El crack detrás del escándalo

Internacionales 23 de octubre Por
Leer mas ...


Hace casi un año, en febrero del 2009, el mundo del golf celebraba con fuegos artificiales el regreso de su particular Rey Midas: Tiger Woods, el golfista más exitoso de la historia, volvía a los links luego de una operación. En el medio, la crisis económica golpeó con la fuerza de un terremoto a los principales torneos del mundo, que tenían en Woods al único jugador talismán capaz de inflar los ratings y llevar algo de espectáculo.

Un año después, Woods es la antítesis de la megaestrella que supo ser. En Estados Unidos, donde la popularidad e imagen positiva son sinónimos de millones de dólares, la opinión pública dio una vuelta de campana con respecto a su ídolo. Escándalo de infidelidad mediante, el norteamericano promedio pasó de endiosar al golfista a odiarlo por su comportamiento fuera de las canchas. Y su nivel de aprobación cayó por debajo del 30%, un nivel que ni siquiera un presidente con mal marketing podría soportar.

El marketing, que tanto ayudó a Woods a convertirse en el primer deportista en superar los 1.000 millones de dólares en ganancias, ahora le da la espalda. ¿La razón? Dos profesores universitarios norteamericanos, Victor Stango y Christopher Knittel, de la Universidad de California Davis, reportaron en un estudio las multimillonarias pérdidas que sufrieron las empresas que auspician a Woods entre el 27 de noviembre y el 17 de diciembre pasados. El resultado: un rojo de 12.000 millones de dólares. Según los expertos, los cinco principales sponsors de Woods (Accenture, Nike, Gillette, Electronic Arts y Gatorade) perdieron entre el 2 y el 3 por ciento de su valor de mercado después del accidente de tránsito que sufrió el golfista, y que destapó la trama de infidelidades con su esposa, la ex modelo sueca Elin Nordregen. De acuerdo con el estudio, “hasta el 17 de diciembre, día en el que Woods anunció su retiro forzoso del deporte, las empresas no habían recuperado el dinero perdido”.

De acuerdo con los analistas, el escándalo mediático con la aparición de una larga lista de amantes y detalles íntimos de los encuentros clandestinos impacta directamente en la opinión de los consumidores. Antes del affaire, Woods recibía de sus auspiciantes cerca de 100 millones de dólares por año, mucho más que cualquier otro deportista de la Tierra.

Debacle. Desde que ocurrió el accidente automovilístico con su esposa, Woods se exilió de los medios. Incluso su entrenador declaró que era “más fácil” encontrar al terrorista Osama Bin Laden que al mismísimo golfista. Ese cóctel de ostracismo y ausencia de explicaciones públicas –pese al escándalo, el número uno del ranking mundial jamás dio una conferencia de prensa para explicar lo que había pasado– hizo que sus auspiciantes le rescindieran los contratos. El arreglo más sentimental para el deportista era el que lo unía con General Motors. De acuerdo con el contrato, GM le daba a Woods autos modelo Cadillac en forma gratuita. De hecho, el día del accidente, Tiger manejaba uno de esos coches. El último día del 2009, la compañía instó al deportista a devolver todos los autos que había recibido hasta esa fecha.

General Motors fue el último escalón de una cadena de empresas de primera línea que decidieron bajarse del portafolio de marcas que auspiciaba a Woods. En esa lista están el gigante de las telecomunicaciones AT&T, la empresa de bebidas isotónicas Gatorade, Gillette, y la auditora internacional Accenture. El fabricante de relojes Tag Heuer adoptó una decisión intermedia: no canceló el contrato que lo unía con el golfista, pero decidió quitar las imágenes de Woods de marquesinas y avisos publicitarios. “Reconocemos en Tiger Woods a un gran deportista, pero debemos tener en cuenta la sensibilidad de los consumidores en relación con los eventos recientes”, se justificó el CEO de la empresa, Jean-Christophe Babin. De todas maneras, el contrato de sponsoreo de la empresa con Woods aún no fue cancelado.

Con la salida de Woods de las canchas, la pregunta que se hace el mundo del golf es saber cuál será la capacidad de la PGA (la Asociación de Golfistas Profesionales) para resistir y volver a ser. Si durante la lesión que le privó a Woods participar en los torneos de 2008 los ratings sufrieron su peor depresión en años y muchos sponsors principales decidieron no estampar sus logos en los torneos, resta saber qué harán ahora durante el retiro forzoso de la máxima estrella golfística. “Creo que hay una percepción errónea de nuestro modelo de negocio”, se quejó el comisionado de la PGA, Tim Finchem. Y agregó: “La gente cree que porque Tiger hace explotar los ratings y el interés por el golf (algo que efectivamente hace), si él no juega, entonces esto no funciona. Y la realidad es que tenemos una inmensa base de fanáticos del golf: 86 millones de norteamericanos lo han jugado alguna vez o lo juegan. Además, contamos con un promedio de entre 24 a 26 millones de televidentes”.

Regreso. Aunque no lo diga, la mejor noticia para Finchem apareció en los últimos días. Medios norteamericanos indicaron que Tiger Woods planea regresar a las canchas a mediados de primavera (otoño de la Argentina) cuando concluya la terapia por adicción al sexo que lleva adelante en una clínica de Mississippi. La fecha no puede ser mejor: el 5 de abril comienza el torneo de Maestros de la PGA.

Ídolo en desgracia, sumido en la impopularidad y sin poder jugar al golf hasta no salvar su matrimonio, la vida de Tiger Woods transcurre entre clínicas y su exclusivo yate. Mientras tanto, su mujer ya piensa en lo que hará con los millones de dólares que reciba luego de divorciarse. Aunque se haya alegrado con los millonarios regalos que le hizo su marido (incluidos los 300 en efectivo que recibió ¡como regalo de Navidad!) para que lo perdone por sus escándalos de infidelidad, Elin Nordegren parece inmutable. Por más que su marido haya entrado en la historia hace rato, no piensa darle una segunda oportunidad.


















Rubén Armando

Sección Policiales

Te puede interesar