Sensaciones y sentimientos

Información General 08/10/2016
Dicen que hay gente aburrida

Cada cual define lo que es la vida según le va, comparando con el modo en que quisiera que le fuera. Hay gente que habitualmente es “divertida” y están los de semblante serio porque reflexionan mucho antes de hablar de las cuestiones que se le presentan. Hay personas “positivas” y “negativas”, según el punto de vista propio y el de los demás (que no siempre coinciden).
Las boquitas infantiles, con esa admirable capacidad de síntesis, dicen muchas veces “Ufa, estoy aburrido (a)”, pero tiene su justificación: no tuvieron tiempo todavía de aprender actividades que les interesen, no recibieron la instrucción necesaria y por eso no saben qué les puede llegar a gustar ni qué cosas le resultarán indiferentes.
Pero los adultos sí la tuvieron esa capacitación. Saben y pueden hacer un trabajo que será su medio de vida, también han descubierto una habilidad que los hace sentir bien y completos. Ya formaron una pareja, tienen hijos y saben que hay horarios claves para el encuentro, donde se comparten comidas y comentarios donde todo el grupo familiar puede conversar y opinar.
Las sardinas envasadas no tienen mucho para contar de cada jornada: nunca les pasa nada nuevo salvo que sean cambiadas de lugar en la góndola, o las lleven a su casa los eventuales compradores, pero ellas no lo saben ni pueden organizar nada. Están obligadas a una convivencia sin matices en la lata y sin vista al exterior. Si pudieran hablar le dirían a la de al lado “Ufa, ¡qué aburrimiento! Correte un poco, a ver si puedo ver algo distinto”.
El adulto, sin que tenga intención de hacerlo, se deja ganar por la rutina, que sólo es la costumbre o hábito que se adquiere al hacer una misma tarea o actividad con frecuencia constante.
Es cierto que la repetición diaria de los mismos hechos a la misma hora, el encuentro con las mismas personas que dicen las mismas frases, en los mismos lugares y a la misma hora, ocurre y es parte de la vida -que necesita estar organizada-, pero no necesariamente “rutina” es siempre una palabra destructiva, una condicionante condena que impide la realización de las vocaciones.
El peligro es “enlatarse” como si fuéramos conservas. Queda claro que si fuéramos centollas o pulpos tendríamos otro estatus y no nos desgastaría tanto el encierro, pero a una sardinas, por ejemplo, no se le ocurre decirle una a otra para hacerla sentir bien “Sar, ¡qué bien lucen tus escamas hoy!”.
No pueden porque no son humanas y no tienen la facultad de hablar.
Pero nosotros no tenemos excusas porque sí podemos mirar positivamente.
Si en lugar de poner énfasis en quejarnos por “tener que hacer” las tareas rutinarias (y necesarias) que no nos gustan pensáramos en variantes de esas mismas cosas, o contáramos a los demás qué proyectos tenemos, si dijéramos cómo sería más interesante el trabajo, o qué nos gustaría cambiar, estaríamos desarrollando la tan útil creatividad, y la rutina sería pensar en reorganizar, en vez de sufrir la tarea diaria, esa que se sabe que por un tiempo largo habrá que seguir realizando si queremos mejorar nuestro modo de vida y el de nuestra familia y, ya en casa, sería fácil tener buena comunicación y hasta divertirnos con nuestra gente.
Lo que no aconsejamos es que cuando lleguen a su casa, sorpresivamente y con la mejor de las sonrisas, le digan a su cónyuge: “Hola, Sardi, ¡qué bien están tus escamas! ¿Se ve más linda hoy la lata?”, porque el resultado será contraproducente si antes no le hicieron leer este artículo. Cosa, esta última, que además es conveniente. Por lo menos para dos determinadas personas.

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