EL CRISTAL Y SUS COLORES

Locales 02/01/2014 Por
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Las diferencias en la Iglesia

En todos los ámbitos, lo vemos a diario y a veces comprobamos más en algunos casos que en otros, existen diferencias. Algunas bastante marcadas, otras que se mantienen subyacentes, pero suelen aparecer y con fuerza. La Iglesia no es ajena a esta situación. El vendaval que fue la aparición del papa Francisco aportó conceptos renovadores, barrió con mucha de la ortodoxia que vivía y sigue viviendo en el pasado. No al punto de llegar a la inquisición, pero por ahí andamos. Aire fresco se dijo y reconoció no sólo desde la misma Iglesia, sino desde todos los demás sectores, al punto de llegar a ubicar al argentino Bergoglio como el personaje del año.
Pero claro, el nuevo jefe de la Iglesia y de 1.200 millones de católicos en el mundo, pero respetado y escuchado por muchísimos cientos de millones más de personas, que ven en él un verdadero líder que impone su forma de pensar con la autoridad que le dan sus actos, su mirada, su permanentemente acercamiento a la gente, más aún los que lo necesitan, tiene ciertos posicionamientos que son resistidos. Directa o indirectamente. Comentábamos la semana pasada en el Cristal sobre la preocupación del Papa por los hijos de los matrimonios homosexuales, que supone un nuevo desafío educativo para la Iglesia.
El padre Ignacio Periés, de larga fama por todo lo que realiza en los dos templos del barrio Fonavi de Rosario -bien al ingreso de la ciudad yendo desde aquí por la autopista-, al cual llegan cientos de miles de creyentes y buscadores de esperanza para recibir su bendición, o sus consejos, también fue partícipe de las diferencias que existen en la Iglesia. Tuvo contactos con matrimonios del mismo sexo e incluso ha promovido la adopción por parte de ellos, acompasado, o más aún algo adelantado sobre los posicionamientos del mismísimo Papa, pero tuvo una contundente desautorización de parte del Arzobispado de Rosario.
Las diferentes posturas de la Iglesia -que pueden ser tan buenas y sólidas unas como las otras, no juzgamos, simplemente contamos- emergieron con fuerza a la superficie. Temas contemporáneos que deben mirar y analizarse bajo conceptos de esta época, del mundo en que vivimos, es un razonamiento que al parecer comparten el Papa y el padre Ignacio, pero que otros no admiten, como por caso el Arzobispado rosarino. Un organismo que, cabe mencionarlo para equilibrar las cosas, está siendo investigado por supuestos desmanejos de fondos y algunas situaciones confrontativas con algunos curas. Uno de ellos, sería el carismático padre Ignacio, y este episodio parece dar pruebas de ello.
Todo un tema sin dudas, bajo el foco del análisis, que pueden tener quienes respalden una y otra posición. Es lógico que suceda de esa manera. El cura del barrio Rucci de Rosario, aún siendo tan querido y seguido -recordemos que los Vía Crucis que se hacen allí suelen reunir cerca de 300.000 personas-, no tiene un vía libre para hacer lo que se le ocurra, eso es cierto. Por otra parte, si fuera así, no tendría tanta convocatoria. Pero también hay que considerar los nuevos tiempos, los indicativos que aún sin darlos u ordenarlos, bajan del propio papa Francisco en este tiempo nuevo y de gran apertura que vive la Iglesia.
A esta altura es conveniente hacer mención a un dicho del cura De la Serna, poco después de ser consagrado el papa Francisco. ¿Saben quién es De la Serna?, pues se lo presentamos a través de un párrafo de Google: "Eduardo de la Serna nació en Buenos Aires en 1955 y es primo lejano del Che Guevara. Estuvo ligado desde la juventud con el sector de los sacerdotes de tercer mundo y conoció al padre Mugica; de la Serna fue ordenado sacerdote en 1981. El padre De la Serna tiene como referente a quien fuese su obispo, el desaparecido Jorge Novak, quien fue uno de los pocos obispos argentinos que tuvo una actitud de denuncia contra la Dictadura Militar. Desde su ordenación De la Serna ha trabajado para y por los sectores carecientes de la población y es párroco de la parroquia de Jesús el Buen Pastor en la localidad de San Francisco Solano". Pues bien, este cura, con mucha sapiencia había dicho entonces: "Es claro que para el Vaticano fue más preocupante la homosexualidad que la pobreza en el mundo".
Tal vez en esas simples palabras, dichas por alguien del propio seno eclesiástico, se encierre el verdadero núcleo de esta polémica generada entre el padre Ignacio y el Arzobispado rosarino, el que tiene como titular al obispo José Luis Mollaghan.  Para pensarlo.

Cicerón del Bote

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