Las dos visitas de Massera a Rafaela

Locales 14 de noviembre Por
Leer mas ...

No es habitual que realice alguna personalización en estas notas de los domingos, pero en este caso es inevitable. Y por esta vez nos alejaremos de las cuestiones cotidianas, para hacer un regreso al pasado, actualizado en este caso por la muerte de Emilio Massera hace unos días, quien fue uno de los rostros más representativos del horror vivido durante la dictadura militar.  Dicho esto, así de claro, para evitar cualquier clase de malinterpretación, sobre la exaltación de una figura que, tiene todo para ser definitivamente postergada en el olvido, o tal vez no, para que nunca vuelva a repetirse en los tiempos que vendrán. Pero no puede obviarse que formó parte de nuestra historia contemporánea, negra por cierto, pero historia al fin.
Massera estuvo dos veces en Rafaela, la primera vez en el mes de marzo de 1979, cuando apenas hacía unos meses que había dejado la junta de la dictadura para dedicarse a la política. La segunda fue en febrero de 1983, cuando en la sede de la Bancaria recibió a la prensa  para hablar de su candidatura a la presidencia por el Partido de la Democracia Social, confiando que podía recolectar votos del peronismo. En esa ocasión, además, había declarado a este Diario "nunca apoyé el plan económico de Martínez de Hoz"; el político ya le salía de adentro, buscando despergarse del desastre económico, pero ¿cómo despegarse de los miles de muertos? Al poco tiempo, en junio de ese año, fue detenido por orden del entonces juez Salvi e imposibilitado de continuar adelante con su candidatura. Ahí concluyó entonces la ridícula aspiración del gran dictador en legitimizarse por el voto.
Pero en realidad no es sobre esta entrevista la que nos interesaba hablar, pues esa vez en la Bancaria había sido bastante amplia al periodismo, aunque hubo roces que casi llegaron a frustrarla, pues Massera no quería una conferencia amplia, sino dar entrevistas a un medio por vez, pero perdió la pulseada . ¿Raro no, que perdiera algo? pero es que la dictadura ya estaba en plena retirada, aplastada por la suma de atrocidades, más errores cruciales como la guerra de Malvinas, sin contar siquiera de mínima con una evaluación de aliados y enemigos.
Sobre la que sí en cambio contaremos algunos detalles, fue la primera vez que vino a la ciudad. Era un día de marzo de 1979, cuando un  conocido me avisa por teléfono "está Massera en Rafaela y si venís rápido tal vez puedas hacerle una entrevista. Está en el hotel Toscano y dentro de un rato bajará a desayunar". No era a quien hubiésemos querido entrevistar, pero la oportunidad era para aprovecharla. Al rato nomás, en medio de una situación incierta y cargada de misterio, estaba en el lobby del hotel aguardando, hasta que alguien de su entorno me pidió que lo siga, y ahí estaba frente a Massera. Un poco por su figura hosca y prominente, de gruesas cejas negras que acentuaban su penetrante mirada, pero mucho más por los antecedentes que se conocían por entonces,  aunque no demasiados, pero suficientes para sentir un cierto escalofrío recorriéndonos la espalda.
Por una cuestión de prudencia, y porque además varios de ellos ya fallecieron -pero quedan sus familiares- obviaremos la mención de algunos rafaelinos que se sumaron a la claque de Massera, junto a quienes lo venían acompañando desde Buenos Aires.
Massera hacía muy poco que se había retirado de la Junta, en septiembre de 1978, por lo cual hasta marzo de 1979 en que llegó bastante subrepticiamente a la ciudad, apenas habían pasado seis meses. El halo de temor aún lo circunscribía y se notaba en quienes lo rodeaban.
Traspuesto el hielo del impacto primerizo, fueron sucediéndose algunas preguntas y las siempre muy escuetas respuestas del marino, que en ningún momento dio lugar alguna para aflojar la tensión que, al menos yo, percibía que flotaba en el ambiente.
El objetivo de la visita era ir recolectando voluntades para su movimiento político en incipiente formación. Esa fue en definitiva la cuestión central sobre la que se explayó con un casi imperceptible entusiasmo. También habló un poco del país, que la gente iba a encontrar una Argentina mucho mejor cuando ellos se fueran, y cosas por el estilo. Pura cháchara.
Cuando después de ir tomando cierto nivel de recompostura de ánimo le pregunté sobre la lucha armada con grupos insurgentes y sus consecuencias, la respuesta fue corta, seca y tajante "de dónde saca usted esa información. Estamos en lucha con delincuentes. El objetivo de las Fuerzas Armadas es pacificar el país".  Ahí me di cuenta que la entrevista había terminado. Fue la más tensa  que tuve en tantos años.
Sin punto de comparación por supuesto, sino como simple repaso, en esos años de andar con el grabador siempre disponible, tuvimos entrevistas mano a mano con Alvaro Alsogaray, Oscar Alende, Italo Luder, Lorenzo Miguel, Víctor Martínez,  Alberto Armando, Fernando de la Rúa,  Raúl Alfonsín -cuando ya no era presidente-  Renato Cesarini,  Ubaldo Fillol, Juan Manuel Fangio, Rafael Martínez Raymonda, Saúl Ubaldini, Carlos Monzón y María Julia Alsogaray, por sólo nombrar a algunos de los más conocidos, y sin pasar lista a los más contemporáneos. Pero bueno, estas son otras historias, que quizás en alguna ocasión contemos.









 

 

 

Te puede interesar