A punta de pistola robaron en una agencia de quiniela

Policiales 23 de agosto Por
La víctima, empleada del comercio, está embarazada de cuatro meses y debió ser asistida en el Hospital. Los ladrones, además, le apuntaron con el arma a su pequeña hija de seis años. A pesar del pedido de la mujer, la Policía no se quedó los 15 minutos que hubiesen podido evitar el ilícito.
FOTO LA OPINION AGENCIA “FIGUEROA”. Trabaja con su puerta con llave. Sólo este año “motochorros” intentaron ingresar seis veces.
FOTO LA OPINION AGENCIA “FIGUEROA”. Trabaja con su puerta con llave. Sólo este año “motochorros” intentaron ingresar seis veces.
Un dramático asalto con ribetes de pura sangre fría por parte de los asaltantes tuvo lugar en la agencia de lotería y quiniela “Figueroa” ubicada en calle Bolívar 1025 -casi esquina con Lisandro de la Torre-, en el barrio 9 de Julio de nuestra ciudad.
Entre otros de esos ribetes violentos e inusitados para Rafaela que hacíamos referencia, figura el hecho de que los ladrones apuntaron con un revólver a la cabeza de una niña de 6 años, hija de la empleada que atiende el local.
Y no sólo eso. La joven empleada también está embarazada de 4 meses de gestación y luego del momento vivido tuvo que ir, junto con su hija de 6 años, a realizarse una ecografía en el Hospital, ya que tanto la madre como su hija culminaron el episodio con un ataque de nervios por lo sucedido.
Un capítulo especial merece la actuación policial, a la cual la mujer calificó negativamente y que lo haremos párrafos más adelante.

EL HECHO
Transcurrían con calma las horas de la tardecita del sábado 20 en la agencia de quinielas “Figueroa”, y aún nadie presentía lo que pasaría momentos después.
A las 20 en punto, como siempre lo hace, quien atiende al público Estefanía P. cerró la puerta con llave como medida de seguridad.
De repente, observó que unos metros más adelante, en una zona oscura de la vereda frenó una moto, tripulada por dos personas vestidas de negro y con el casco puesto.
Uno de ellos -el acompañante- se bajó corriendo de la moto, empujó la puerta para entrar, y rebotó en esta, que estaba cerrada con llave.
Se trepó nuevamente a la moto y huyeron rápidamente del lugar. Tan rápido como habían llegado.
De inmediato la empleada Estefanía P. alertó de lo ocurrido a la dueña del negocio y a la Comisaría 2ª.

PESADILLA
Minutos después del llamado llegó personal policial de la Comisaría 2ª para tomar algunos datos.
Estefanía P. les pidió que se queden un rato, ya que dentro de unos 15 minutos, tenía que cerrar el negocio y retirar la recaudación del día.
La respuesta de los oficiales, instantes después de una tentativa de robo, no se entiende. Le dijeron que, “iban a estar dando vueltas” y que “se quede tranquila”, a la joven mujer que presentía que algo peor estaba por venir. Quizás ese sexto sentido la hizo llamar a su marido para que la acompañe en el cierre.
A las 21:15, cuando Estefanía había apagado las luces, cerrado la puerta con llave y retirado la recaudación; desde pocos metros, desde las sombras, aparecen los dos hombres en la moto.
Sin mediar palabras, el que iba de acompañante se bajó de la moto, y en plena vereda -vía pública-, le apuntó a Estefanía con un revólver, exigiéndole la recaudación y otros elementos de valor, como su celular.
De lo que no se había percatado el malviviente es de que el esposo de su víctima estaba estacionado con su camioneta unos metros atrás de él, acompañado de su pequeña hija de 6 años.
El hombre intentó frenar la acción con el vehículo y, en esos momentos, el delincuente armado le apuntó a la nena para que desista de su actitud.
Con su hija amenazada con un revólver, el marido de Estefanía soltó todo y se acostó sobre su hija para protegerla, quizás instintivamente.
Con el botín ya en su poder, los delincuentes subieron nuevamente a la moto y escaparon en contramano por calle Bolívar. También instintivamente el marido intentó seguirlos, pero “afortunadamente” se le rompió algo en la camioneta y no pudo avanzar.
El botín estaba compuesto por la recaudación del día de dinero en efectivo en una suma no precisada, pertenencias personales, las llaves del negocio, y teléfonos celulares.

QUEJAS
Mientras todo lo narrado acontecía en plena calle Bolívar, ya algún vecino había alertado nuevamente a la policía, cuya Comisaría 2ª se encuentra a pocas cuadras. Instantes después ya habían llegado varios patrulleros policiales y la Guardia Urbana Rafaelina.
“Cuando yo pedí al personal de la Segunda -dijo Estefanía- que se queden 15 minutos que yo cerraba y me llevaba la recaudación, no se quedaron. Si se hubiesen quedado esos minutos quizás el final hubiese sido otro”, dijo.
Producto de lo anterior a Estefanía y a su hijita de 6 años las atravesó una crisis de nervios por lo que fueron llevadas al Hospital. A la embarazada le practicaron una ecografía para constatar que no corra riesgo su gestación y a la niña le suministraron medicación para calmarla.
A modo de despedida, la mujer deslizó: “Que se bajan de una moto con cascos puestos, e intentan entrar al local con fuerza y la puerta con llave, pasó seis o siete veces este año; aunque en años anteriores ya robaron el negocio a mano armada. No es la primera vez”, dijo; para luego despedirnos hasta otro momento con el sabor amargo que deja la impotencia.

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