Carta de Lectores

Violencia

Sr. Director: Si desde el ámbito de la justicia encontramos impedimentos y obstáculos en el ejercicio del cumplimiento pleno de los Derechos Humanos ¿qué podemos proyectar y anhelar los ciudadanos de a pie? Celebro profundamente esta extrema autocrítica, mirada introspectiva jurídica de la sociedad argentina en su conjunto sometida a la sentencia de la balanza, delimitando las competencias y límites de los distintos niveles. ¿Vacíos legales o mirar para otro lado?, en ambos casos es complicidad. Estamos sesgados por diferentes barreras: epistémica, subjetiva, formal, política, jurídica, económica, geográfica y cultural. Alfabetización en Derechos Humanos por la mala praxis política. Con buena voluntad, denunciar, involucrarse y comprometerse no alcanza; si desde la esfera del Poder Judicial se encuentran barreras tan arraigadas y profundas, el panorama es sombrío y hostil. Romper con las estructuras institucionales, enquistadas en el núcleo de la problemática social es un camino sinuoso con actores que poco se conmueven con el dolor y abandono del otro. Hoy se promueve la justicia por mano propia, justiciar a un “delincuente” (¿a quién justificamos? ¿Al delincuente o al que mata al delincuente?), argumentando la legítima defensa que roza con el asesinato, la pena de muerte como castigo por los delitos ejecutados es livianamente abordada, porque la justicia es lenta y para pocos. Víctimas que se convierten en victimarios y a la inversa. Se ponen en juego la duda cartesiana como herramienta de poder, control y conocimiento. Thomas Hobbes, en Leviatán expresaba “Homo homini lupus est” (“El hombre es un lobo para el hombre”) y en eso nos estamos convirtiendo, volver al Estado de naturaleza, la guerra de todos contra todos. Un Estado artificial firmando un pacto o contrato social, donde los hombres y mujeres deberán delegar todos sus derechos al gran Leviatán para resguardar esa paz por miedo. ¿Por qué llegamos a este escenario social lamentable y peligroso? Supuestamente porque los tres poderes que deberían estar cumpliendo con las funciones que les encomienda nuestra norma suprema “la Constitución Nacional” no los están efectuando por falta de compromiso con los ciudadanos y miedo, sí mucho temor. Ese dejar hacer, lo que a ellos les corresponde, ¡los convierte en cómplices! No exijamos pacificar los barrios, dialogar, consensuar, recuperar aquellos valores perdidos, cuando se promulga fuertemente la violencia implícita y explícita en todos los ámbitos públicos y privados. El ciudadano es el que espera las respuestas a los conflictos desde el Estado y no que el pueblo les lleve en bandeja las soluciones mágicas con los programas o proyectos de ideas a los distintos funcionarios que carecen muchas veces de criterio y sentido común. ¡Sin contar la falta total de creatividad e ímpetu! La respuesta a la pregunta sobre por qué existe tanta violencia en las calles se encuentra tal vez en la exclusión o marginalidad, en la realidad de millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, en los barrios tomados por el narcotráfico y sus consecuencias: adicciones, pobreza extrema, violencias y deserción escolar. Seguramente, con una mirada positiva podremos pensar, reflexionar seriamente, despojarnos de la rivalidad que hoy nos divide a todos los argentinos, defendiendo, exigiendo nuestros derechos y garantías, desde el lugar que ocupemos, con políticas públicas que contengan fuertemente esa mirada social y solidaria desde la diversidad y la no discriminación. Lic. Claudia Clivati Rafaela Posdata: Este es un "ensayo reflexivo" sobre el artículo de Diana Maffía acerca de las “Barreras en el ejercicio de los Derechos Humanos" (Consejo de la Magistratura Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires) que quiero compartir en la sección Carta de Lectores de LA OPINION. Se trata de un ensayo en el marco de una Especialización en Violencias de la UNL.
Carta de Lectores 27 de septiembre Redacción