El Papa en Sudamérica

Editorial 13/07/2015
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Parecía tan lejos el viaje pastoral de Francisco a su latinoamérica, pero el tiempo pasa tan rápido que estuvo una semana en tres países "periféricos" como le gusta decir a él y en la tarde-noche de ayer ya volvió al Vaticano.
Ciertamente es muy prematuro hablar sobre los frutos que dejará su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, con decenas de diversos encuentros (religiosos, protocolares, en villas y cárceles) con mensajes en misas y actos, gestos sencillos y profundos, que seguramente generaron y sembraron lo que bien puede denominarse un nuevo "tiempo" religioso, en medio de situaciones difíciles que atraviesan estos países en materias política, económica y social.
"Conoce las costumbres y las creencias populares, los sufrimientos y las injusticias estructurales. En efecto, es el continente con mayor número de fieles católicos pero también el de enormes desigualdades. Una grave contradicción", opina José María Poirier, director de la revista Criterio.
A decir verdad, se le pueden hacer varias lecturas a las visitas papales de los últimos años: política, social, económica, humanitaria, pero en clave cristiana se trata de viajes pastorales, en el contexto de la nueva evangelización.
En su reciente libro "Francisco entre los lobos", el vaticanista Marco Politi escribe que Bergoglio tiene las cualidades del dirigente nato, un hombre de mando, un animal político de extraordinaria capacidad de trabajo. No se le escapa que es "tendencialmente centralizador, una cabeza excelente que tiene bien claro el sentido del poder". Pero lo describe también como alguien que ha conocido la realidad de la calle y que por eso mismo sabe comunicarse con las muchedumbres.
En Ecuador supo atemperar el fervor y la verborragia del presidente Rafael Correa -quien se declara un católico ferviente- e insistir en que los personalismos y las limitaciones a las libertades dañan la convivencia, mientras se sufre el atropello de un gobierno populista y autoritario. Sobre el mismo tema en Paraguay, dijo que "las ideologías siempre acaban en dictaduras. Piensan por el pueblo, no lo dejan pensar".
En Bolivia, con Evo Morales buscó sintonías y marcó distancias entre el marxismo y el evangelio. Además, se atrevió pedir que con Chile se tratara una posible salida al mar. El presidente boliviano le hizo un regalo desafiante a Bergoglio: una crucifijo con una hoz y un martillo. "Esto no está bien", lo frenó en seco, mientras escuchaba la explicación.
En Paraguay, al tiempo que reconoció el crecimiento económico y la consolidación democrática, no dejó de señalar la pobreza y de condenar la corrupción en el poder. La Iglesia paraguaya tiene una historia valiosa (hay que sacar aparte al ex presidente Lugo) porque durante la larga dictadura del general Alfredo Stroessner fue un bastión de resistencia y de defensa de los derechos humanos.
El Papa pidió más protección a los niños durante una visita a un hospital pediátrico de enfermos de cáncer en San Lorenzo, en las afueras de
Asunción, revolucionado con su presencia. "Este es un hospital donde muchos chicos sufren. Quiero decirles que rezo por ustedes y rezo por sus hijos", dijo a los padres de los niños que padecen enfermedades graves.
También estuvo en Caacupé, donde se erige la Basílica de la Virgen de los Milagros, la patrona del Paraguay, donde llegó aclamado como estrella popular de los creyentes, presidiendo una gran misa ante un millón de peregrinos paraguayos y de países vecinos.
"Como pueblo, hemos venido a nuestra casa, a la casa de la patria paraguaya, a escuchar una vez más esas palabras que tanto bien nos hacen: Alégrate, el Señor está contigo. Es un llamado a no perder la memoria, las raíces, los muchos testimonios que han recibido del pueblo creyente y jugado por sus luchas", expresó el Papa argentino.
El Santo Padre ha enfatizado su conocida admiración a la mujer paraguaya, heroína en la reconstrucción del este país en cenizas tras la Guerra de la Triple Alianza (1864-70) contra Brasil, Argentina y Uruguay, que diezmó a su población masculina.
"Ustedes tienen la memoria, la genética de aquéllas que reconstruyeron la vida, la fe, la dignidad de su pueblo. Como María, han vivido situaciones muy, muy difíciles, que desde una lógica común sería contraria a toda fe", reconoció el pontífice.
Seguramente, permanezcan y se acentúen ciertas actitudes y gestos, determinadas críticas al sistema económico y político, su clamor por una Iglesia en las periferias. Se trata de los nuevos desafíos del papa Bergoglio, quien pasó de un perfil bajo en Buenos Aires a estar sonriente y rodeado de multitudes en distintos países del mundo.

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