"Que el Derecho no le complique la vida a la gente sino que se la resuelva"

Locales 04 de septiembre Por
Rafaelina pero radicada en Mendoza, la Dra. Mariel Molina participó en la elaboración del Libro de Familia del nuevo Código Civil y Comercial argentino. El viernes dio una charla en el Colegio de Abogados. Y habló con LA OPINION de su historia y de sus aportes a la reforma.
FOTO J. BARRERA CHARLA. La Dra. Mariel Molina en el Colegio de Abogados de Rafaela, donde disertó el viernes.
FOTO J. BARRERA CHARLA. La Dra. Mariel Molina en el Colegio de Abogados de Rafaela, donde disertó el viernes.
"¿Qué buscamos con este nuevo Código Civil y Comercial? Que el derecho no le complique la vida a la gente sino que se la resuelva". De esta manera, sintetizó la Dra. Mariel Fernanda Molina, la premisa que tuvo la reforma y unificación de las bases del ordenamiento jurídico en materia civil y comercial de la Argentina.
A poco más de un año de la implementación de este nuevo cuerpo legal, los especialistas continúan con la labor de divulgación y capacitación sobre estos 2.671 artículos que dejaron atrás el viejo Código Civil que regía desde 1869, elaborado por Dalmacio Vélez Sarsfield, y el Código de Comercio vigente desde 1862 que había sido resultado de un trabajo compartido entre Eduardo Acevedo y Vélez Sarsfield.
Y la Dra. Molina, una rafaelina radicada en Mendoza desde hace 16 años, es una de las que con entusiasmo se encarga de explicar los alcances de este nuevo sistema que regula la vida privada de las personas. El viernes pasado brindó una charla en el Colegio de Abogados de esta ciudad donde, en diálogo con LA OPINION, destacó que "fue maravilloso haber participado de un proceso histórico como lo fue la creación de un nuevo Código Civil y Comercial que dejó atrás un Código que rigió por 150 años en la Argentina".
En el año 2011, el Gobierno nacional conformó mediante un decreto la "Comisión para la elaboración del proyecto de ley de reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación", y designó integrantes a los ministros de la Corte Suprema de la Nación, Ricardo Lorenzetti y Elena Highton de Nolasco, y también a la exmiembro de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, Aída Kemelmajer de Carlucci.
Fue precisamente Carlucci quien convocó a Molina a sumarse a un equipo para dedicarse especialmente a escribir el capítulo sobre derecho de familia. "Hice tanto la primaria como la secundaria en la Escuela Normal y después continué en el mismo edificio pero estudiando Profesorado de Educación Especial para Personas con Discapacidad Mental. Me recibí y trabajé en escuelas de educación especial", dice Molina en el recuerdo de sus días en Rafaela. Se casó con Gabriel Juan, a quien acompañó cuando se mudó a Santa Fe para estudiar abogacía en la Universidad Nacional del Litoral y trabajaba para SanCor Seguros. Ya por esos días eran papás de Melina, quien actualmente es abogada penalista ligada a una fiscalía Federal de Mendoza.  
"Trabajé en la docencia especial en Santa Fe. Tras graduarse a mi marido lo trasladan a casa central de SanCor Seguros en Sunchales para desempeñarse en el área de asesoría letrada mientras yo continuaba en la docencia. Cuando le proponen en el año 2000 radicarse en Mendoza, fuimos y allí le di una vuelta a mi vida. Ingresé a estudiar derecho a la Universidad Nacional de Cuyo. En ese camino conozco a Aída Kemelmajer, que es mi madre académica, que fue la gran fortuna que me dio Mendoza", resumió su trayectoria.
Antes de recibirse, Molina comenzó "a trabajar en temas de doctrina de cierta importancia" y una vez que obtuvo el título se incorporó a la cátedra de Familia que tenía a Kemelmajer como profesora titular en la Universidad Nacional de Cuyo. "Me doctoré en el 2011, ella fue mi directora de tesis doctoral. Ese mismo año se convoca a los especialistas para trabajar en la reforma del Código Civil. Como el tema de mi tesis doctoral "Régimen Patrimonial familiar a la luz de los derechos humanos" integraba la agenda de la reforma, entonces me sumé al equipo de cinco personas que trabajamos en la reforma de los derechos de familia", sostuvo.
Después fue tiempo de "la militancia, salir a todo el país a explicar el proyecto antes de que se apruebe en el Congreso, entre 2012 y 2014 viajamos muchísimo para esta etapa de difusión, fuimos a los lugares más recónditos y en nuestro caso nos tocó todo el sur". 
Cuando habla del derecho lo hace con una pasión. "El momento en el que se sanciona el Código fue una felicidad enorme para quienes formamos parte del equipo de trabajo. Es que se dejaba atrás un Código que rigió por 150 años. 
Aquello que habíamos soñado cuando iniciamos la tarea ya era ley", manifestó. 
"Nosotros escribimos del artículo 402 hasta el 723 en el Libro de Familia, donde se aborda la regulación de matrimonio, divorcio, las relaciones de parentesco, la obligación alimentaria, la regulación de las uniones convivenciales y una figura conexa a la responsabilidad parental que es la tutela", explica. 

DESAFIO
"El punto de partida de la Comisión de Reforma era tomar un antecedente de 1998 en el que se había trabajado mucho y tenía estudio de la jurisprudencia. Pero en derecho de familia no pudimos hacer nada de eso porque desde el año 2000 cambiaron muchísimo las reglas de juego, con la ley de matrimonio igualitario, ley de identidad de género, cambios en los grupos familiares, necesidad de regular la protección de la familia a cargo de la mujer sola, por el aumento de la pobreza. El impacto de la degradación de la familia y el rol de la mujer. Tuvimos que hacer borrón y cuenta nueva en gran cantidad de instituciones. La proliferación de las uniones convivenciales, que antes se llamaba concubinato, eso no estaba regulado para nada. Empezamos de cero", subraya Molina sobre el entramado temático que debía regularse de la manera más simple. 
-En lo que hace a familia, ¿qué cambio genera un mayor impacto?
-Quizás lo que más impacta en la vida cotidiana de las personas es el nuevo régimen de responsabilidad parental. El verdadero desafío es aprender a compartir a los hijos, y no hacerse dueño de ellos, como a veces sucede después de los divorcios. Como operadores jurídicos tenemos una gran responsabilidad de explicarle a la gente la profundidad de estas modificaciones. Durante el proceso hubo alguna campaña de desinformación como cuando se instaló el concepto de divorcio express, que es peyorativo. El Código nuevo incorpora la figura del divorcio incausado porque tiene una perspectiva diferente, no discute las causas de la ruptura sino los efectos.
-Hace más de un año que rigen los cambios. ¿Qué mirada tiene de lo que sucedió en este período de vigencia?
-Estamos viendo lo que se está haciendo, los jueces toman decisiones a partir del nuevo Código Civil y Comercial, los tribunales locales producen sentencias a partir de los nuevos paradigmas. Desde el 1º de agosto del año pasado hacemos un seguimiento de lo que pasa. Con el Código viejo había que ficcionar por momentos para ponerle un límite al proceso judicial y repartir los bienes de un matrimonio que no funcionó. Para encuadrarse en el derecho había que hacer malabares. Ahora es un texto ágil, simple y muy fácil de entender. No es una obra perfecta, tampoco pretende serlo porque es una obra humana. Es un código de lo que se pudo, no de lo que se quiso, Hubo que negociar con poderes explícitos y otros no tanto. A lo largo de la puesta en marcha se advierten imperfecciones, no hay que asustarse, esto es gradual, se necesita paciencia para un cambio tan grande.

Pedro Ulman

Secretario Redacción. Diario La Opinión

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