Amor y agradecimiento

Carta de Lectores 16/10/2016
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Sr.  Director:

Engendrar un hijo o una hija es un milagro que Dios hace posible en la mujer, producido por la unión con el hombre. La Santísima Virgen María es una excepción, pues fue favorecida por Dios, concibiendo y dando a luz un hijo, Jesús: Evangelio según San Lucas Capítulo 1,  versículos 30 y 31.
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y se lo llamará Hijo de Dios”: Versículo 35. María, es madre de Jesús y también nuestra madre: Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien amaba, Jesús le dijo: “Mujer , aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”: Evangelio según San Juan, Capítulo 19, versículos 26 y 27.
Hago estas menciones, con gran amor hacia nuestra madre del cielo, la que merece toda nuestra adoración y veneración. Ese milagro que Dios hace en la mujer, son los hijos y las hijas; por ello en el Día de la Madre, elevo mi adoración y agradecimiento a Dios y a la Virgen María, por haberme concedido la gracia de ser madre.
 MADRE palabra tan corta que encierra tanto amor, abnegación, renuncias, incondicionalidad, estar atenta a las necesidades, siempre presente, con espíritu de lucha y en oración. También mi agradecimiento y amor, hacia mis hijos y mis hijas por hacerme sentir una madre, plena y feliz.
Cuántas palabras hermosas pueden salir de los corazones que aman y más aún de los padres, biológicos y del corazón, en los que ese corazón late con igual fuerza y pasión, hacia los amados hijos y amadas hijas. El corazón habla con sinnúmeros de palabras, frases muy bellas, distintas, pero iguales en su significado.
Queremos compartir con ustedes, queridos lectores, nuestros sentimientos traducidos en palabras y en hechos hacia nuestros hijos y nuestras hijas: Desde que Dios nos trajo al mundo, sólo eran nuestros deseos tenerlos. ¡Sí, queridos hijos, queridas hijas! Ustedes eran nuestra meta, nuestro sentido de vida y queremos que en el momento que Dios nos llame a su Gloria, cerrar los ojos con la satisfacción, de haberlos amado, cuidado, respetado y de saber que físicamente nos vamos de este mundo, pero quedamos vivos en sus corazones.
 Queremos ser perfectos en todo, llenarlos de amor, comprensión y darles con la ayuda de Dios una vida llena de felicidad. Perdón si fallamos en algo, no es nuestra intención, pero somos seres humanos. Deseamos que en sus corazones lleven siempre grabado que sus padres los aman con una profundidad y extensión que no tienen fin. ¡Hagan frente a la vida y cuando se sientan caer recuerden el amor de Dios y el nuestro!

Ana María Abuh Arias de Abeillé
Eduardo Abeillé
Rafaela

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