“Volveré en la condición que sea, como jugador o como entrenador”

Deportes 12/07/2015
“Coco” Conde eligió LA OPINION para su última charla futbolera antes de regresar a su Uruguay natal y sumarse al gigante Nacional. El portero nos recibió en su hogar rafaelino y nos regaló sus conceptos finales, con la amabilidad, la valentía y la inteligencia que lo caracteriza.
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FOTO LA OPINION EN FAMILIA. Pati y Esteban Conde, disfrutando los últimos momentos de Rafaela. A partir de mañana se meterá en el mundo de Nacional. FOTO ARCHIVO INOLVIDABLE. "Coco" le ataja el penal a Abreu, la tardenoche que contuvo 2 en cancha de Central. Conde sostuvo un invicto de casi 2 años desde los 12 pasos.
Pocas veces se disfruta tanto este trabajo como cuando tenemos la posibilidad de escuchar a gente sabia. Y si el entrevistado además es una persona con todas las letras, que ha sabido triunfar desde el silencio y la humildad en un lugar donde casi todos vienen estando por debajo de la aprobación, entonces se colman todas las expectativas.
Esteban Conde, “Coco” para todo el mundo, dejó Atlético de Rafaela pero antes nos dio la posibilidad de un último mano a mano. Obviamente con el mate yendo y viniendo, con el respeto mutuo y nuestra admiración como decorado, emprendimos la última charla antes que cruce el charco.
LA OPINION pudo acceder a sus respuestas que fueron eruditas y responsables. Un “Coco” auténtico y conceptos que deben leer los más jóvenes. El primer tema, Nacional de Montevideo: “Cuando yo era chico lo que llegaba a mi pueblo que era poco, en cuanto a televisación o radio era de los 2 grandes. Hoy por ahí está todo más globalizado. Pero en esa época era Nacional o Peñarol. Encima en mi familia son todos de Nacional, salvo 2 o 3 excepciones. Mueve el piso de todas maneras. Incluso de muy joven tuve alguna prueba en Nacional, muy chico, con cero preparación. No me fue bien, para nada y hoy me toca esta revancha un poco más preparado”.

-“Coco” vamos a retroceder 3 años, tu llegada, Autódromo, algún auto siempre girando (risas). ¿Cómo fueron esos primeros momentos?
-Primero siempre uno empieza a averiguar y las referencias que tenía fueron de Guille Marino, con quien estábamos en la “U”. Llegué sabiendo que estaba Guille (Sara), lo más probable era que no jugara y que sí había una posible venta, cercana, de Guille por su nivel sostenido. Yo necesitaba salir de la “U”, surgió de último momento la opción de Atlético, había aparecido en aquel momento Universitario de Perú y no se concretó nada. Decidimos venir acá un poco por el sueño de jugar en Argentina. Llegué un miércoles, el jueves me fui al estadio a hacer la revisación y el equipo viajó ese mismo mediodía a jugar con Racing, el día que Guille ataja dos penales. Me quedé con Cati (Protti), entrenamos en el estadio, después fuimos al Autódromo. Lo que más me acuerdo es el frío que hacía (risas), cuando hay viento allá es tremendo. Con el tiempo nos acostumbramos y sobre todo aprendimos a abrigarnos un poco más. Desde el primer momento me fui sintiendo cada vez más en casa.

-Cómo es el trabajo de ustedes y el grado de superación, que hace poco tiempo, y ante el rumor de un posible regreso de Guillermo, todas las encuestas te daban como el preferido de la gente.
-No sé, en el aire estaría que Guille quería seguir afuera, incluso lo manifestó. Pero creo que no hay comparación, Guille es de acá, hincha de Atlético. Muchas veces el gusto se ve marcado por el momento, todo va quedando rápidamente de lado. Incluso hoy si hacés una encuesta por ahí gana De Giorgi antes que Conde, es así. Son opiniones y sobre las opiniones uno no tiene mucho para hacer. Obviamente que el cariño sí se toma como algo muy lindo, ese tipo de opiniones genera cosas lindas en uno, no hay que dejar de reconocerlo. El jugador cuando se siente mimado es mucho más fácil que cuando se siente criticado. Tiene aristas, ya lo hemos conversado, la cabeza del jugador viaja muy rápido y demasiado cariño y a veces marea un poco. Hay que mantener un equilibrio que no es sencillo.

-Más allá de lo de Nacional, esta pretemporada te encontró quizás como suplente. ¿Jugó eso en la decisión de irte?
-Desde que llegó Leo él fue claro: nadie tiene el puesto asegurado. Mi decisión de ir a Nacional o no no pasaba por eso, pasa por mucho tiempo antes, aunque es incomparable al sentimiento que tengo hoy por Atlético, porque es muy reciente. Pero sí en mi cabeza, en el momento que surge lo de Nacional, ya empiezan a pasar cosas que antes no pasaban y entre ellas un sueño familiar general. Y un sueño que me tuvo ansioso y en el momento que no lo esperaba, viene. Yo veía que Carlos me estaba peleando el puesto mano a mano y hasta era deducible que Carlos fuera titular. Surge esto y yo discutiendo el puesto acá. Mucho lo he hablado con mi esposa, a veces en la cabeza de uno es más peligrosa la incertidumbre que lo real. Si a mí me tocaba que Nacional desapareciera de la nada, quedarme y ser suplente, yo tenía claro que me tocaba eso. Tenía que otra vez reinventarme para lograr el puesto una vez más. No me gusta competir con el compañero, me gusta competir conmigo, mejorarme a mí y a partir de ahí el técnico es el que decide. La incertidumbre es lo que más descontrola y obviamente tiene que existir, si no que gracia tiene la vida sin sorpresas.

-Empezaste a jugar y siempre anunciaste todo lo que iba a pasar: que tenías que volver a sentirte jugador, que ibas a ir de menos a más, etc. ¿Siempre la tuviste clara?
-Cuando los inicios son turbulentos como me tocó a mí, no la tenés tan clara. Las críticas llegan más cuando pasa eso y uno empieza a dudar de sí mismo. Más cuando venís sin continuidad decís “habrá sido todo para mí…”. Vuelven los fantasmas y uno se autoboicotea, la cabeza funciona de esa manera, hay que darle más bola al corazón me parece. Ahí tuvo mucho que ver Jorge Burruchaga, me dio la continuidad y todo el tiempo me dio el apoyo, eso que no era de demostrar muchas cosas. Conmigo tuvo palabras cortitas que valieron confianza. El autoboicot viene por el lado de que uno quiere demostrar y siempre lo hablamos con Cati. Es cuando más te entreverás, lo hablamos con los chicos del club. El querer demostrar te lleva a querer hacer cosas extraordinarias. Aprendí con Cati, que es una persona que ve muy bien el puesto, que uno tiene que tratar de pasar lo más desapercibido posible, sobre todo en esas etapas. Casi como un árbitro, que dicen que cuando pasa desapercibido es el mejor partido. Hacés lo justo y necesario, sale natural y sale bien.

-Lo nombrás mucho a Alejandro Protti, es parte de la gente que dejás acá.
-Fue el que me recibió y quizás uno de los últimos que salude. Voy a pasar por su casa como por la de Juan Nidman que es el tercero en discordia. Hemos formado un grupo con las familias, tanto Juan con su señora como Cati con su señora y sus hijos, Yani Minatti que es una amiga de mi señora. Cati (Protti) tuvo que ver desde el primer momento y creo que esta relación de amistad se comenzó a generar ahí mismo. Tuvimos charlas profundas de la vida y nos conocíamos hacía segundos. Hay cosas que son cuestiones de piel. Son de esos amigos que en estos últimos días los nombré en entrevistas porque hacen que este lugar sea una parada obligatoria en mi vida. Obviamente que nos volveremos a ver.

-Buscado o no fuiste un líder de Atlético. ¿Tuviste que calmar muchas “tormentas” internas?
-No siento que haya sido así, pero tal vez fue así. Tengo una manera de ver las cosas de poca reacción o de pensar un poquito más antes de reaccionar y tal vez un poco por la forma de hablar y de encarar las cosas casi que indirectamente por ahí sí. Por ahí hubo problemas que directamente ni se hablar. ¿Qué es mejor? Levantar la voz, pelearse los que quieran antes que esconder, que es peor. Hubieron momentos que escondimos emociones y esas cosas llevan a resultados negativos a veces. Cuando uno ve que en el fútbol pegan 3 en el palo y salen en vez de pegar y entrar ahí se ve lo que yo siempre nombro: la energía del grupo. Nunca hubo grupo malo acá, pero sí detalles, como en todo grupo. Siento que hay que hablarlo y no esconderlo. Eso a veces pasa y no lo comento ahora porque me voy y que se arreglen, porque no es la intención. Si no con la intención de sumar algo. Me ha pasado de tener confrontaciones en planteles, de un entrenador que se plantó un día en el vestuario y dijo “díganse las cosas de frente porque esto ya no va más, algo pasa porque hacemos todo y no ganamos”. Y es verdad, cuando vos hacés casi una terapia grupal parece que salta todo junto. Hay que ser honesto con uno mismo, para ser honesto con los demás, es la mejor solución. Y por ahí pasan los momentos de mala racha, que uno no encuentra explicación, hay pequeños detalles que son tremendos. Ni siquiera te das cuenta porque si te darías cuenta seguro lo solucionarías. Después cuanto te alejás en el tiempo o tomás distancia de la situación te das cuenta, pequeñas cositas, pero pasaban. Cuando el grupo está bien, ahí seguro que van a pegar en el palo y van a entrar.

-¿Vas a ser entrenador?
-La intención es esa, después veremos. Incluso había empezado el curso de entrenador acá, ahora lo tenía un poco abandonado. Hay muchos de los chicos del club que van, aprovecho para mandarle un saludo a toda esa barra, con los que no me pude despedir. Creo que tengo un poco de chapa de entrenador, eso es lo que siento yo de mí mismo, después lo que piensen los demás es otra historia (risas). Dando órdenes me siento cómodo a veces.

-Es muy pronto para hacer un balance, no sólo porque recién te vas sino también porque tu carrera está en la mitad. Pero Atlético y Rafaela serán una parada indiscutida e indispensable para tu vida.
-Sí, sí. Hay muchas cosas que me llaman de acá, que me atraen de Rafaela. Acá voy a volver en la condición que sea, tal vez de jugador, tal vez de entrenador, tal vez como amigo de mis amigos. Pero está será una parada obligada para mí.

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