Sus herramientas en el Museo Histórico Municipal

Información General 15 de noviembre Por
Muchas son propias del campo y otras tantas de aquellas que alguna vez se utilizaron en distintos oficios y servicios en nuestra propia ciudad.
Por Orlando Pérez Manassero. - Hoy vivimos en un mundo en el que la tecnología todo lo domina, en el que las máquinas hacen mejor, más rápido y en mayor cantidad, cualquier producto que a la mente del hombre se le ocurra. Pero en esta nota debemos comenzar hablando de las manos. ¿Por qué de las manos? Pues porque ciertos primates de más desarrollado cerebro descubrieron en ellas las primeras herramientas que, dirigidas por sus cerebros en constante desarrollo, les permitieron despegarse del resto de los monos y llamarse hombres.
De esa antiquísima conjunción mente-mano nacieron todos los que se dedicaron y se dedican aún a los oficios manuales; los bien llamados artesanos. Y de artesanías vaya si sabían nuestros bisabuelos, allá, a principios del siglo pasado. Imaginate solamente no tener electricidad. La “nona” lavaba la ropa en piletones de cemento refregándolas afanosamente sobre una tabla de madera corrugada… a mano. El agua la extraía del pozo con baldes mediante soga y roldana… a mano. El jabón se obtenía mezclando un producto enlatado y grasa de cerdo que a fuego lento se fundía mientras ella revolvía pacientemente por horas… a mano.
Ahora imaginate al “nono”; arando, sembrando, cosechando, desmontando y desmalezando… a mano. Fabricando ladrillos, construyendo la casa, plantando los “paraísos”, alambrando, ordeñando o haciendo chorizos en grasa…a mano. Bueno, quizás no fue tan así la cosa. La mente y la mano necesitaban de algo más. Mientras que la “nona” seguía usando sus manos en el piletón o en la cocina, el “nono” en realidad aferraba con sus manos ciertos productos de la mente del hombre llamados genéricamente herramientas. Abría la tierra empuñando el arado mancera, esparcía las semillas con la sembradora al “voleo”, cosechaba con la hoz o la guadaña y desmalezaba con la “zapa” y el rastrillo. Con la cuchara de albañil, la pala ancha y la plomada hacía su casa, con la pala “de punta” plantaba árboles y los postes del alambrado. Daba vueltas al volante de la picadora para hacer los chorizos en grasa y afilaba en la piedra circular cuchillos y hachas. A serrucho, martillo y lima construía carros y “volantas”, a mazo y formón tallaba maderas y grababa en el mármol. Molía y mezclaba hierbas y drogas curativas… a mano, los guardaba en la “botica” en artísticos frascos decorados… a mano. A mano desnuda le quedaba nada más que el ordeñe, el juego de la “mura” y empuñar el vaso de vino “carlón”. La “nona”, después, también tuvo sus propias herramientas.
Desde la simple escoba hasta la máquina de coser a manivela, la plancha a carbón, el calienta cama, las lámparas a querosén, la balanza “romana” o la escardadora de la lana de los colchones. A mano desnuda le quedaba la tarea de zurcir medias – aguja, dedal y mate de por medio - y de remendar camisas, lavar caras, vestir, hacer de comer y levantar en brazos a ocho o más de esos hijos que fueron después nuestros abuelos o nuestros padres.
Hoy, nosotros podemos ver en el Museo Histórico Municipal muchas de esas herramientas propias del campo y otras tantas de aquellas que alguna vez se utilizaron en distintos oficios y servicios en nuestra propia ciudad. Por eso los Amigos del Museo Histórico te invitan a visitarlo porque allí verás desde el más simple útil de manufactura artesanal hasta la compleja máquina de un tiempo que pasó pero que sirvió para que Rafaela sea lo que hoy es, una ciudad reconocida y ponderada por todo el mundo industrial. Lo único que no habrás de encontrar entre las herramientas expuestas serán las manos de quienes nos precedieron, las principales herramientas de aquellos verdaderos artesanos que hicieron posible esta realidad de la que hoy tanto nos enorgullecemos.








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