apenas un ramillete de aspectos que otros están en condiciones de profundizar mucho más que yo. Y esto considerando solo su obra en esta tierra. Porque, en verdad, el cuidado sobre su pueblo, las gracias que ha obtenido y los frutos de aquellas semillas del Reino que esparció por Traslasierra, siguieron creciendo después de su partida al cielo, hasta el día de hoy.
Solo me siento en posibilidad de compartir el simple testimonio de lo que he visto en estos días previos a la canonización y en la celebración. El Cura Gaucho sigue haciendo de las suyas. Emociona ver a Nicolás (el joven agraciado por el último milagro reconocido) con las ofrendas por la escalinata que lleva al altar de la plaza de San Pedro; este hecho extraordinario mezclado con ejemplos pequeños y sencillos de la vida cotidiana que muchas personas te comparten hablando del “curita” por intercesión de quien obtuvieron tal gracia, cómo los sigue cuidando y acompañando en cosas bien concretas, como solía hacer. Ver el paisaje de obispos, sacerdotes y religiosos de diversas diócesis (muchos nos hemos conocido en los encuentros nacionales de Villa Cura Brochero); fieles laicos de los distintos rincones del país aplaudiendo y vivando cada vez que se lo nombra, cargados de fervor y sano orgullo (el que se siente cuando reconocen a alguien muy querido); personas mayores, familias, jóvenes, un padre que lleva en sus hombros un niñito vestido de gaucho con una cruz en su mano y la bandera argentina en la otra.
Todo esto es una pequeña muestra de que al Curita Gaucho, el Curato de San Pedro y Villa del Tránsito le quedaron chicos; de que sus 74 años de vida le quedaron cortos. Dios, que siempre abre horizontes más altos, ahora le confía el cuidado de una “parroquia” que alcanza al mundo entero; y no sólo por unos años sino hasta el final de la historia. ¡Cuántos hijos nuevos en la fe, de distintos rincones del mundo que hoy empiezan a conocerlo, Dios le regalará al Cura Gaucho! Quizás él no llegó a imaginarlo, aunque creo que algo sí intuyó en aquellas palabras tan agudas y proféticas que dijo cuando la lepra lo asoció a Jesús crucificado, dejándolo aislado y casi sin fuerzas físicas: “es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de las vida activa y dejarme con la vida pasiva; quiero decir que Dios me da la ocupación de buscar mi último fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo”.
Curita Brochero rezá por cada uno de nosotros, por el mundo entero, por tu país que tanto necesita hoy como ayer del alimento material y espiritual. Rezá por tus hermanos curas para que sintamos el ardor de tu celo pastoral en esta maravillosa e inmerecida vocación que Dios nos regala, intercedé por nosotros para que reflejemos siempre el corazón de Jesús Buen Pastor y así, con la fuerza transformadora del amor de Dios, renovemos y animemos a renovar la Iglesia y la sociedad de nuestro tiempo.

El autor es sacerdote de la diócesis de Rafaela y estudia Licenciatura en Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Gregoriana.

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