Importancia estratégica del Sistema Educativo en el desarrollo local

Suplemento Economía 16/10/2016
En el corredor Rafaela - Sunchales funcionan seis universidades, tres institutos, dos Agencias Nacionales de Tecnología, y algunos centros de investigación. El desafío es determinar las actuales y las próximas áreas de vacancia para no superponer ofertas académicas. Y repensar las capacidades que requerirán los profesionales para cubrir la demanda de los sectores productivos para los próximos 20 años.
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FOTO ARCHIVO POSITIVO. Rafaela aumentó sustancialmente su oferta de formación superior en los últimos años.
Estamos acostumbrados a escuchar sistemáticamente que Rafaela es un modelo de desarrollo, que tiene la pujanza de su gente, que sus industrias alimenticias, metalmecánicas, de bienes muebles, servicios y el campo con su cadena agroindustrial han generado la prosperidad y el desarrollo. Mucho se comenta en todos los ámbitos de su gente, del entramado institucional y de su capacidad de articular gobierno, estado, empresarios e instituciones intermedias. Si sumamos a esto y analizamos su zona de influencia, vemos que se ha generado también un importante desarrollo en el corredor Rafaela - Sunchales que reúne ciertamente características que son importantes para estudiar.
En este contexto sería interesante poner el eje en el rol que han desempeñado las instituciones de formación terciaria y universitaria para el desarrollo y la formación de capacidades en el territorio. Realizando un relevamiento en el mencionado corredor podemos observar que se encuentran asentadas con ofertas académicas de distinto tipo las siguientes universidades e instituciones terciarias: Universidad Tecnológica Nacional, Universidad Santiago del Estero, Universidad Ciencias Empresariales, Universidad Católica de Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, Universidad Nacional de Rafaela, Instituto del Profesorado, ITEC Rafaela. Las mismas vienen desarrollando no solo procesos de formación profesional, también se han integrado a los procesos de I+D+i con los organismos públicos y privados del territorio.
Un rápido  relevamiento en el mencionado corredor nos permite observar que se encuentran asentadas seis universidades, tres institutos, dos Agencias Nacionales de Tecnología, y algunos centros de investigación. La integración de este mapa no es una casualidad, es el resultado de una infinidad de procesos que determinaron las necesidades y elaboraron herramientas en forma conjunta para dar respuestas estratégicas.
Frente a este escenario, se presenta el desafío de determinar las actuales y las próximas áreas de vacancia para no superponer ofertas académicas, pero fundamentalmente en repensar las capacidades que requerirán los profesionales vinculados a los sectores productivos y del desarrollo de nuestro territorio para los próximos 20 años.
En un futuro no muy lejano, dejaremos de utilizar masivamente los motores a combustión, pasa pasar a automóviles eléctricos, la matriz energética tendrá un gran componente de energías renovables, los commodities deberán llevar mayor valor agregado, la nano tecnología será moneda corriente en los procesos industriales, los robot ocuparán los procesos mecánicos y tediosos, la industrias tendrán que innovar para competir en un mundo ávido por nuevas tecnologías. Estos nuevos escenarios deberán estar acompañados por un mayor cuidado del medio ambiente y de mejores condiciones laborales que preserven la calidad de vida y el desarrollo territorial sustentable.
Se requerirá entonces una estructura de servicios y capacidades, altamente tecnificados que den soporte y respuesta a estos nuevos paradigmas, en el contexto de una revolución tecnológica permanente que va transformando las estructuras productivas en un mundo globalizado que demanda innovación y creatividad.
Frente a estas reflexiones surgen un sinnúmero de interrogantes y retos, como por ejemplo: ¿estamos preparados para determinar los futuros requerimientos de nuestros procesos productivos y de servicios? Luego, si podemos identificar las necesidades, deberemos repensar si la formación puede ser cubierta con los planes de estudios actuales, o será el momento para replantear alguna de las ofertas académicas de la región, optimizando recursos y evitando las superposiciones innecesarias, para pasar a un marco colaborativo y de articulación entre las distintas casas de estudio. En este aspecto nuestra ciudad, tiene un camino ya realizado en el marco del CUR (Consejo Universitario de Rafaela), una herramienta innovadora, de participación y diálogo que seguramente deberá tenerse en cuenta como un actor más en este proceso.
Tampoco podemos olvidarnos del rol del Estado, el cual deberá impulsar estos procesos de reflexión, aportando toda la experiencia de la articulación público - privada y finalmente generar las políticas que favorezcan a la formación de capacidades que permitan el desarrollo local.
Las agencias e instituciones de investigación y apoyo deberán jugar un papel fundamental para poder innovar en sus servicios y dar respuestas a los nuevos requerimientos que se plantearán a corto y mediano plazo. Si bien en nuestra región hay  algunos procesos para pensar sobre los próximos 20 años, el aspecto educativo y de formación requiere una especial atención, el capital humano, las capacidades de sus empresas y profesionales  van de la mano de su formación educativa en sus tres niveles.
Si consideramos la Encuesta a Estudiantes que finalizaron estudios secundarios en 2015, realizada por el ICEDEL (Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local), podemos observar que aproximadamente el 65% de los estudiantes secundarios que tienen la intención de seguir estudiando lo harán en Rafaela, esto nos plantea una gran responsabilidad en la planificación de las distintas ofertas educativas, ya que en nuestra ciudad se estarán formando el 65% de los futuros profesionales que seguramente desarrollarán sus actividades en la región y deberán dar respuesta a los desafíos y requerimientos que planteábamos anteriormente.
Evidentemente la respuesta a qué perfil de profesionales debemos tender y con qué capacidades deberán egresar no es una sola, ni puede ser elaborada unilateralmente por una institución educativa, ni una organización intermedia, ni por un sector del Estado, ni por un único sector del territorio. Esta deberá ser una instancia de diálogo y reflexión de todos los actores, en donde la planificación, la coordinación y la optimización de los recursos nos permita generar desarrollo humano, social, educativo y tecnológico sostenible en el tiempo, que brinde una respuesta adecuada a las necesidades de nuestra región en corto y mediano plazo. Este es el desafío que nos aguarda.

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