¿Quién lo arregla?

Notas de Opinión 09/10/2016
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Dentro de las escasas coincidencias que existen hoy en la Argentina, si hay algo que va quedando bastante claro, admitido tanto por propios como extraños, es que luego de transcurridos los primeros diez meses del gobierno de Mauricio Macri, no pueden pedirse demasiadas cosas, por empezar la institucionalidad y el orden perdido, que no es poco, y tantas otras cosas en esa misma línea, pero esencialmente la aparición de algunas soluciones de cuestiones básicas, directamente enfocadas en lo social, ya que allí el tercio de argentinos sumidos en la pobreza y otros tantos muy cerca de estarlo, carecen del tiempo y las condiciones para seguir esperando. Hoy, el esfuerzo es estar corriendo como bomberos por el fantasma que se agita para diciembre.
Hemos legado a extremos donde ya no alcanza ni una gran cosecha, como la que aparentemente se viene, ni tampoco algunas muletillas que quedaron bien grabadas, como aquella de que lo que se roba de día crece de noche. Le es adjudicada nada menos que a George Clemenceau -médico, periodista y premier de Francia-, quien tras visitar el país en 1910 en ocasión del centenario, dicen que dijo "los argentinos roban y destruyen durante el día pero por la noche el trigo crece y las vacas fornican con lujuria". Aunque como vemos, tuvo algunas pequeñas adaptaciones al modismo popular, sin que de ninguna manera altere su sentido.
De lo contrario, en la misma línea, tenemos también la expresión del gremialista y pensador Luis Barrionuevo, cuando en los años ´90 y siendo parte del gobierno de Carlos Menem dijo aquella recordada frase -no decimos inmortalizada pues le queda grande- "si dejamos de robar dos años la Argentina se arregla sola". En ese entonces, y eso que los menemistas no eran lerdos ni perezosos para meter la mano en la lata, le costó muchos problemas. Hoy en cambio, después del vendaval de corrupción del kirchnerismo, más de uno debe estar coincidiendo. Con dos años tal vez no se habría arreglado todo, pero los problemas serían muchísimo menos graves.
El panorama es de impaciencia, ansiedad e incluso agotamiento, en especial por parte de quienes respaldaron al macrismo, pero si la Argentina no se arregla ahora, entonces ¿cuándo? Está claro que no se tenía un diagnóstico correcto, pues de ninguna manera pudo haberse prometido mejoras en un solo semestre. El objetivo era bajar el gasto público, una condición elemental para alcanzar soluciones, y no sólo no se ha logrado, sino que ha aumentado. Hay más déficit hoy que antes con los K, un dibujo que sin dudas desgasta, con dos únicas alternativas por delante: seguir con la maquinita emitiendo o aumentar el endeudamiento.
Pero existen atenuantes, por empezar el paneo de situación errado que tenía el gobierno, todo lo que encontró fue mucho más serio de lo pensado, aunque esto de echarle la culpa "a la herencia" cada vez tiene menos efecto para conseguir paciencia, se puede usar un tiempo pero después se vuelve en contra. La desmedida oposición del kirchnerismo, que desde el mismo inicio de gestión se dedicó a generar obstáculos y un clima adverso, si bien muchos mascarones cada vez que aparecen declarando no hacen otra cosa que darle aire al gobierno. Son verdaderos pulmotores, y además, manteniendo siempre a flote la intringulis ¿cómo estaríamos si hubiese ganado Scioli? El caso de la ex presidenta Kirchner debe ser único en el mundo: a los tres meses de dejar el gobierno -sin siquiera hacer el traspaso- y entregar un país destarlatado, salió con furiosas críticas, y además, vociferando y aconsejando las posibles soluciones de los problemas.
El ordenamiento prometido irá muchísimo más lento, eso está claro, y además asumido por el propio gobierno, que cuando habla de plazos ahora lo hace mirando los 4 años del mandato. Pero claro, el año que viene hay elecciones y todo indica que se viene un afloje, que se contendrán los ajustes y se incentivará el consumo, una fórmula más que simple, por demás conocida. Aunque sin sustento en la forma de financiarlo, más temprano o más tarde se deberá pagar la fiesta. Una historia vieja, que seguro nadie quiere volver a repetir, suponemos. Mantener ciertos perfiles populistas, sería un error tremendo. A veces para avanzar, es necesario mirar atrás.
Otro de los desatinos, que tal vez no tan rápido como sería necesario, pero alguna vez deberá ser desanudado, es la denuncia de Alberto Nisman. Los "legítimos" de la justicia se abroquelan para mantener la denuncia en el archivo, al cual la envió el juez Rafecas -que ahora salió a decir que el fiscal asesinato tenía problemas psiquiátricos- y lo consolidaron los camaristas Freiller y Ballestero, con la asistencia del fiscal De Luca y la siempre útil participación de la militante procuradora Gils Carbó. No hay que olvidarlo. Por algo Moldes pidió una fumigación.
Por otra parte, es verdad que una golondrina no hace verano, pero viéndolo al patético ex juez Oyarbide es algo más sencillo encontrar las razones por las que la Argentina está como está, y sobre todo la Justicia, maltrecha por donde se la mire, aún cuando desde la Corte, Lorenzetti y Marchi muestren una prolija administración que les dejó 11.000 millones de reservas, lo que dio la sensación de ser una forma de buscar anticiparse a la andanada que en tal sentido prometió Lilita Carrió -ahora en reparación-, si bien no deja de ser un contrasentido, tal como lo remarcó Silvina Martínez, la ladera de Margarita Stolbizer: "tenemos una Corte rica y una Justicia pobre". Es que mientras arriba sobran millones, los juzgados padecen de carencias múltiples.
Y para cerrar, los dichos sobre la justicia cuentan con encuestas que los respaldan. Hoy los jueces y fiscales están en noveno lugar en cuanto a credibilidad, y la Justicia como institución el 82% de la gente le tiene desconfianza.











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