Nueva modalidad de estafa por WhatsApp a vendedores

Policiales 11/10/2016
Escriben desde un número del exterior, supuestamente interesados en un artículo publicado en internet. Piden concretar la operación lo más rápido posible para llevar a cabo el engaño. Cómo operan y cómo evitar caer en un fraude. Una explicativa nota publicada en Rosario3.com
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FOTO ARCHIVO ESTAFA. Todos los intentos provienen de países africanos.
La llamada “estafa nigeriana” no es nueva en el mundo de internet. Viene desde aquellos mails -en los albores del propio e-mail- de remitentes extranjeros que prometían sorpresivas y millonarias herencias de un supuesto pariente lejano, y que terminaban pidiendo ellos un adelanto de dinero para la tramitación. Pero como todo, los intentos de engaño online se adaptaron a las nuevas plataformas y ahora tienden anzuelos por WhatsApp. Sus blancos, por lo general, personas que publican artículos a la venta en la web, con sus números telefónicos a la vista.
El comercio electrónico crece en volumen y en adeptos en todo el mundo. Y es, por lo general, una buena y cómoda manera de comprar y vender, pero siempre es fundamental tomar recaudos. A los riesgos más corrientes y conocidos, ahora se suma otro: la aparición de “interesados” -desde teléfonos foráneos- en adquirir lo que uno ofrece, pero que en realidad sólo persiguen fines de fraude.
Son varios los casos de vendedores -por lo general, particulares que exhiben algún producto que puede ser usado pero de alto valor- que son contactados con mensajes desde números con extraños prefijos. Usualmente, +234 (Nigeria), donde alguien saluda en inglés y pregunta si el artículo aún está disponible. Y luego, sin demasiadas consultas -a veces ninguna-, se expresa urgido por concretar la compra.
Rosario3.com comprobó un episodio reciente, que involucró a un número local. “Hello, is your item still for sale?”, preguntó un desconocido por WhatsApp, sin precisar por qué producto consultaba si seguía en venta. La charla derivó en una cámara fotográfica que efectivamente estaba publicada en un sitio de e-commerce nacional. Y como el vendedor dijo tener dos, su interlocutor enseguida manifestó su intención de comprar ambas.Al encontrarse ante un número y un idioma extranjeros, la pregunta resultó inevitable de parte del dueño del aviso: “¿Estás en Rosario?”. La respuesta fue: “No, soy de Inglaterra, quiero hacer la compra para mi hijo que está en Nigeria, un regalo para su cumpleaños”.
Hasta allí, podía tratarse de una situación normal, si bien a todas luces sospechosa. ¿Por qué un ciudadano europeo querría comprar a otro de Argentina dos artículos electrónicos usados, uno de ellos tal vez obsoleto, para enviar a algún rincón de Africa? No se trataba de objetos de colección únicos ni mucho menos. Otro detalle que daba a dudar: ante la promesa de prontas respuestas sobre las condiciones de envío, todo era apuro de parte del eventual comprador. “Look, let me tell you we have to do this fast” (“mirá, tenemos que hacer esto rápido”). O frases para intentar dar seguridad: “Voy a pagar por PayPal (servicio global de pagos para el comercio electrónico) o por transferencia bancaria”. Además, aportando -sin que todavía fueran solicitados- datos del supuesto destinatario de la encomienda, con nombre y dirección en la ciudad nigeriana de Ibadán.
Un par de búsquedas en internet acerca de eventuales estafas con teléfonos de Nigeria fueron suficientes para que el vendedor se informara y desistiera. Avisó entonces al presunto interesado que no podía hacerse la transacción. Del otro lado, donde siempre había alguien atento en avanzar rápidamente con el despacho de las cámaras, ya no hubo más respuesta. Por fortuna -y sobre todo por su precaución-, el vendedor no había brindado aún ninguna información personal ni bancaria.

COMO INTENTAN
EL FRAUDE

“Cortar la comunicación es lo más prudente. Desde este año, algunos estafadores se están empezando a comunicar por WhatsApp, con personas que publican cosas en sitios donde exponen su número de teléfono”, explicó Gustavo Talaván, especialista en seguridad informática.
Según precisó, muchas veces los timadores ofrecen depositar una parte del importe total y exigen el envío con la promesa de completar el pago luego, algo que nunca sucederá. O, directamente, argumentan que en su país no pueden abonar las comisiones del banco o del sistema de pago virtual, por lo que solicitan que lo haga el vendedor para destrabar así una transferencia en realidad inexistente. Es decir, no sólo no giran dinero alguno, sino que intentan robarlo.Talaván, que también es periodista dedicado a tecnología e internet, dijo saber de otros sucesos muy similares al de Rosario relatado más arriba, con usuarios de Buenos Aires. Por ejemplo, uno que ofrecía, a través de un clasificado en línea, un valioso repuesto de un auto de colección, que despertó el supuesto interés de alguien que también pedía mandarlo al continente africano.
Fuentes de una compañía de correo internacional reconocieron a Rosario3.com que son numerosos los casos, en los últimos meses, de personas que despachan productos a países como Nigeria. Y que luego, al saberse estafados, acuden a reclamar que se frene el envío. Pero ya es poco lo que se puede hacer.
Otros lugares donde se detectaron bandas delictivas de este tipo son Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana, Togo, Benín y Sudáfrica. Existen organizaciones que operan con un alto nivel de profesionalidad y logística. Tienen oficinas, números de teléfono fijo, fax y celulares, y hasta sitios webs que simulan a los de empresas de correo o de pago. Desde allí, suelen enviar links engañosos a sus víctimas para probar, por ejemplo, falsos pagos realizados.
Una variante de la maniobra fraudulenta persigue contactar a vendedores, sobre todo de casas o vehículos, para no sólo quedarse con sus bienes sino también con los datos personales de las víctimas y realizar otras operaciones a nombre de ellas.

TENER EN CUENTA
AL PUBLICAR 

Para ventas internacionales por internet, es mejor usar sitios que tienen medidas de seguridad y privacidad mayores”, sugirió Miguel Angel Genovese, secretario de la Asociación Civil Ojo Ciudadano, consultado por este medio.
Dicha entidad rosarina, que entre otros objetivos persigue la defensa de usuarios, consumidores y ciudadanos en general, no registra por el momento denuncias de intentos de estafa por WhatsApp. “Pero es lo que se viene en este tipo de engaños, que antes se hacían por correo electrónico”, dijo Genovese.
En realidad, las denuncias por estos hechos suelen quedar en nada, debido al cúmulo de trabajo que existe –en ámbitos judiciales– y también a que, si bien hay convenios de compraventa internacional, estos sólo contemplan algunas pautas genéricas y el tema está poco regulado”, apuntó. Coincidió con Talaván en que “la recomendación es siempre cortar el diálogo cuando uno sospecha” del que está del otro lado. Y subrayó: “En ningún caso de venta debe haber un desembolso del propio vendedor, salvo tributario o el pago de algún servicio de intermediación, pero se realiza ante esa empresa”. (Fuente: Rosario3).

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