Señales y advertencias

Deportes 08/10/2016
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FOTO NA NO RINDIO. Angel Di María estuvo lejos de su nivel y aportó muy poco en gestión ofensiva.
La Selección Nacional se fue de Lima instalando un debate que ya no es posible postergar y confirmando a su vez, que el regreso a un modelo estable de competencia, va a requerir de una buena mano de su entrenador y también de la urgente salida de esa zona de confort en la que parece están anclados muchos de sus futbolistas referentes.
Algo así como una especie de burguesía que atomiza y hace poco visible el apetito con el que se debe comprometer todo deportista de alta competencia, contra valores del espíritu amateur que observamos en muchos de los atletas olímpicos no hace mucho en Rio de Janeiro.
Esta reflexión trasciende el mero hecho coyuntural; en todo caso el empate opaco frente a los peruanos, potencia esa idea y la ratifica en términos matemáticos, pero si, Mascherano le daba un mejor destino a su pase hacia atrás y la placa final hubiera reflejado una victoria y una posición más cómoda en esta eliminatoria, seguramente hubiera distendido la cuestión y morigeradas las severas críticas.
En consecuencia, es saludable que la realidad sea la que es y no aquella que pudo postergar esta imaginaria mesa redonda a la cual nos sentamos todas las partes y en la que intervienen tantas percepciones como integrantes, todos seguramente, receptores de las advertencias que el equipo argentino transmite inmutable y con escasos reflejos.
Una voz optimista parece regir con el pronóstico de una segura clasificación para el mundial a jugarse en Rusia en menos de dos años y que por lo tanto, hablar en términos de incertidumbre o preocupación, resulta lacrimógeno. Sin desechar esa percepción basada en la riqueza de los recursos de los que dispone Argentina y las 5 plazas destinadas a nuestro continente, la carencia de regularidad en la conducción de los últimos ciclos de entrenadores, el desgaste de algunas piezas y la perezosa renovación, componen un panorama al menos inquietante.
Los últimos 180 minutos de fútbol fueron disputados ante equipos que conforman la retaguardia de esta competencia y los resultados han reflejado inoperancia con pasajes desconcertantes. En Mérida el efecto ausencias fue devastador  y el principal atenuante para justificar el agónico empate frente a un seleccionado que sigue sin triunfos en la zona Sudamericana y en Lima, donde el regreso de muchos de los jugadores de mayor categoría, mejoraba el umbral de competencia, el rival, otro de los elementales combinados de la región, le dio una lección de compromiso y actitud que redujo el margen de excusas a una expresión mínima.

ENFERMOS DE MESSI
Ya es patológico y los últimos entrenadores no han tenido ni respuestas ni métodos para compensar los equipos frente a las ausencias del rosarino. La estadística es demoledora y la frecuencia de sus deserciones por diferentes limitaciones físicas, una hipótesis que exige su atención. En los últimos 6 partidos en los que no jugó Lionel Messi, el equipo argentino ganó sólo un partido, empató cuatro y cayó en el restante, mientras que con su aporte, se registraron 3 triunfos consecutivos.
Nadie necesita por lo tanto mayores evidencias y tampoco sorprende que se otorguen ventajas sin una figura de semejante calado, no estriba allí el problema; la falta de una política alternativa es lo que transforma la contingencia de lesiones o suspensiones en una dependencia casi paralizante.
Edgardo Bauza tiene claro el diagnóstico, sin embargo quedan muchas dudas sobre si dispone de las facultades reales para la terapia y el margen de maniobra para su instrumentación. Al margen de estas especulaciones, las advertencias que se han suscitado en los últimos partidos jugados por el equipo mayor, requieren de reacciones firmes ya que, como pide el poeta, “la canción es urgente”.
Messi regresará con sus mágicas gotitas y sus paños fríos para los desafíos extremos del mes que viene; Argentina deberá visitar en Belo Horizonte al resucitado Brasil y será anfitrión en San Juan de los colombianos. Pensar en un equipo sin La Pulga mete miedo ya que como quedó demostrado, agranda a los rivales e inhibe el potencial propio. Esa sujeción es parte del todo en la bueno y en lo negativo e interpela al nuevo equipo técnico que además de convivir con este panorama, tiene el deber de liderar los cambios para salir de este atajo.
Por el momento, no hay que levantar demasiado la mirada y enfocarse en el partido del próximo martes del que nos ocuparemos en el próximo trabajo, sólo adelantar que si bien Paraguay no termina de arrancar y se encuentra en una transición de camadas, podría aprovechar este asalto de inseguridades al plantel argentino y comprometerlo mucho más de lo esperado debido a que las otras secuelas del último jueves, obligarán a Bauza a fundar una nueva línea defensiva por las sanciones a Zabaleta, Otamendi y Funes Mori.
Un dato alentador es retornar a casa, a sentir la contención de los aficionados que completarán el aforo del estadio Mario Kempes para empujar también de este carro.

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